Decía además que empezaba antes de nacer pues las hormonas que lo activan pasan al feto, y actualmente, la mayoría de embarazadas, ya sea por motivos familiares o laborales, sufre de estrés como cualquier persona en nuestra sociedad ya que vivimos en la cultura de la prisa.
Después de nacer, algunas causas que activan este problema son: dolores (como los de los cólicos), falta de cuidados, alimentación inadecuada, ruidos, soledad o un ambiente familiar con discusiones. De ahí la importancia de cuidar estos aspectos en la vida cotidiana.
Veamos entonces las consecuencias de este hecho: un estrés excesivo provoca en el bebé irritabilidad, problemas de sueño, llanto, falta de apetito o necesidad continua de comer. Y cuando el niño crece: baja autoestima, poca empatía, aumento de infecciones por afectación del sistema inmune, entre otros.
Para corregir este trastorno, es esencial procurar al bebé o al niño un ambiente familiar relajado, seguir una rutina horaria de comida y de sueño, procurar la lactancia materna y si ésta no es posible, utilizar fórmulas lácteas con prebióticos, y combinar momentos de compañía con otros de juego en solitario.
Así estaremos educando a los niños adecuadamente a la vez que velamos por su salud presente y futura.
LA ROPA DEL BEBÉ
Es muy importante tener en cuenta la estación y el tiempo atmosférico para elegir la ropa diaria del bebé teniendo en cuenta que abrigar en exceso no es positivo.
Pero bueno, nos centraremos en las principales características que han de tener las prendas infantiles. La ropa del bebé ha de ser cómoda, segura y práctica. Si cumple estas tres premisas, ya podemos elegir el estilo y diseño que deseemos. Y tenemos que tener en cuenta que si le compramos muchas prendas de la misma talla, se le quedarán pequeñas enseguida por lo que si nos gustan muchas, es mejor comprar unas un poco más grandes para que no se queden pequeñas al mismo tiempo.
Lo ideal es que la ropa sea de su talla, pero si no, es mejor que sea un poco más grande para que pueda moverse sin problemas. Y no sólo debe ser cómoda para él, si no también para nosotros para poder ponérsela y quitársela con facilidad. Debemos tener en cuenta que los cierres más cómodos son los velcros, los corchetes y los automáticos.
Respecto a los tejidos, hemos de procurar que las prendas interiores sean de productos naturales como el algodón, el lino o el hilo ya que los bebés tienen la piel muy delicada y necesitan telas suaves. La ropa exterior puede llevar materiales mezclados como la fibra y la lana o la fibra y el algodón.
En cuanto al lavado, no hay que ser exagerados, es conveniente lavarla a parte y con detergentes no agresivos, ni usar lejía ni suavizante para que no irriten la piel del bebé. Ah, y conviene aclararla dos veces para eliminar cualquier resto de producto químico.
No olvidéis además que la ropa que los niños han de llevar a la guardería ha de ser fácil de quitar y poner como los pantalones de cintura de goma y resistentes, y no usar petos.
MARIA JOSE CASIMIRO CALEYA



