La lengua española se presenta en ocasiones inadecuada a la hora de expresar con palabras sentimientos y emociones referidos al ámbito de la clínica en psicología. Por ejemplo, términos como “awareness”, “consciousness” se traducen al español como conciencia pero cada uno guarda matices terminológicos diferenciales, y connotaciones de sentido que los discriminan respecto a otros. Los términos “mindfulness”, “mind-less” y “absent-mindeal”, aunque la traducción de los tres podría concretarse como plena conciencia, es el término “mindfulness” el que mayor riqueza de significado y sentido tiene.
“Mindfulness” (en adelante, MF) puede entenderse y traducirse como atención y conciencia plena, como presencia atenta y reflexiva que de un modo activo y presente acontece en el momento actual. Es observar la realidad sin juicios ni valoraciones, aceptando la realidad y la experiencia tal cual es, y del modo en que está aconteciendo. Entre los elementos principales del MF que los estudiosos han seleccionado, de modo resumido serían: centrarse en el momento presente, apertura a la experiencia y a los hechos, aceptación radical, elección de las experiencias, renunciar al control.
Autor: Francisco José Domínguez Rodríguez
Centro de Trabajo: I.E.S. “Maestro Domingo Cáceres”, Badajoz.
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1. Presentación
2. Los Pilares del Mindfulness: motivación, ser conscientes y atención plena.
2.1 Motivación
2.2 Ser conscientes
2.3 Atención plena.
3. Objeto del Mindfulness: exigencias, finalidad y pretensiones.
3.1 Exigencias del Mindfulness
3.2 Finalidad del Mindfulness
3.3 Pretensiones del Mindfulness: Ética de Mínimos
4. Caminos filosóficos a los que me lleva el Minfulness: Motor, Método y Modo. Lugar al que me lleva el camino.
4.1 Motor de Mindfulness: la voluntad.
4.2 Método de Mindfulness: la fenomenología.
4.3 Modo: Privación del lenguaje.
4.4 ¿Dónde me lleva el camino
5. La ganancia secundaria del Mindfulness: la felicidad, y tipo de felicidad.
5.1 Felicidad como beneficio secundario del Mindfulness
5.2 Pero, ¿de qué felicidad se trata?
6. Reflexión final: ¿Alcanza el Mindfulness para poder hablar de sentido moral?
7. Bibliografía
1. PRESENTACIÓN
VALLEJO, M. A., El Mindfulness y la tercera generación de terapias psicológicas, Infocop, 33, 2007. ELLEN, Langer, Mindfulness, edit. Paidós, Barcelona 2007. HANH, T. N., El milagro del Mindfulness, edit. Oniro, Barcelona 2007. VALLEJO, M. A., Mindfulness, Papeles del Psicólogo, 27, 2006. KABAT ZINN, J., Mindfulness en la vida cotidiana, edit. Paidós, Barcelona 2009. BILBENY, N., Aproximación a la Ética, edit. Ariel, Barcelona 1992.
La lengua española se presenta en ocasiones inadecuada a la hora de expresar con palabras sentimientos y emociones referidos al ámbito de la clínica en psicología. Por ejemplo, términos como “awareness”, “consciousness” se traducen al español como conciencia pero cada uno guarda matices terminológicos diferenciales, y connotaciones de sentido que los discriminan respecto a otros. Los términos “mindfulness”, “mind-less” y “absent-mindeal”, aunque la traducción de los tres podría concretarse como plena conciencia, es el término “mindfulness” el que mayor riqueza de significado y sentido tiene.
“Mindfulness” (en adelante, MF) puede entenderse y traducirse como atención y conciencia plena, como presencia atenta y reflexiva que de un modo activo y presente acontece en el momento actual. Es observar la realidad sin juicios ni valoraciones, aceptando la realidad y la experiencia tal cual es, y del modo en que está aconteciendo. Entre los elementos principales del MF que los estudiosos han seleccionado, de modo resumido serían: centrarse en el momento presente, apertura a la experiencia y a los hechos, aceptación radical, elección de las experiencias, renunciar al control.
Al enfatizar el MF la conciencia plena en el contexto concreto de cada individuo, las modernas terapias cognitivo-conductuales la han incluido como recurso en las terapias de tercera generación. El MF en estas terapias pretende que las personas, cualquier persona, se centre en el omento presente como punto de partida para modificar la conducta. Tener en cuenta el pasado o el futuro impide experimentar el presente y sentirlo, dirá la terapia basada en MF, incluso la incidencia del lenguaje puede resultar un elemento distorsionador de la experiencia real que pretende MF. Esta orientación de terapias que consideran el contexto como elemento principal de intervención, han sido ampliamente desarrolladas por Hayes (2004) y Hayes, Luoma, Bond, Masuda y Lillis J. (2006).
MF es válido también con otros procedimientos en terapia como la terapia de la conducta dialéctica (Linehan, 1993 a y b), la terapia de aceptación y compromiso (Hayes, Strosahl y Wilson, 1999; Wilson y Luciano, 2002) o la terapia centrada en el origen de modelos de procesamiento de la información en relación con la depresión (Segal, Williams y Teasdale, 2002).
Jon Kabat-Zinn es quien populariza esta metodología como procedimiento para el tratamiento de trastornos psicofisiológicos y psicosomáticos. Su programa de tratamiento ha tenido una enorme utilidad para modificar ciertas funciones fisiológicas e inmunitarias como quedó constatado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Massachussets con la creación del Centro Mindfulness en 1979. Esta técnica que él propone con el MF, y el modo de proceder con ella, resulta tener varias aplicaciones muy útiles en diversos tratamientos aplicados a la terapia. Germer, Siegel y Fulton en 2005 publicaron conjuntamente un libro donde muestran las posibilidades de intervención que el MF ofrece como recurso terapéutico.
