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CAMBIOS CORPORALES A LO LARGO DE LA VIDA.

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Los individuos van sufriendo transformaciones estructurales y funcionales a lo largo de toda su vida. El comienzo biológico de un individuo es la fecundación (unión de un ovocito y de un espermatozoide). A partir de aquí hay una serie de transformaciones que hacen que una sola célula se convierta en un embrión; que el embrión se convierta en feto; que tras el parto, el bebé vaya creciendo y madurando hasta que, con el tiempo, envejecerá hasta ser un anciano.

 

Aunque el individuo es el mismo, sus estructuras van cambiando.

Los responsables de estos cambios suelen ser sustancias químicas (factores de crecimiento).

El bebé, tras el parto, va aumentando de tamaño por crecimiento tridimensional de todo su cuerpo. Este proceso es continuo hasta pasada la pubertad e iniciada la madurez. Es un proceso muy complejo.

Las características de éste dependen de factores genéticos y ambientales, entre  los cuales, el que tiene mayor importancia es el nutritivo. La dieta ha de tener una composición adecuada.

El crecimiento surge como consecuencia de la hipertrofia (incremento en el tamaño de las células) y de la hiperplasia (aumento en el número de las células) de los tejidos.

 

La importancia de estos procesos es variable de un tejido a otro. En cualquier caso, el metabolismo corporal ha de construir estructuras celulares nuevas, por lo que el aporte de aminoácidos, procedentes de las proteínas, es indispensable.

También son importantes los lípidos y los carbohidratos para la creación y renovación de estructuras. De ellos deriva, además, la producción de energía necesaria destinada a mantener el esfuerzo sintético del crecimiento.

Por otro lado, es preciso un aporte adecuado de micronutrientes (vitaminas y sales minerales) debido a su papel como cofactores (las primeras, sobre todo) en muchas reacciones metabólicas y la necesidad de los segundos para la formación de estructuras.

 

En el hombre hay dos períodos de crecimiento rápido: el primero en la infancia y el segundo al final de la pubertad, justamente antes del cese del mismo.

En otras especies éste continua durante toda la vida, aunque muy moderado, después de alcanzar la madurez sexual.

El crecimiento de la infancia es una continuación del fetal. Muy rápido en los dos primeros años de vida . Luego se va decelerando hasta llegar alrededor  los 12-14años (antes en niñas que en niños) en que, con el inicio de la pubertad, comienza el segundo brote hasta alcanzar la madurez sexual ( la cual determina el cese del mismo).

 

En los tejidos, éste no es igual ni proporcional.

En general, el cerebro y la cabeza crecen antes que el resto y su tasa de crecimiento va disminuyendo progresivamente a medida que se va acercando a la madurez. Por esta razón, en los niños la proporción de la cabeza con respecto al cuerpo, es mucho mayor que en los adultos.

Los órganos reproductores crecen poco hasta la pubertad, fase en la que comienza un crecimiento rápido hasta alcanzar el modelo adulto (entre los 18-20 años).

 

El crecimiento infantil está regulado por el sistema endocrino en el que participan varias hormonas, sobre todo la GH y las tiroideas, aunque también es relevante el papel que desempeña la insulina.

El segundo período de crecimiento rápido es consecuencia del desarrollo estructural y funcional de las gónadas; de forma que los andrógenos fabricados por los testículos en el varón y los estrógenos en el ovario de la mujer, estimulan  no sólo el crecimiento de los órganos reproductores (incluidas las glándulas mamarias) sino, en cooperación con la actuación de la GH ,el corporal general, creando las diferencias sexuales en cuanto a la deposición de grasa, distribución del pelo y desarrollo de la masa muscular, entre otras.

Ese mismo estímulo del crecimiento ocasiona la detención de éste, al inducir los esteroides sexuales el cierre de las epífisis óseas, es decir, la completa mineralización de las zonas extremas de los huesos, donde todavía se podía producir el crecimiento en longitud de los mismos, y por lo tanto, el crecimiento corporal.

 

Esto explica la importancia del crecimiento óseo general, de forma que uno de los papeles de la GH es estimular éste.

Por último, hay que resaltar la función de las hormonas que regulan los niveles del calcio sanguíneo a partir, entre otras cosas, de la movilización del fosfato de calcio de los huesos. La calcitonina, la parathormona y la vitamina D, cuyo equilibrio es importante en el crecimiento óseo.

 

Con la llegada de la pubertad se produce el segundo período de crecimiento rápido.

De esta forma, en las mujeres, a los 11años, comienza el crecimiento de las glándulas mamarias y del vello púbico, pudiendo presentarse la primera menstruación alrededor de los 13 años.

