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ANÁLISIS DE LA POLÍTICA ENERGÉTICA ESPAÑOLA

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ANÁLISIS DE LA POLÍTICA ENERGÉTICA ESPAÑOLA

 

Desde principios del presente siglo, hay una situación de altos precios
energéticos que nadie habría creído que se produjeran, y que aunque no ha
supuesto un shock como en los años 70, si que parece una grave preocupación
para el sostenimiento de la economía internacional a medio y largo. Desde la
Agencia Internacional de la Energía, advierte que los mercados energéticos
son cada vez más inseguros, convirtiendo a las políticas energéticas de los
países en fundamentales en las estrategias comerciales que quieran
desarrollar.
Europa cada vez está más sujeta a un mercado energético exterior, pero el
caso de España es peor, se calcula, que España depende de un 80% de la
energía exportada, especialmente petróleo y gas natural, pero que a la vez,
fuentes energéticas que podrían suponer para España un mercado más seguro,
pierden relevancia en nuestro consumo, como es el carbón y la energía
nuclear. El desarrollo de la energía española, aunque parecida a la europea,
nos hemos encontrado con ciertas peculiaridades, como es nuestra escasez de
recursos energéticos, lo que ha propiciado nuestra dependencia de los
hidrocarburos por el carbón, principal recursos que disponemos. Además,
nuestra política energética ha tomado justificaciones erróneas sobre la
exclusión continua que está sufriendo la energía nuclear en nuestro panorama
energético, y es que pensó que no se llegaría a las altas tasas de consumo
eléctrico actual.
Otros factores pueden deberse a las políticas de privatización del sector
energético que ha llevado España, no llevando una línea clara, ya que en
principio se fortaleció a Endesa, pero más tarde no se permitió la fusiones de
empresas energéticas españolas como Endesa-Iberdrola o Gas-Natural-
Iberdrola. Para más contradicción, no se permitió entrada en el sector de
capitales extranjeros o públicos, lo que llevo a ser denunciado a la Comunidad
Europea, y posteriormente se intentó la fusión entre Endesa y Gas Natural.
Puede ser que estas contradicciones hayan repercutido en el mercado
energético español, de manera que no haya supuesto suministros energéticos
deseables. Otros países europeos se han enfrentado de distinta forma al mismo
problema español. Para el caso de Reino Unido, la privatización de las
empresas energéticas ha sido parcial, es decir, ha dividido el mercado para
que las empresas energéticas no tuvieran gran cuota de mercado, por lo que
aumenta la competencia en el sector. En cambio Francia o Alemania han
seguido una política de campeones nacionales en detrimento de la
competencia.
El futuro energético español parece muy volátil en un futuro no muy lejano.
Por ello el Gobierno, en planteamiento más acorde con la nueva situación
económica, debería redefinir de nuevo todas las líneas de desarrollo
energético. Es cierto que se ha realizado una apuesta muy fuerte en energías
renovables, pero el problema que aún no son lo suficientes productivas, y
parece que no serán muy rentables a medio plazo. La energía nuclear, aunque
muy conflictiva, podría ser una salida a medio plazo, ya que se tardarían varios
años en llevar la política energética por esos cauces, y lo cierto, es que han
sufrido muchos avances en seguridad. Un futuro muy incierto el español. El
precio de los hidrocarburos parece que no tienen techo, superando esta
semana los 100 dólares por barril sobradamente.
Pero otro problema importante es para España son la emisiones de CO2
que cada año llena nuestra atmósfera y que resultará muy difícil cumplir con el
Protocolo de Kioto. Las emisiones sólo se podrían incrementar un 15% de las
tasas emitidas en 1.990 y actualmente sobrepasamos aquellas tasas en un
50%, problema grave para cumplir los requisitos para los años 2.008 a 2.012.
Cuando España firmó Kioto, seguramente pensó que podría cumplir con esas
pretensiones a largo plazo, con una política de energías renovables y mejorar
la productividad energética, pero fueron más buenas intenciones que realidad,
ya que con toda seguridad se deberán adquirir derecho de emisiones de CO2.
En definitiva, son buenas intenciones las intenciones futuras, sobretodo en
lo que se refiere al campo de energías renovables y biocombustibles, pero el
problema que en el pasado se han dejado deberes sin hacer y, probablemente,
repercutirá en nuestra economía en el futuro. Se deben aplicar medidas
urgentes que mejoren nuestra eficiencia energética al máximo, y más viendo
que no han sido suficientes las medidas del Plan de acción 2.005-07. Hay que
reorientar todo el sector o España podría sufrir graves problemas económicos y
sociales en un futuro no muy lejano.


Juan José Cabello Cubero


33.974.601J – Licenciado en Economía