MF será una reflexión útil porque supondrá un acercamiento más amplio y directo sobre las conductas violentas, antisociales, disruptivas, sobre la funcionalidad de las mismas, sobre la aceptación radical de las sensaciones y sucesos tal y como acontecen y se experimentan. Porque más allá de ser un recurso clínico o terapéutico, como antes someramente he mencionado, la atención plena o MF nos brinda la posibilidad de integrar en una capacidad humana ser plenamente conscientes de los contenidos de la mente momento a momento y el proceso hasta llegar a ese instante. MF intenta captar la esencia de ésos momentos y de ésos instantes sin otro fin que la contemplación de ésa experiencia, y aislado de saberes normativos y teóricos
Aunque en apariencia la aplicación del MF y sus recursos tienda a familiarizarse más con la psicología, trataremos como objetivo central de este trabajo incorporar el MF a la línea de la filosofía práctica. El motivo de recurrir a la filosofía es porque consideramos que MF tiene unas connotaciones que impregnan un sentido de la vida, una filosofía de vida, un estilo de afrontamiento de las situaciones que nos acontecen, y una praxis para conducirse en esas situaciones.
La posibilidad de encuentro con uno mismo que pretendemos mostrar en este trabajo por medio del análisis filosófico del MF, persigue un objetivo que, por medio de voluntad o el querer volitivo, anhelamos todas las personas: la felicidad personal. Ése encuentro con uno mismo será una experiencia meramente contemplativa, expectante a lo que sucede y particular de cada uno. Está eminentemente abierto a lo fenoménico, a lo que aparece, a lo experiencial, por eso trataremos de explicar que no vamos a rechazar nada que proceda de los sentidos, de las emociones. A esto último, el elemento subjetivo, trataremos de darle fundamento objetivo por medio de la reflexión y el análisis filosófico. Por eso, al no rechazar ninguna experiencia, MF no valora, no juzga, no prejuzga, tan sólo está plenamente consciente en el momento actual. Será, como explicaremos más adelante, como las claros de un bosque tupido que nos permiten ver el sol más allá de las sombras del bosque.
El interés de este trabajo con todo lo dicho plantea el empeño, el camino, el método y el procedimiento para centrarse en el momento presente de forma atenta y directa sin interferencias de ningún tipo. La atención será activa, es decir, no es una atención pasiva que permite dejar las cosas como están para que sigan su curso, y es una atención reflexiva, la conciencia será nuestro órgano privilegiado y nuestro punto de apoyo. La conciencia como punto de partida tendrá así la facultad de optar por vivir lo que acontece en el mundo fenoménico actual y presente en el aquí y ahora. Lo contrario son las vivencias irreales desconectadas del mundo.
Centrarse en esta actividad, o activar el pensamiento MF, tendrá una utilidad funcional, porque su práctica habitual consistirá en la habilidad de aceptar las experiencias y las emociones tal como se dan sin falseamientos de ningún tipo. Con ello, se naturalizan las experiencias, y las emociones y se toman como propias ya que se aceptan como son. Se normaliza la vida.
En todas las realidades ha de implicarse el sujeto, la persona, que no sean las cosas ni las circunstancias las que manden en cada situación. Así pues, es necesario, y no puede faltar al hablar de conductas y estrategias de aceptación, tener en cuenta, aunque sea someramente, la dimensión moral de la persona humana que brota de su mismo vivir experiencial y se refiere a ella. A la dimensión moral en la última parte de este estudio nos dirigiremos como posible elemento innovador del estudio de MF.
Al mencionar la dimensión moral en MF hemos de suspender cualquier juicio valorativo que enturbie factores subjetivos internos de cada persona. MF desde la filosofía práctica no se limitará a levantar acta de la vida moral, ni a dirigirla, ni a rectificarla aunque éstos sean rasgos característicos de alguna teoría moral. No haremos como decía Heiddegger acerca de la filosofía, aquello de levantar palacios dignos de admirar pero en los que es imposible vivir.
Se trata de una tarea tan difícil como apasionante cuya importancia ha sido tenida en cuenta por toda la filosofía moral desde los orígenes de esta disciplina. Desde Aristóteles hasta Max Scheler las grandes obras de filosofía moral están cuajadas de descripciones de experiencias morales que han intentado buscar la felicidad para el hombre. Estas líneas de estudio han pretendido ubicar la vida buena, como decía Aristóteles para el hombre, en medio de la apertura a la experiencia y en el vivir atento a la experiencia.
La evolución de la filosofía moral a lo largo de su ya larga historia parece sugerir la misma integración de saberes que pretendemos con este estudio. Tanto la moral como la ética, unificando otras disciplinas, se han constituido desde sus orígenes en investigadores de la vida buena. La pregunta que guiaba a estos filósofos de la antigüedad no era “qué debo hacer” –saber normativo que antes he mencionado-, sino “¿cuál es la vida mejor para el hombre? –requisito imprescindible para la vida buena que conduce a la felicidad. Por eso, decía Sócrates que es peor cometer una injusticia que sufrirla porque concebía la virtud como un saber que reside en el alma del hombre bueno.
Platón y Aristóteles reflexionaron de este modo, y advirtieron en sus reflexiones que la forma de plenitud a la que tiende la naturaleza humana no es sino la felicidad o eudaimonía, y descubren que uno de sus componentes esenciales es la elección de experiencias que deben vivirse de forma activa aceptando todo lo que acontece. Es decir, establecen un criterio para hablar de la felicidad como elemento análogo, no unívoco. La idea de una finalidad normativa al hablar de felicidad que sea igual para todos, siempre ha resultado sospechosa en cualquier reflexión ética pues ha querido pronunciarse sobre normas universales del deber o sobre normas universales acerca de la finalidad de la naturaleza humana.
