Son distintas las causas que modifican nuestras pautas de gasto. Es cierto que hay personas más ahorrativas y otras que son más derrochadoras, pero la situación personal también influye decisivamente en nuestros consumos. Por ejemplo, una persona que se encuentre felizmente enamorada no gastará lo mismo que otra que haya sufrido una desgracia familiar cercana.
Desde la primera vez que estudiamos economía, a parte de que la economía es la ciencia que estudia como satisfacer necesidades humanas con uno recursos escasos, también nos enseñan a que el gasto se regirá por unas preferencias conocidas y que apenas varían en el tiempo. Pero en la práctica parecen unas premisas poco reales, es decir, según la teoría dependerá de los intereses actuales y futuros que remuneren nuestro dinero, y además de unas preferencias supuestamente estables, pero nuestros gastos dependerán también de nuestros estados emocionales.
Por ello nace la economía del comportamiento que intenta estudiar los aspectos psicológicos de la economía, es decir tratar a las personas como un objeto económico, sino que sean lo que son, seres humanos con debilidades y fortalezas y que le surgen en multitud de ocasiones grandes contradicciones en la necesidad de elegir. La economía del comportamiento, en definitiva, lo que intenta es considerar aspectos cognitivos, psicológicos, emociones y motivaciones que mueven al hombre. Se basa en la teoría de la elección racional para intentar comprender mejor como aprenden y piensan, en definitiva como se comportan, los seres humanos. No sólo en estos aspectos se ha extendido los aspectos psicológicos en la economía, su aplicación está muy extendida como por ejemplo a la organización de las empresas, la elección de los bienes públicos o las negociaciones que a diario tienen que tratar las empresas, sin contar la elección de trabajadores.
Lo primero que debemos plantearnos los seres humanos (voy a intentar no tratar a las personas como agentes económicos) es reconocer nuestras propias limitaciones. A menudo no es imposible recordar todo lo que pasa a nuestro alrededor o procesar idóneamente toda la información que nos llega. Según los modelos tradicionales, nuestro comportamiento será habitual, recordaremos nuestras mismas acciones, pero en la realidad no es así, a menudo hemos realizado un consumo que no nos esperábamos, ¿tal vez porqué recordamos algo o alguna situación que recordamos a la hora de realizar la compra? Una decisión extraña podría ser la siguiente, a menudo los seres humanos actuamos por impulsos, por ejemplo si a un niño de primaria le damos a elegir un caramelo ahora o dos mañana, probablemente elegirá la primera opción.
Pero no sólo nuestras limitaciones estudia la economía del comportamiento, también investiga las emociones o los estados de ánimo de las personas. Hay situaciones que nos influyen considerablemente a la hora de tomar una decisión. Un ejemplo que recuerdo ahora ya que ha ocurrido cercano a mi familia, a un apersona que le diagnostican una enfermedad grave variará su comportamiento y por tanto su consumo a cuando le comunican que su enfermedad ha sido eliminada por completo o le han dicho que los resultados fueron negativos. Son distintos estados de ánimo y infinitas de emociones distintas que puede surgir en cada situación.
Otra situación que puede hacer que varíe nuestras decisiones es la auto-confianza de cada persona. Hay muchos autores que hicieron distintas divisiones de nuestro comportamiento, por ejemplo y el que ahora se me viene a la cabeza es la pirámide de Maslow. Según este autor, el ser humano actúa según sus motivaciones, entonces a medida que satisfacemos nuestras necesidades más primarias pasaríamos a necesidades y deseos más elevados hasta llegar a la autorrealización. De esta forma, una persona no presentará la misma motivación en estadios inferiores que en estadios superiores. Otro ejemplo más sencillo, para cualquier estudiantes de secundaria no estudiará igual con una recompensa que si no la tuviera, aunque actualmente pocos son los que les gusta estudiar y no sé hasta que punto las recompensas sirven, aunque este último aspecto también lo investiga la economía del comportamiento. Aplicados a los negocios, no prosperará igual aquel empresario que sea optimista y con motivación, que otro que sea pesimista
Todas las decisiones de hoy día tienen mucho que ver con aspectos psicológicos, habrá personas que querrán ahorrar para un futro, pero algunas ahorran invirtiendo su dinero en un inmueble y otros manteniendo cuentas en los bancos. En definitiva, la economía del comportamiento no da soluciones, tan sólo ayuda a convivir con las contradicciones que se nos plantean todos los días y sobre todo, a sacar conclusiones positivas de ellas para un futuro.
Bibliografía:
Jordi Brandts1, Instituto de Análisis Económico (CSIC), Barcelona
Junio 2007
Preparado para:
FILOSOFÍA Y ECONOMÍA: UNA MIRADA METODOLÓGICA
Enciclopedia Iberoamericana de Filosofía
Incentivos al Ahorro Personal: Lecciones de la Economía del Comportamiento (http://ideas.repec.org/p/edj/ceauch/103.html)
Juan José Cabello Cubero - Profesor de Economía
D.N.I. 33.974.601-J



