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DESLOCALIZACIÓN PARA SOBREVIVIR

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En primer lugar, la deslocalización es una palabra de moda en los últimos años y que parece que ha sustituido a la palabra globalización en esa “moda”. La deslocalización consiste en el proceso por el que empresas, normalmente multinacionales, trasladan sus centros de trabajo de países desarrollados a países donde le supongo menor costes, generalmente países en vías de desarrollo. La causa principal de la deslocalización ha sido la globalización a la que se ha llegado, como curiosidad, las operadoras de telefonía de EE.UU., al realizar una llamada al servicio de información, desvían la llamada a otros países donde los costes son menores como la India, y donde será atendida la llamada por una teleoperador nativa con dominio del inglés. Este hecho es un claro ejemplo de globalización y deslocalización.

 

Pero no cualquier país es digno de recibir estas importantes inversiones, desde luego que se deben cumplir unos mínimos de capital social como una buena infraestructura en comunicaciones, determinado nivel de educación o estabilidad política, por ello que en África sea de los países menos agraciados para que las empresas nos deslocalicen sus plantas.

 

Pero hay más ventajas que originan la deslocalización que ahorrar en mano de obra, como puede ser cumplir una legislación menos exigente en lo que se refiere a la protección del medio ambiente o en las condiciones laborales de seguridad e higiene de los trabajadores, pero ello originará que se aumente la contaminación y se cree empleo de baja calidad. En definitiva, la mayor ventaja será el mejor reparto de la riqueza a nivel mundial.

 

Por supuesto que ello origina una consecuencia negativa para el país de origen como perdida de empleo o producir un “efecto dominó” en empresas para poder seguir compitiendo en igualdad de condiciones, pero también tiene ventajas como la creación de empleos más especializados y la disminución de la contaminación.

 

Las ventajas para el consumidor son inmediatas, puede acceder a un producto de similares características y a un precio más competitivo, y de esa forma ahorrar parte de sus ingresos.

 

Hay dos tipos de deslocalización, la internalizada, aquella donde se encarga de las actividades productivas una filial de la misma empresa; o externalizada, aquella que se realiza por subcontrata. En ambos casos, los efectos son similares.

 

Se supone que en un mercado competitivo, los salarios que las empresas pagan a sus trabajadores y que estará directamente relacionado con lo que se produce, es decir los empresarios pagarán según la productividad marginal. Entonces, por esa teoría, si en España se cobra cuatro veces más que en la República Checa, es porque los empleados españoles son cuatro veces más productivos, ya sea por la organización de la empresa, por más ventas o sencillamente por el capital físico, de otra no sería rentable para el empresario. Pero cuando un empleado va al paro, es porque realmente un competidor puede ser más productivo y el mismo producto puede venir de China o la India en las mismas condiciones y bastante más económico, por lo que es cuando nos damos cuenta que realmente en otros países se puede ser más productivos.

 

Para el caso de España, la apertura de la Comunidad Europea a los países del Este ha supuesto una disminución en los fondos europeos. Pero dada la alta competitividad mundial y la baja productividad española en materia industrial, también puede ser para las empresas españolas la clave de su supervivencia. Y es que realmente la competencia es tan dura, que ya no es deslocalizar para ahorrar en costes, sencillamente es para poder sobrevivir a largo plazo. Hay empresas valencianas del sector juguetero que han quebrado, y tal vez una decisión de deslocalización en el momento determinado, podrían haber seguido subsistiendo.

 

Otras empresas extranjeras con no tanto compromiso con la economía española, como Philips, ya han tomado la decisión de cerrar sus puertas en España y trasladarse a un país con mejores condiciones para sobrevivir, en este caso se ha pasado del Penedés a Moravia, y por cierto, con muy buena acogida por parte de los checos.

 

El futuro de la industria española es difícil, suspendemos claramente en productividad, y parece que en los últimos años el motor económico se va apagando. Haber invertido en su momento en nuevas tecnologías podría haber sido un buen avance, pero para muchas empresas no tendrán otra salida que tomar la decisión de la deslocalización por una cuestión de superviviencia.

 

Juan José Cabello Cubero - Profesor de Economía

D.N.I. 33.974.601-J