Las reflexiones morales o éticas que no han contado primero con el hombre concreto siempre han tenido un valor relativo respecto a los fines que se proponían, porque no se han dirigido a su elemento principal que es el hombre. La única finalidad que se asemeja a la propia naturaleza humana, es la única que es capaz de proponerse fines en sí mismos y que, por ese motivo, es susceptible de ponerse al servicio de fines particulares. Al considerar la filosofía práctica y el MF al hombre como fin en sí mismo, guían al hombre hacía la atención plena y evitan con ello que divague hacia otros fines que no tienen nada que ver con él. Es lo que expresa la segunda fórmula del argumento de Kant que muestra que todo ser racional, todo hombre, es un fin en sí mismo: “obra de tal modo que uses la humanidad tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca solamente como un medio”.
Pero como decía antes no es una tarea fácil. Según Kant, no es posible elaborar una doctrina o un estudio teórico de la felicidad universalmente válida para todos, pues la felicidad y la vida buena consisten en la satisfacción de las inclinaciones de cada uno, y éstas son distintas para cada individuo.
Las interferencias ajenas, incluidas las verbales, también nos alejan de nuestra apertura personal a lo que sucede y se siente en cada momento. No existirán, por tanto, en MF normas de conducirse objetivas, sino sólo preferencias subjetivas. Kant reconoce que el único deber que hemos de tener es el cultivo de los talentos del espíritu, o en lenguaje más actual, de las potencialidades de nuestra conciencia.
Al no deber de existir normas externas a nosotros, existe en MF una conexión evidente y necesaria entre los datos de mi autoconciencia y mi voluntad, que serán el único deber para llegar a conseguir ésa vida buena que tanto ha ansiado el mundo de la moral. Ése centrarse en el momento presente siendo autoconsciente, por estar bajo el imperio directo de mi voluntad, será el único segmento de mi conducta que puede considerarse plenamente libre, y del que deberé sentirme responsable. Otros aspectos de mi vida estarán a lo sumo bajo el influjo indirecto de mi libertad.
Pero, ¿cómo haremos posible para que aceptemos las cosas como son, con tan solo la motivación de nuestra voluntad, pues siempre nuestra voluntad se halla sometida a imperativos hipotéticos que nos alejan de lo que queremos? ¿De dónde procederá el que nos sintamos desligados de ese género de imperativos y normas que para nosotros tienen una fuerza vinculante?
La respuesta que propondremos consistirá en señalar que la motivación de nuestra voluntad, ausente de normas externas, solo podrá radicar en que ese imperativo sea dictado por nosotros. De este modo, la autonomía de la voluntad, la capacidad de nuestra voluntad de darnos leyes a nosotros mismos, se revelará como la única facultad de estar atento de forma activa, de alcanzar la atención plena.
Estos aspectos novedosos del MF considerados desde la perspectiva de la filosofía práctica o aplicada se revelan como una filosofía de vida o un modo de conducirse el MF a través de la óptica de la filosofía. En este trabajo insistiremos en el valor intrínseco que contiene el MF que resulte provechoso para la filosofía; este provecho lo vamos a concebir desde algunos autores y líneas de filosofía.
Centrarse en el momento presente y sentir las cosas tal y como suceden, abrirse a la experiencia y a los hechos sin falsificaciones, sin juicios y sin prejuicios, aceptar radicalmente las cosas como son, elegir las experiencias que uno quiere tener de forma activa al dejar actuar a la voluntad como única guía, es semejante a la observación que hacía Aristóteles de no entender la felicidad y la vida buena de la misma manera para todos los hombres. El propósito del MF, y siglos atrás el de Aristóteles, es el de ofrecer una guía adecuada acerca de la vida mejor cuyo punto de partida es la comprobación de que cada persona posee una función específica, un cometido que le es propio, que solo él es capaz de realizarlo, incluso entre todos los que son capaces de hacerlo, él lo hará de forma más óptima. La finalidad será semejante a la comparación que hacía Aristóteles con el arquero, que habiendo localizado su blanco, está ya en condiciones de alcanzarlo (Aristóteles, Ética a Nicómaco, 1094 a 22-24).
Aristóteles piensa que la felicidad es accesible a todos, al igual que el MF. Es necesario este trabajo en la actualidad para intentar responder a través de la síntesis MF/filosofía a la pregunta: ¿Qué podemos hacer para ser felices?, y la pregunta por el sustento indispensable de esta ¿Qué debemos hacer para que cada hombre se encuentre en situación de lograr su felicidad? Nos interesa este paso porque hemos aprendido a vivir sin tener en cuenta a estas preguntas con sus respuestas, empleando el tiempo en ignorar recursos disponibles a nuestro alcance, como la atención plena a lo que vivimos, la conexión con nuestros paisajes sensoriales (gusto, oído, tacto…), los diálogos silenciosos con nosotros mismos. Es lo que Kabat-Zinn entiende como desconexión de nuestra vida.
Pretendemos en este estudio explicar algunos pasos para restablecer la conexión con nosotros mismos. Entendemos que estas cuestiones no son recientes, surgieron en el mundo oriental y recorren la ética griega en su conjunto y sigue dando sentido a la reflexión medieval y al utilitarismo de todos los filósofos.
Lo que en definitiva siempre ha importado en todos los tiempos es la vida feliz. Pero como hemos dicho antes, la convicción razonada de esta finalidad no puede ser idéntica para todos los hombres. Si cada persona posee una constitución psicológica diferente, su planificación de cómo ser feliz será también diferente; por tanto no cabe con respecto a la felicidad o a la atención plena, aconsejar determinadas conductas desde la experiencia, pues carecen de sentido prescribir recetas universales. Las personas en virtud de su autonomía tienen que ser respetadas y asistidas en su búsqueda de la felicidad. Si en algún momento este trabajo tuviera algún bosquejo de moralidad, el elemento vital de éste sería la autonomía de la persona capaz de comunicar-se, entender-se, compadecer-se.
