Esta mañana, cuando iba en el coche camino al instituto, he escuchado una noticia en la radio que me ha llamado muchísimo la atención, y creo que a cualquier persona que esté en su sano juicio le habría ocurrido lo mismo, una mujer de cultura islámica ha sido castigada, por haber sido encontrada en un coche en compañía de un hombre que no era su marido, padre o hermano. Dicha mujer ha sido sentenciada a ser violada por siete hombres, además de tener que pagar una multa y recibir doscientos latigazos que le serán dosificados obviamente porque irónicamente quizás piensen que la muerte es un castigo demasiado severo para ella, desde luego ya se han encargado de que lo que le reste de vida sea un completo suplicio.
¿Pero en qué mundo vivimos, es posible que en pleno siglo veintiuno se cometan estas atrocidades? ¿qué clase de “justicia” se imparte en esos países? ¿es quizás la justicia sinónimo de miedo, opresión y desigualdad? …
Ante la impotencia de hallarme en un mundo así, levanto mi queja y me solidarizo con todas aquellas mujeres que son víctimas de su opresiva cultura.
Al llegar a clase me encuentro un motón de papeles de periódicos tirados por el suelo, salgo al recreo y las bolsas de bocadillos, de chucherías y todo tipo de envoltorio están esparcidos por el césped y por las pistas deportivas. Entro de nuevo en clase, le llamo la atención a un alumno que se ha pasado la hora anterior pintando la mesa con bolígrafo para que la limpie, observo el material escolar y parece ser que no hay ni una sola mesa que no contenga algún trazo de bolígrafo o de tipex, y eso por no hablar de los ordenadores, de las puertas, ventanas…
¿Qué está pasando? ¿Es que no se respeta nada?. Estas mismas preguntas se las hice a mis alumnos y literalmente les pedí que me escribiesen una redacción en la cual me razonasen, (si es que cabe razón posible), el por qué de estos hechos. Las respuestas han sido las siguientes:
· Por aburrimiento.
· Por llamar la atención.
· Por desafío a la autoridad escolar.
· Por marcar su territorio dejando impresa su huella.
· Porque no los pagan.
· Porque quieren hacerse los “chulos”.
· Porque no hay nada que hacer.
Una vez leídas las respuestas, reflexiono sobre nuestra realidad y pienso que vivimos en un mundo de locos, dónde lo “ajeno” no duele. La imagen de la persona educada con los demás y respetuosa con su entorno está perdiendo su valía entre nuestros adolescentes. ¿cómo estará constituida la sociedad del futuro próximo con gente así? ¿nos hemos olvidado los profesores y los padres de la importancia que tiene educar a nuestros hijos y alumnos en valores? ¿somos buenos ejemplos para ellos?. Muchos de nosotros deberíamos parar las clases parar hacer reflexionar a nuestros alumnos sobre la gravedad de este tipo de comportamiento. Desde aquí lanzo una llamada de atención a todo el sector docente para que entre todos hagamos posible que estas situaciones cambien.
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Miriam Santiago Morales
Profesora de Filología Inglesa



