La propia socialización ha hecho que las personas adultas interioricen los estereotipos de género vigentes en la sociedad, que puede que a veces reproduzcamos en contra de nuestras propias ideas por lo que se hace muy importante y necesaria la reflexión sobre las actitudes y comportamientos y sobre las consecuencias que estos tienen en el alumnado.
Aunque los profesores manifestamos explícitamente que las chicas son tan capaces como los chicos en las tareas escolares, en muchas ocasiones, siguen existiendo actitudes y comportamientos que, de forma más o menos inconsciente, están transmitiendo mensajes que responden a la creencia de la superioridad de un sexo sobre el otro con importantes implicaciones en el desarrollo de ambos.
Un currículo integrador requiere que las Ciencias de la Naturaleza se centren en las experiencias, intereses y motivaciones de alumnas y alumnos, tratando así de evitar que la educación reproduzca la división sexual del trabajo y la perpetuación de dos culturas diferenciadas, la “masculina” y la “femenina”.
En el desarrollo de esta disciplina conviene tener en cuenta que:
· Es necesario partir de los conocimientos previos de nuestros alumnos y alumnas.
· Hacer participar a las alumnas (por supuesto también a los alumnos) en actividades manipulativas y visoespaciales.
· Eliminar los sesgos sexistas presentes en el lenguaje, las ilustraciones y los ejemplos del material utilizado.
· Las interacciones entre alumnas y alumnos, a veces, son de rivalidad más que de cooperación y estos últimos tienden a imponer sus criterios tratando de derrotar a sus compañeras.
· Las mujeres han hecho importantes contribuciones al desarrollo científico. No hay que olvidar estas contribuciones sino que deben incorporarse al currículo escolar.
· Es interesante favorecer una orientación escolar y profesional no discriminatoria, por lo que las alumnas necesitan modelos que pueden proporcionarse presentando a la clase mujeres que trabajen en campos relacionados con estas áreas.
· Evitar la tendencia del profesorado a estimular a los alumnos para encontrar soluciones por sí mismo y ayudar a las alumnas a buscarlas, disminuyendo así su autonomía.
· La posibilidad de formar grupos separados temporalmente, de alumnas, en los campos tradicionalmente considerados de dominio masculino, y de alumnos en los campos tradicionalmente considerados de dominio femenino, para aumentar la confianza y seguridad, es una práctica que ha dado buenos resultados y que debe tenerse en consideración.
Para favorecer la igualdad de oportunidades de ambos sexos, es adecuado un tratamiento global y de carácter interdisciplinar. Para lo cual se hace necesaria la revisión del material didáctico, la colaboración con madres y padres y otros agentes sociales del entorno, la celebración de fechas que rememoran la necesidad de eliminar prejuicios como, por ejemplo, el 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres.
Actualmente, la educación es un derecho para todas las personas y afortunadamente los cambios que se han producido en la educación en igualdad de oportunidades son muy favorables, prueba de ello son los buenos resultados académicos de las niñas y de las jóvenes de los distintos niveles educativos. Se trata de un dato inaudito en la historia de la educación y en la historia de las mujeres y que además, es irreversible, al menos en los países de nuestro entorno, el derecho a la educación es por tanto una realidad incuestionable.
Bibliografía:
· JARAMILLO, C. Formación del Profesorado: Igualdad de Oportunidades entre chicas y chicos. Madrid. Instituto de la Mujer.
· Educación para la Igualdad de Oportunidades entre Mujeres y Hombres.