La filosofía práctica pretende dar por ello razón suficiente del análisis de estas cuestiones que tienen que ver con el MF. La filosofía siempre se ha presentado como el esfuerzo conceptual dirigido a esclarecer cuáles son los fines auténticos del pensar y del obrar humanos.
Tal empresa desde una actitud más humilde que razonada, siempre será insuficiente. De ahí que este trabajo se conciba como una misión de construcción o más bien de auto-implicación de la filosofía en el mundo del MF para intentar comprender sus niveles, su método, criterios, sus relaciones lógicas existentes. Solo así es posible establecer no solo la verdad de lo que nos proponemos a nivel teórico, sino las condiciones para la argumentación y las preferencias racionales entre filosofía y MF.
En el contexto de este estudio, una vez explicados los pasos para llegar a la atención plena del MF a través de la filosofía, en la escuela como en cualquier otra parcela de la vida, se puede introducir la propuesta del MF como enfoque de liberación de la imaginación, de la reflexión individual, del autocontrol emocional.
La interiorización de la responsabilidad en el pensar y actuar, más allá de los viejos problemas, con la propuesta MF, pueden ser más creativos y avanzar más en la autoconciencia, en el sentido de potenciar la capacidad para resolver los propios problemas de forma creativa por el simple deseo de independencia. Cualquier persona por medio de su voluntad -que analizaremos más adelante- puede ser autor de su aprendizaje, de sus acciones y de su vida. De ahí que el MF, válido para la enseñanza, promueva y otorgue a cada persona la responsabilidad de su proceso personal en la gestión de sus actitudes y estilos de vida.
En cierto sentido, esta propuesta MF tiene un punto de desencuentro con lo comunitario. Desde la perspectiva del aprendizaje hablar de su responsabilidad individual al margen de la comunidad es un error, pues nos hace perder el contacto con lo común e interpersonal que contribuye a la fragmentación y alienación que experimentan muchas personas en nuestros días.
El aprendizaje tanto individual como grupal ha de contar con ese valor asociativo que se refleja en la conexión organizativa y en los procesos de comunicación que promueven la confianza, la tolerancia y la cooperación de nuestras acciones. Nuestro punto de partida para esto último será el MF.
2. LOS PILARES DEL MINDFULNESS: MOTIVACIÓN, SER CONSCIENTES Y ATENCIÓN PLENA.
KABAT ZINN, J., Llamando a tu propia puerta, edit. Kairós, Barcelona 2008. KABAT-ZINN, J., El poder de la atención, edit. Kairós, Barcelona 2010. LAVILLA et alter, Mindfulness o cómo practicar el aquí y el ahora, edit. Paidós, Barcelona 2008. MAC INTYRE, A., Historia de la Ética, edit. Paidós, Barcdelona 1988. MARINA, J. A., Ética para náufragos, edit. Anagrama, Madrid 1996. WILSON, K. G. y LUCIANO, M. C., Terapia de aceptación y compromiso, edit. Pirámide, Madrid 2002. RODRÍGUEZ DUPLÁ, Leonardo, Deber y valor, edit. Técnos, Madrid 1992.
2.1. Motivación.
Como introducción al concepto de MF parece fácil hablar primero de la motivación porque no existe nada que podamos hacer si no contamos con el impulso de poder hacerlo. Pero resulta difícil de entender porque puede poner en entredicho todo lo que creemos que podemos alcanzar, nuestros valores, nuestras expectativas sobre lo que se supone que podemos alcanzar con tan solo estar motivado para ello.
La motivación nos invita a establecer un contacto profundo con nosotros mismos y con lo que queremos. Implica controlar y afrontar lo que nos es más difícil: identificar adecuadamente y de modo autorrefencial, nuestro ser y nuestro percibir, nuestra conciencia y nuestra presencia. Puede parecer una idealización, pero cuando se tiene en cuenta y se experimenta, se manifiestan las cosas tal como son y permite encontrarnos a nosotros tanto interna como externamente, en cualquier momento y en cualquier lugar. El encuentro lo es también con lo que sentimos.
La ausencia del elemento motivacional o la desgana por perseguirlo, puede acabar convirtiéndose en un impedimento para vivir más plenamente. Cada momento perdido por falta de motivación es un momento no vivido, y ello hace también probable que perdamos el siguiente y el siguiente y no vivamos de forma consciente y plena.
Si observamos todos los momentos que hemos vivido inconscientemente por no activar nuestra voluntad de vivirlos conscientemente, nos daremos cuenta de que en todos ha faltado atención en nuestras decisiones. No basta con el simple deseo como tal, es necesaria la voluntad consciente. La motivación de la voluntad es simultáneamente para nuestra consciencia la actividad más sencilla (porque no supone nada especial que hacer ni lugar alguno al que ir), y la más compleja (porque nuestros hábitos de distracción están tan arraigados que resulta muy difícil que nuestra conciencia los vea y los deshabitúe).
La motivación en MF exige método, técnica y esfuerzo para llegar a impulsar y dominar facetas de la conciencia que la convierten en presencia plena y atención plena. La motivación actual contiene un efecto novedoso porque en cada momento que la ejerzo o que la tengo presente me resulta completamente nuevo y original. Tengo la oportunidad de aprender de cada situación que hago actual en cada instante presente.
2.2. Ser conscientes.
El siguiente paso a estar muy motivados y permanecer muy atento a lo que acontece es ser plenamente consciente de ello. Se trata también de algo relativamente sencillo, pero casi nunca nos ocurre porque la conciencia, por su carácter inmanente y habitual se halla presente de continuo y está como velada. En cuanto hacemos presente nuestra conciencia sobre las cosas, tanto físicas como emocionales, dejan de tener el color gris que a veces percibimos, y advertimos que nuestra conciencia va siempre acompañada de multitud de pensamientos y sentimientos que en ocasiones van superpuestos unos sobre otros.
