§ Cesión de contraseña: como ya habíamos comentado, el usuario de nuestro correo electrónico será público, puesto que es nuestra dirección de contacto; de modo que lo único que evita que otra persona pueda acceder a nuestro correo es la contraseña. Todo aquel que obtenga nuestro usuario y contraseña podrá no solo acceder a toda nuestra lista de contactos, así como a todo nuestro correo recibido (información privada), sino que además podrá suplantarnos, poniéndose en contacto con cualquier persona haciéndose pasar por nosotros y con cualquier fin. Como todas las contraseñas o llaves, debe ser secreta, y bajo ninguna circunstancia debiera darse a cualquier otro usuario. Además, todos los servidores de correo habituales permiten el cambio de la contraseña por parte del usuario, de modo que es recomendable la modificación de la contraseña cada cierto tiempo, sobre todo si se sospecha que alguien puede haber tenido acceso a la misma.
§ Ordenadores y páginas con memoria de datos en formularios: en relación con el caso anterior, existen maneras de configurar que en el ordenador se almacenen el usuario y la contraseña introducidas en las páginas de Internet, de modo que el usuario que consulte dichas páginas habitualmente y desde su ordenador se ahorre tener que escribirlas continuamente. Como cualquier sistema parecido tiene sus riesgos, puesto que si el ordenador desde el que accedemos a nuestra cuenta de correo no es de uso exclusivo nuestro, cualquier otra persona podrá entrar desde él a nuestro correo (aún sin obtener la contraseña), de modo que por seguridad es preferible quitar esas configuraciones siempre que accedamos desde un ordenador que sea público o no sea nuestro en exclusividad.
§ Spam: este término se utiliza para denominar los correos enviados por un remitente indiscriminadamente a un montón de destinatarios, siendo en muchas ocasiones dicho remitente desconocido para dichos destinatarios. Este método es utilizado por ciertas empresas, compañías y entidades para enviar publicidad de sus productos o servicios (similar al correo comercial que se recibe por correo ordinario); remitentes que publicitan productos (casinos virtuales, ofertas de trabajo o métodos fáciles de ganar dinero, medicamentos, sistemas adelgazantes, viagra, armas, documentación fraudulenta, ...) sin ningún tipo de supervisión sanitaria, judicial o policial y provenientes en su mayor parte del mercado negro; servicios pornográficos varios; así como por otros remitentes malintencionados que, haciéndose pasar, por ejemplo, por entidades bancarias y similares intentan estafarnos. Le recomendamos que preste atención a los puntos siguientes para evitar sus inconvenientes, además de las situaciones específicas que se explican en cada caso.
§ Correos de contactos desconocidos, correos sin título o con asuntos que no significan nada para nosotros: como ya comentamos anteriormente, los correos electrónicos se identifican por la dirección del remitente y por el título o asunto que éste haya puesto para titular al correo. Existen ciertos programas (sobre todo virus) que instalados en el ordenador de alguien pueden enviar correos electrónicos desde su cuenta y a sus contactos habituales, infectando los ordenadores de éstos al ser abiertos por el destinatario. Por suerte, la mayor parte de las veces los correos infectados son fácilmente evitables, puesto que su dirección nos es desconocida o su título no representa algo coherente para nosotros. En cualquier caso, en la mayor parte de las ocasiones dichos correos sólo son dañinos si se abren los archivos adjuntos que contienen, o bien si se accede a alguna de las direcciones de Internet que contienen, con lo que el texto contenido en ellos también pueden darnos pistas sobre su validez, y en todos estos casos siempre es preferible eliminar dichos correos antes de abrirlos.
§ Correos remitidos por bancos, cajas de ahorros, entidades públicas, grandes superficies, compañías telefónicas, eléctricas, de gas u otras entidades similares: para evitar posibles estafas por parte de remitentes que se puedan hacer pasar por entidades como las aquí nombradas, siempre es preferible utilizar métodos alternativos a los que se nos ofrezcan en el correo para verificar la información que se nos divulgue. Es decir, que si recibimos un correo electrónico de un banco pidiéndonos nuestro número de cuenta y nuestro código secreto para poder verificar no sé qué servicio, o el número de nuestra tarjeta de crédito y el código para poder ingresarnos no sé cuál premio de no sé qué sorteo, o nuestro número de móvil y nuestro código PUK para realizarnos una recarga gratuita por ser unos clientes tan buenos, majos, guapos y agradables; siempre póngase en contacto por teléfono, presencialmente en su oficina de confianza, o bien a través de la página web oficial de dicha entidad para verificar dicha información.
(- 10.875.295-K - Profesor de Informática y Tecnología)