En el varón, el crecimiento testicular y la primera eyaculación, entre los 11-15 años. Aparecen también cambios comportamentales, en parte inducidos por los cambios fisiológicos, pero también por los condicionamientos psicosociológicos.

Una vez llegada la madurez sexual, se van produciendo también cambios, pero más lentamente.´

Éstos dependen de los condicionantes sociales que impliquen al individuo, incluyendo el tipo de trabajo que realice habitualmente, las costumbres del entorno social y el acceso a un tipo determinado de calidad de vida. Los hábitos dietéticos juegan aquí un papel importante, actuando naturalmente todos ellos, sobre las características que están predeterminadas por el material genético de las células del cuerpo del individuo.

Unos de los cambios más relevantes es el progresivo y escalonado aumento de peso, otro es la creciente pérdida de flexibilidad , la aparición de manchas pigmentadas en la piel y la pérdida de la coloración del pelo (canas).

En las mujeres, es común un ensanchamiento de las caderas y un aumento en el tamaño de las glándulas mamarias debido a los diferentes embarazos sufridos. Pasados los cincuenta años sobreviene el agotamiento de los ovarios, con la interrupción de los ciclos menstruales (menopausia).

En los varones, es frecuente el crecimiento en densidad de la barba y de la vellosidad en varias zonas del cuerpo, así como la progresiva pérdida de la misma, en la cabeza.

La velocidad y la magnitud con la que se producen estos cambios varían en función del genotipo y del fenotipo. Por ejemplo, la calvicie es hereditaria, pero determinadas condiciones ambientales y dietéticas pueden acelerar su aparición.

Todos los cambios anteriores conducen al período final del ciclo vital : la vejez.

 

 Existirán varias teorías que intentarán explicarlo, pero hasta la fecha, ninguna es completamente satisfactoria por sí sola.

 Hay varias que consideran que el origen es genético (como la del envejecimiento programado). Según ella, en el genoma ya estaría determinado el desencadenamiento de este proceso.  En ese mismo sentido apunta la de la acumulación de errores genéticos, bien en las sucesivas divisiones celulares y reparaciones de las roturas del material genético de los cromosomas, o bien en la síntesis de proteínas, lo que iría afectando a enzimas importantes en el metabolismo celular, causando un progresivo deterioro de éste.

 Hay otras teorías que apuntan a causas no genéticas. Entre ellas, la creciente acumulación de determinadas sustancias potencialmente tóxicas, como es el caso de los radicales libres o de determinados pigmentos (sustancias de desecho en realidad). También de origen no genético es aquella teoría que apunta la existencia de determinadas reacciones en el interior de algunas proteínas (colágeno) disminuyendo su capacidad  funcional. En el caso del colágeno, los tejidos perderían elasticidad.

 

 Otra teoría no genética es la que demuestra como el sistema inmunitario va perdiendo progresivamente la capacidad de reconocer los tejidos propios, fabricándose anticuerpos contra ellos, los cuales ocasionarían  lesiones, que pueden  llegar a ser muy graves.

Sea cual sea el origen de la vejez, los resultados son bien patentes.

 

Hay un progresivo deterioro de las funciones, muy visibles en el sistema nervioso y muscular, con la consiguiente pérdida de capacidad locomotora así como la psíquica o intelectual.

Hay pérdida de masa muscular (en parte debido al aumento de la inactividad física) masa que suele ser sustituida por grasa.

La agudeza de los receptores desciende (caída en la percepción visual y auditiva).

La pared de los vasos sanguíneos se va endureciendo (arteriosclerosis). También aparecerán  acumulaciones de placas de colesterol en los mismos (aterosclerosis).

Estos procesos provocarán una subida en el nivel de la tensión arterial.

 

El riñón perderá efectividad a la hora de depurar la sangre.

En el tubo digestivo, puede existir una disminución en la motilidad, por lo que existirá tendencia al estreñimiento. Además, la pérdida gradual de calcio óseo origina la caída de dientes y provocará mayor fragilidad en los huesos, siendo más frecuentes las fracturas.

Para finalizar, destacar  la posibilidad de aparición de diabetes (en múltiples casos) y procesos cancerosos, como consecuencia de la baja eficacia de nuestro sistema inmune.

 

 

 

 

AUTORA. Dolores María Osuna Barrero.  Profesora de Biología del IES Muñoz Torrero. (Cabeza del Buey)

 

Fuentes: Ganong. W. F 1992. Fisiología médica. El Manual Moderno. México.

               Guytton, A. C. 1992.  Tratado de fisiología médica. Interamericana Mc

Graw-Hill,vMadrid.