A esto nos referíamos en la introducción cuando hablábamos de la práctica de la atención plena. Por un lado a estar motivados al máximo para ser lo más consciente que podamos, aunque sea sólo de modo limitado y pasajero, y por otro, a tener a nuestra conciencia como herramienta para utilizarla, conocerla y aceptarla.
La posibilidad de entrar en este cambio de paradigma con nuestra conciencia nos hace cobrar conciencia de la misma conciencia, y darnos cuenta de la dinámica de su funcionamiento y de su estado. Como decía antes, quizás sólo dure un instante pero en ése preciso instante radica nuestra posibilidad primordial de ser conscientes. Con la conciencia ya no habrá nada más que hacer, porque ella nos abre y nos invita durante un tiempo a no solucionar nada, a no proyectar, sino a verificar por nosotros mismos que la tenemos ahí, sin fisuras ni superposiciones. Reconocemos la presencia de nuestra conciencia y la hemos aceptado.
Atención plena.
Todas las personas disponemos de esta capacidad innata universal, pero pocos sintonizan a menudo con el resultado de estar motivado a través de nuestra conciencia: la atención plena.
Toda nuestra vida, y el modo de conducirnos de manera sana en ella sin falseamientos depende de la claridad de la presencia de la atención plena. Este es el tercer paso para comprender el MF. De hecho, si se aplica una atención plena sobre nuestra vida o sobre cualquier cosa que pongamos o hagamos hace aparición la conciencia. La atención plena, o atención consciente, es tanto mayor cuanto mayor es nuestra atención a las cosas y a nosotros. En cierto sentido, hablar de conciencia y atención puede ser lo mismo ya que suponemos que dicha atención está en la base de la capacidad de conocer, en la admiración por las cosas (comienzo de cualquier pensamiento filosófico).
Como hemos dicho al principio es cualidad innata que nos pertenece a todos, y que de su ejercicio por medio de la motivación de nuestra voluntad y de manera no-conceptual, nos conexiona inmediatamente con el momento presente y actual. Lo decisivo en este momento actual es que la atención plena se realiza de manera voluntaria, porque uno quiere. No existen esfuerzos “extras” ni motivaciones voluntaristas fuera de lo normal y ajenas a lo que uno quiere. La atención, como la motivación, no han de estar coaccionadas por agentes externos, normas o mandatos. Es más o menos a lo que se refería Kant cuando hablaba de moral de actitudes autónoma por contraposición a la moral de actitudes heterónomas, que proveían de un mandato exterior a nosotros.
OBJETO DEL MF: EXIGENCIAS, FINALIDAD Y PRETENSIONES
Exigencias del MF
Consideramos que para incorporar el MF a la disciplina de la filosofía práctica, es necesario tener en cuenta la dimensión teleológica o la finalidad como primera exigencia. Es decir, cuál es la finalidad que buscamos por encima de todo porque lo importante no es avanzar cada vez más en profundizar sobre MF como han hecho las terapias conductuales que he citado en la presentación, sino tener en cuenta hacia dónde se puede dirigir este conocimiento, qué meta se pretende, y cuáles son sus efectos y consecuencias.
El sentido común más elemental exige que la meta última -la que buscaba el profesor Kabat-Zinn cuando se inició en el MF- sólo sea el mayor bien y más universal para el hombre desde una perspectiva que define una determinada antropología: la autonomía y la responsabilidad. La meta del MF para el hombre no es la propuesta de un hombre absorbido por la técnica, un hombre autómata, pasivo y obediente a lo que se le presenta, indiferente con el porvenir y con su felicidad personal. MF pretende y exige una meta humanizante y humanizadora ya que su función exige orientarse a un objetivo humanista pues sus métodos, procedimientos y planteamientos de base respetan ante todo la dignidad de la persona y la restituye pues hay un encuentro afortunado con la conciencia.
Pero en este estudio reconocemos los límites y las exigencias de nuestro objetivo ya que este cambio de paradigma no es posible mientras no exista un cambio de actitud experiencial, y una nueva disposición de la voluntad. Esta superación requiere un convencimiento pleno, y a la vez, el humilde reconocimiento de su validez para que no otorguemos al MF un carácter absoluto y casi sagrado, que sería contradecir al propio MF.
Urge como exigencia del MF dar un nuevo paso si queremos que la motivación, la conciencia y la atención plena consigan sus frutos esperados. Se trata de tomar una conciencia mayor sobre la responsabilidad que todos tenemos de nosotros mismos para “imponer” una nueva visión humanista para el hombre; cierto deber incondicionado que hemos de proponernos. Esta exigencia de responsabilidad consiste en señalar que no existe ningún imperativo que obligue ni inclinación alguna externa a nuestra voluntad.
Esto de sentirse responsable por la propia voluntad, es necesario aclarar que no es lo mismo que reconocer la propia culpa. Kabat-Zinn aclara que la aceptación no tiene nada que ver con la resignación por aquello que ocurrió y que cargamos como un peso. La exigencia de responsabilidad tiene un campo mayor que podíamos definirla como la influencia de nuestros actos sobre nosotros mismos y sobre nuestro pensar y sentir. Un cierto criterio orientador que aparece en nuestra conciencia como pura necesidad psicológica.
Finalidad del MF.
Como continuación de lo anterior, la exigencia de responsabilidad del MF conduce a un fin que es distinto de su punto de partida. Me explico. Este tipo de operaciones se definen como transitivas: al querer algo estamos referidos intencionalmente a un fin que es distinto del acto de querer ese fin. MF puede terminar haciendo al hombre feliz, pero en el punto de partida y en el desarrollo del MF no se nos representa la felicidad como un fin en si mismo. Puedo estar plenamente convencido de mi motivación, de mis exigencias, de mis responsabilidades, de mi autoconciencia, y sin embrago no querer todavía ser feliz. Para que MF sea un auténtico proceso que me conduzca a la felicidad es necesario que yo resuelva, que yo quiera “ya” ésa porción de felicidad como algo deseable o valioso. No planeado, no proyectado, no planificado.
