Hemos acabado otro año económico, un “annus horribilis” que diría la británica Isabel II. Las perpectivas de futuro, al menos a corto plazo, no parecen muy alagüeñas, ya son muchos los estudios que auguran que este bache económico lo superaremos en el 2.010. Seguro que por el camino se quedarán muchas víctimas, algunos hasta lo pagarán hasta con la propia vida, como el financiero que atrajo capital a la estafa piramidal de Madoff recordando aquellos ejecutivos que se suicidarón en el Crack del 29. Aunque algunos informes, si que muestran una luz al final del tunel, según otro informe del Fondo Monetario Internacional publicado estos días, hay riesgo de una Gran Depresión internacional, lo que provocaría que la actual crisis financiera se pueda quedar en un juego de niños. Hoy más que nunca, los economistas parecen más videntes que mismamente economistas, es más, cuando lees ciertos estudios dan los porcentajes de los economistas que piensan que el futuro es blanco, gris o negro.
Yo apuntándome a esta moda de la futurología, quisiera tratar algunos de los aspectos que pueden afectar a la economía, tanto a nivel macro como micro. En primer lugar, quisiera tratar el tema de la deflación y que en las últimas semanas tanto planea sobre España. La deflación es una bajada generalizada de los precios, mientras que antes el petróleo ayudaba a que las tasas de inflación (subida generalizada de los precios) fueran desmedidas, ahora es todo lo contrario, está ayudando a que bajen los precios. Para cualquier persona de a pie, seguramente lo primero que puede pensar que el que bajen los precios es una buena noticia para las familias, pero hay otros problemas de fondo. En primer lugar, al contrario que en Japón, donde el origen de la inflación fueron las altas tasas de productividad de su industria lo que provocaba reducir costes y posteriormente repercutirlo en el precio, en España y en Europa en general, es la falta de confianza del consumidor, ya que España no es que destaque en productividad y tecnología, precisamente. Pero las consecuencias pueden ser parecidas. En Japón los consumidores no compraban ya que según su pensamiento, para que iban a compra hoy si mañana va a tener un precio menor. Con esta manera de pensar han estado un lustro con tipos de interes “cero” para fomentar el consumo. Para España, que exporta tasas muchísmo menores que Japón, las consecuencias podrían ser muchísmo peores. Si no se consume, las empresas no producen, y además le sumamos la incertidumbre de las empresas que piensen en penetrar en algún sector, la destrucción y la no creación de empleo es evidente. Si se destruye empleo y no se crea, llegamos a una espiral, ya que si las familia no tendrían ingresos suficientes es imposible fomentar el consumo. En definitiva, si ahora todas las semanas, por no decir todos los días, sale en los medios de comunicación el cierre de alguna empresa, el futuro no va a ser mucho más alentador.
Desde luego, que para todas las empresas no son malas noticias. Hay empresas que crecen con la crisis. Es el caso, por hablar de un sector económico, de la empresa vinícola. Estos años de prosperidad, son muchas las personas que han consumido las mejores marcas ya que su presuepuesto en ese momento se lo permitía, seguro que antes un Marqués de Cáceres o similar era habitual en su hogar o en la reuniones familiares. Hoy día, al no tener ese presupuesto, y no querer reducir el consumo de vino, lo que se consumirá serán los vinos más económicos, no quiero decir marcas pero seguro que quien lea estas líneas se le puede venir a la cabeza alguno. En conclusión, si de hace unos años las empresas low-cost irrumpieron de forma virulenta en nuestro consumo, el futuro económico puede que pase por ellas.
No quisiera hablar del sector inmobiliario, motor económico español durante tantos meses, ahora ya no es tal. Es el sector del que más personas están englobando las listas del paro. Estas personas necesitan reciclarse profesionalmente este tiempo para no depender de únicamente de la construcción. La afición de los españoles era ganar dinero rápido con la compra venta de pisos, pero también es muy fácil perderlo todo. En el aspecto inmobiliario ya parece haberse dicho todo, es más, ya apenas en los medios de comunicación se habla de las tasas de venta o de los pisos sin vender, es el aspecto que prácticamente a oroginado toda la crisis financiera por culpa de las hipotecas baratas, pero que pronto se ha olvidado, lo hemos echado a un lado y ahora nos preocupa más la débil industria del sector del automóvil. Ford quiere bajar un 25% el precio de algunos de sus modelos, Toyota disminuye sus ventas un 21% op que los puerto se encuentren llenos de almacenes con coches sin vender, es algunas de los datos que se manjan a diario. Pero donde quiero llegar no es si peligra el sector inmobialiario o del automóvil perdiendo miles de familias sus puestos de trabajo, sino si es ético dar millones de dólares o euros a empresas financiera o automovilísticas. Me explico, si las previsones de estas empresas fueron erróneas, ¿Por qué hay que ayudarlas económicamente? Es cierto que se juega con el futuro de miles de familias, pero también hay miles de autónomos que tienen que cerrar estos días. Pero lo peor de todo ya no son las ayudas, es que mientras los gobiernos hacen un gran esfuerzo, incluso llegando a déficits presupuestarios, los altos ejecutivos de algunas estas empresas pasan noches a todo lujo en hoteles a gastos pagados por sus empresas, ¿ético? Como siempre he pensado, la ética y los negocios están reñidas, pero esto es para procesar penalmente a más de uno de estos ejecutivos, pero como también hay político que imitan estas actividades,... al final, nosotros, las familias domésticas somos los más perjudicados del desastre económico anunciado.
Juan José Cabello Cubero



