Aprender un idioma supone un largo y duro proceso. Durante este tiempo vas a cometer muchísimos errores. No pasa nada. Lo que realmente importa es que estés dispuesto a cometer muchos errores, porque cómo tú bien sabes de los errores se aprende. Si equivocarte te da miedo, si no hablas en clase, si no participas por temor a no utilizar la expresión incorrecta o por temor a que tus compañeros se burlen de ti, nunca llegarás a aprender un idioma.
El obstáculo más importante que te separa de conseguir un buen dominio del idioma no es el hecho de ser español, sino lo que el lingüista Krashen ha denominado como las barreras psicológicas: la ansiedad, el nerviosismo, el desconocimiento o el desprecio hacia la cultura inglesa, el temor a hacer el ridículo… todo ello influye negativamente a la hora de aprender un idioma.
A menudo, suelo empezar el año académico estableciendo una serie de normas el primer día de clase, obviamente una de ellas es la necesidad de enfrentarse al inglés con un actitud participativa, positiva y activa. Les suelo comentar que es necesario que exista comunicación en el aula ya que no estamos aprendiendo una lengua muerta como puede ser el latín o el griego sino una lengua viva que está presente no sólo en el Reino Unido y en los Estados Unidos sino en todo el mundo.
Otra de mis normas es que nadie puede reírse de nadie, porque “el que esté libre de cometer errores que tire la primera piedra”, si conseguimos que haya compañerismo, (cosa que suele ser una misión imposible en algunas clases), conseguiremos crear un ambiente agradable y propicio para el aprendizaje.
La siguiente sesión suele tratar acerca de una breve exposición, por supuesto siempre participativa, de los conocimientos que nuestros alumnos tienen sobre la cultura inglesa y norteamericana. Hablamos de geografía, países pertenecientes al Reino Unido y de los estados que conforman los Estados Unidos, de la comida y bebida típica, de sus costumbres, de sus fiestas, monumentos, personajes famosos en el mundo de la política, del cine, del deporte y de la música…
Con esta o estas sesiones, sólo pretendo hacerles sentir más próximo a los hablantes de la lengua inglesa y a su cultura. Quizás de esta forma su motivación hacia el inglés aumente y se sientan con una mayor predisposición a la hora de hablar en inglés.
Muchos de mis alumnos se obsesionan con que cada frase que dicen debe estar totalmente exenta de errores. Si éste es tu caso, te estás haciendo un flaco favor. El miedo al ridículo es el atajo más seguro para llevarte al desánimo y al fracaso.
Uno de los factores que diferencian a un niño de un adulto o de un adolescente es la capacidad de aprendizaje: a los niños no les importa cometer errores, están constantemente preguntando y participando, en ellos no existe el miedo al ridículo, tropiezan y se equivocan todas las veces que haga falta y siempre con una sonrisa y con las mismas ganas empiezan de nuevo.
Lánzate. Si no te sale bien a la primera, te saldrá mejor a la segunda, y a la vigésima vez te resultará facilísimo.
Miriam Santiago Morales
Profesora de Filología Inglesa