De ahí que el concepto de felicidad, y el modo de llegar a ella a través del MF es extremadamente análogo porque existen multitud de formas de predicar la felicidad, tantas, pienso yo, como personas existen. En este sentido vamos a distinguir respecto a la felicidad su aspecto subjetivo en el tratamiento del MF como satisfacción o contento con el propio estado elegido dependiendo de la voluntad de la persona, y no como el simple deseo o la simple satisfacción de impulsos.
Estos rasgos de la felicidad como punto de encuentro del MF en donde la voluntad activa el deseo de alcanzar la atención plena, no implica necesariamente una concepción egoísta del querer humano para quien practique MF. Antes hemos explicado la transitividad de la felicidad en MF y entendemos que la práctica del MF beneficia indirectamente a la persona que lo practica. No entendemos la felicidad que regala el MF ni como el altruismo de Sócrates, ni como la felicidad egoísta de Epicuro, sino como el resultado de las varias respuestas específicas que cada persona encuentra en el ejercicio de su voluntad. Este desacuerdo acerca de la felicidad lo observó Aristóteles cuando vio que muchos la anhelan como el mayor bien, pero todos discrepan a la hora de decir en qué consiste.
Pretensiones del MF: Ética de mínimos.
Páginas atrás hemos anunciado explícitamente la renuncia al deber, a las normas y a las obligaciones para aceptar las cosas tal como son como fines en si mismos. Tal vez existan más razones, o por qué no, menos razones, pero esta es una de las fundamentales para incorporar el MF a la ética de mínimos: la renuncia, en palabras de Nietzsche, a la moral del camello, la del “yo debo”, en favor de la moral del león, la moral del “yo quiero”.
Las razones para incorporar el MF a la ética de mínimos serían las siguientes:
a) MF como una ética universal y universalista que no puede ni quiere prejuzgar dogmáticamente la felicidad de los individuos, sino que deja la decisión en sus manos.
b) MF como una ética que no admite el punto anterior como defensa del relativismo de la felicidad, sino como aceptación de la pluralidad de formas de vida nacidas de los diferentes ideales de felicidad, porque MF potencia y admite las diversas ofertas de la vida buena que no tienen en cuenta las restricciones de los principios universales.
c) Cualquier persona puede plantearse mejorar su vida y ser feliz con el MF, no únicamente los psicoterapéutas o los especialistas en salud mental nos pueden orientar; los modelos de felicidad no pueden imponerse ni recomendarse a nivel terapéutico.
Estos breves puntos pueden ser la puerta de entrada de la ética de mínimos que no entiende la felicidad de igual manera para todos, pero que también entiende que todos de una u otra manera aspiran a ella. Este es el mayor fundamento de la autonomía, en estar todos de acuerdo en potenciar la capacidad innata de la atención plena sobre las cosas, pero que de modo particular cada uno la alcanza de manera autoconsciente.
CAMINOS FILOSÓFICOS DEL MF: MOTOR, MÉTODO Y MODO . LUGAR AL QUE ME LLEVA EL CAMINO.
ZAMBRANO, María, Claros del Bosque, edit Seix Barral, Barcelona 1977. ORTEGA MUÑOZ, J. F., La fenomenología de la forma-sueño en María Zambrano, edit. Anthropos, nº 70-71, 1987. PRIETO, J. M., Psicología de la meditación, Infocop, 33, 2007. ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco. Introducción, Traducción y Notas de José Luis Calvo Martínez, edit. Alianza Editorial, Madrid 2001. ARISTÓTELES, Ética nicomáquea. Ética eudemia, Introducción de E. Lledó Íñigo; traducción y notas de J. Pallí Bonet, edit. Gredos, Madrid 1985. BILBENY, N., Aproximación a la Ética, edit. Ariel, Barcelona 1992. DÍAZ, Carlos, Eudaimonia, edit. Encuentro, Madrid 1987. ELLEN, Langer, Mindfulness, edit. Paidós, Barcelona 2007. HUSSERL, Edmund, Ideas, edit. Fondo Cultura Económica, Madrid 1993.
El motor del MF: la voluntad.
La experiencia confirma una y otra vez que para alcanzar un fin no basta con quererlo hay que ponerse manos a la obra, es condición de su posibilidad. Todos los sistemas morales presuponen la autonomía de la voluntad como punto de partida de sus reflexiones, de ahí que la volición autónoma sea el enlace necesario de esa voluntad con la conciencia. La conciencia se “autodirige” a ser más consciente aquí y ahora.
La volición del aquí y el ahora, así como su impulso más primario, se puede suceder en ocasiones con tal rapidez que apenas es posible captar su presencia. Por ejemplo, un buen pianista no es consciente de estar queriendo mover los dedos, sino sólo de querer ejecutar la pieza que tiene delante. Podría pensarse así que la voluntad que se refiere al fin -ser consciente de alcanzar la atención plena-, el impulso volitivo lo único que hace es confirmar ese querer primario, es decir, tender a ese fin perseguido de la voluntad.
De ahí que no baste sólo con querer la cosa en sí, ejercicio de nuestra voluntad, sino que se hace imprescindible “poner los medios”, es decir, activar el impulso volitivo que me permitirá alcanzar el fin que me propongo que no es otro que alcanzar la autoconciencia. Esta la forma de estar en posesión con el propio mundo porque coinciden el punto de partida y el fin propuestos, la voluntad se convierte en propietaria de sí mismo.
El paso de la voluntad al impulso nos pondría sobre la pista del proceso de deliberación de cualquier acto o de cualquier decisión de nuestra voluntad, así como del proceso de discernimiento para elegir unos fines y no otros; pero esto último requiere una profundización mayor, y es objeto de otro estudio.
Con aquél ejercicio de la voluntad reaparece el concepto de autonomía personal del MF referido a la capacidad innata y a priori que tenemos las personas para autodeterminarnos, libres de influencias exteriores que controlen incluidas las limitaciones físicas, que puede impedir tomar decisiones.
Voluntad libre y autonomía están íntimamente relacionadas en MF pues suponemos que una persona acepta las cosas como son cuando puede elegir la opción de autodeterminarse en orden al fin propuesto. La voluntad libre es parte de la experiencia del MF, y la más fundamental. Somos conscientes cuando somos capaces de elegir, de tomar decisiones porque nos captamos como seres autónomos por medio de nuestra conciencia.
4.2 El método: la fenomenología
El segundo camino filosófico del que el MF no debe prescindir es el fenomenológico. Para mostrarlo basta recordar algunos rasgos muy conocidos de la fenomenología de Husserl. Edmund Husserl parte del deseo de elaborar un sistema a partir de los datos de la conciencia, núcleo gordiano de la MF. Se dio cuenta que los datos que facilita la conciencia son los únicos objetos que se nos dan a nuestra percepción por entero, por completo.
En términos del MF, nos interesa el método fenomenológico de Husserl porque los datos que ofrece la conciencia son los únicos que hacen posible que la percepción que tenemos de la realidad sea la más adecuada aquí y ahora, en el momento presente. El sentido de esto último se entiende si tenemos en cuenta el primer camino filosófico, el de la voluntad y el de la autonomía donde de cada experiencia individual lo que importa es su carácter descriptivo para mí. La fenomenología va a orientar al MF en lo siguiente: que la conciencia presenta una estructura intencional, volitiva, impulsiva, por la que están referidas las cosas que queremos. Esas cosas cualquier persona las vive siempre como propias dependiendo de la intensidad de la presencia de la conciencia, por ello, también la responsabilidad está presente en la fenomenología como en MF.
El único testimonio de esa presencia de mi conciencia es la percepción interna de un ámbito que se me presenta con evidencia plena, con conciencia plena para mí: lo que se muestra, el “phainomenon”.
Al igual que en la fenomenología, el MF parte también del método empirista. Existe una cierta semejanza por el hecho de que ambos parten de la experiencia, y ambos recurren a cierta intuición de conciencia por la que se capta el núcleo esencial de cada fenómeno, aquello que en cada momento hay de necesario e importante. Esa intuición de conciencia abandona presupuestos universalistas o nominalistas en favor de la realidad para mí, para mi autoconciencia, para lo particular. La única manera de entender muchas veces a los demás consiste en aclarar el sentido y entender los fenómenos que a cada uno se le presentan. Por ejemplo, la única manera de aclarar el sentido de lo bueno consistirá en identificar los rasgos esenciales que comparecen en el fenómeno de la bondad, pero sin enseñar o sin demostrar qué cosas son consideradas como buenas.
El término “intuición”, referido a la autoconciencia en MF puede presentar cierta ambigüedad que debemos aclarar inmediatamente. En el contexto del MF podemos utilizar la palabra en el sentido de “captación inmediata”, evitamos así cualquier interferencia normativa. Podemos llamar intuición en la fenomenología del MF mi percepción de una mancha de color que se extiende ante mi mirada pues de esto soy consciente de manera inmediata sin necesidad de argumentos. La sola intuición de mi conciencia es dato suficiente para que yo me de a mí mismo la norma, aunque mi intuición sólo proporcione certeza subjetiva y no se erija como prueba concluyente de objetividad.
El recurso a la intuición de conciencia no es privativo de conocimiento, no es arbitrario, sino que se puede aplicar a muchos ámbitos de la experiencia del MF. Supongamos que hemos de determinar la calidad de un vino o la calidad de una obra de arte. No tenemos otro camino que consultar la opinión de un experto el cual determinará, fundándose en su experiencia inmediata e intuitiva, la calidad del objeto que juzga.
Remontándonos a la antigüedad clásica, el libro IX de “La Republica” de Platón, apela también como vía de conocimiento preferente el juicio intuitivo del sabio, al igual que en el “Filebo”, diálogo de madurez de Platón, donde cobra también importancia para el conocimiento el método intuicionista frente a otros métodos igual de recurrentes.
Al leer la “Ética a Nicómaco” de Aristóteles nos encontramos con que también apela abiertamente al método intuicionista como fuente de conocimiento. Aunque el método intuicionista haya sido utilizado habitualmente por los antiguos filósofos, ha sido la ética contemporánea la que más se ha detenido en profundizar la naturaleza de este método, sea para aprobarlo o para rechazarlo.
4.3 El modo: la privación del lenguaje
El tercer camino es la privación del lenguaje como elemento no-necesario para experiementar el MF. El modo de cultivar la atención plena siguiendo los pasos anteriores es alcanzar la autonomía de la conciencia, y la condición indispensable es que no existan valoraciones ni juicios que puedan emitirse. En cierto modo, la práctica del MF de aceptar las cosas tal como son, como se sienten, como se intuyen a través de la conciencia simultáneamente aquí y ahora no precisa y no necesita de la interferencia del lenguaje. El órgano privilegiado del MF no es, por tanto, la boca, sino más bien la vista, el oído, los sentidos. Permite escuchar a los demás, sus experiencias, no valorar el punto de vista de otro, y sobre todo, y más necesario, permite advertir instante tras instante como experiencia fundante aquí y ahora.
La seguridad al MF no la da el lenguaje por el que se puede enjuiciar y valorar, la seguridad y el modo del MF es el de observar todo lo que nos aparece como fenómeno, de escuchar lo que dicen las ideas, los sentimientos, los pensamientos. Absorber intencional e intuitivamente los datos de la conciencia. El único recurso del lenguaje en la práctica del MF es el sentido del término diálogo, como sucede en los diálogos socráticos donde la cualidad principal del lenguaje es el espacio relacional y de aprendizaje.
El lenguaje para MF es sólo una parte de aquello que nos pone en contacto con el aquí y el ahora porque en muchas ocasiones el lenguaje sólo sirve para desorientar y confundir. En todo momento estamos percibiendo el instante actual a través de nuestros sentidos que se interrelacionan, se combinan y se fecundan. El lenguaje nos trasmite sólo un modo univoco de estar en el momento actual.
Los sentidos y las emociones se combinan para proporcionarnos conocimiento sobre nosotros mismos, y por ello, nuestro compromiso con el instante puesto de manifiesto en la intuición de conciencia debería ser mayor. Este es un gran reto al que se enfrenta el MF como atención plena, detener por un momento la actividad de la conciencia y escuchar con la misma conciencia; no interpretar con el lenguaje, aceptar la experiencia como mía más allá de cualquier elemento identificador. Tan solo estar en atención plena.
La actividad cerebral en forma de ideas de pensamiento ha de aparecer, pero ésos pensamientos no han de interferir la experiencia de aceptación radical. Al ser conocedor de este aspecto, los pensamientos puede que no me estorben, ni que tampoco me distraigan, y lo más importante, no existe necesidad de comunicar la experiencia con el lenguaje porque mi voluntad está centrada en el instante. En lenguaje de Husserl estaríamos hablando de conciencia pura, y en lenguaje de María Zambrano, habríamos encontrado un claro en el bosque.
¿Dónde me lleva el camino?
Este camino filosófico de interpretación del MF me puede conducir a lugares donde la razón no agota la comprensión de nosotros mismos, de nuestra conciencia, de nuestros deseos y sensaciones. Nos conduce este camino a un lugar de total recuperación de nosotros mismos porque hemos alcanzado cotas de autoconocimiento mejores de las que partimos al iniciarnos.
Este momento se caracteriza por dos elementos que María Zambrano definió muy bien, y que en MF nos pueden resultar más reveladores. De una parte, la pasividad del sujeto, no hay que hacer nada con la atención plena tan solo estar, cesa toda actividad. Esta actitud no se identifica con el sueño o con la vigilia porque la conciencia no se ha retirado y permanece autoconsciente. Y por otra parte, atemporalidad, los instantes del aquí y el ahora no pueden cifrarse con la dimensión temporal porque es paralelo a la pasividad del sujeto. Si el individuo estuviera activo el tiempo correría para él.
Este momento del MF el lugar al cual nos dirigimos lo singulariza María Zambrano con su libro “Claros del Bosque”. Traemos a continuación un fragmento del libro que a buen seguro encontraremos expresado casi todo lo que hemos venido aportando del MF:
“El claro del bosque es un centro en el que no siempre es posible entrar; desde la linde se le mira y el aparecer de algunas huellas de animales no ayuda a dar ese paso. Es otro reino que un alma y guarda. Algún pájaro avisa y llama a ir hasta donde vaya marcando su voz. Y si le obedece, luego no se encuentra nada, nada que no sea un lugar intacto que parece haberse abierto en ese solo instante y que nunca se dará así. No hay que buscarlo. No hay que buscar. Es la lección inmediata de los claros del bosque: no hay que ir a buscarlos, ni tampoco a buscar nada de ellos”.
Es evidente que María Zambrano no pensaba en MF cuando escribió este párrafo, sería un anacronismo, pero coincide el MF con esta filósofa malagueña en descubrirnos o desvelarnos niveles de realidad que subyacen a la conciencia. Un nivel de conciencia que no dirime entre el interrogar y el responder, que no juzga ni valora los pensamientos propios ni los ajenos.
El acercarse a los claros del bosque, es acercarse a lugares de visibilidad de la conciencia que dan acceso a un despertar primordial de la vida manifestado en la atención plena: casa de la vida y cauce, verdadero espacio vital, centro que mueve, etc. Lo que se nos da en los claros del bosque y en la atención plena son las semillas, los gérmenes que por sus capacidades nos dan nuevos medios de visibilidad inmediata aquí y ahora.
El motivo del acoplamiento de este fragmento de “Claros del Bosque” es por la semejanza del método de MF y María Zambrano. A su obra se adscriben áreas de pensamiento tan significativas para el MF como la intuición, la percepción, el sentimiento. Es notable señalar que al sentimiento le otorga no solo valor estético, sino objetivo y racional; los sentimientos interesan, dice ella, porque hay alguien que los posee y crecen en importancia en la medida en que alguien los necesita. El impulso vital es también elemento guía y esencial en la obra de María Zambrano, como lo es para el MF el impulso volitivo. Por último, decir que el método de María Zambrano es el “método discontinuo”, un método que surge de un instante intermitente de conciencia, similar a los instantes de atención plena en el aquí y el ahora.
LA GANANCIA SECUNDARIA DEL MF: FELICIDAD Y TIPO DE FELICIDAD.
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Felicidad como beneficio secundario del MF.
MF puede ser provechoso para alentarnos a una transformación de nuestra conciencia, y para experimentar el salto cualitativo en el conocimiento de nuestra sensibilidad y de nuestras emociones, de nuestra atención y de nuestra conciencia aunque ello requiera un esfuerzo necesario de nuestra capacidad volitiva.
MF se considera abierto a una forma más auténtica de estar en el mundo y de estar con nosotros mismos siendo mucho más genuinos. Lo más paradójico de este esfuerzo es que va parejo al anhelo de alcanzar la felicidad que tiene todo hombre, pero nos resulta tan elusiva y efímera porque hemos perdido nuestra conciencia al desconectarnos del momento presente por anhelar momentos posteriores y no actuales. Este anhelo permanece plegado, velado, oculto en el momento presente sin advertir que estamos siempre en él. El anhelo de felicidad, por su rica dimensionalidad se halla oculta y eclipsada por nuestra preocupación de llegar a alguna otra parte distinta de la actual que sin pretenderlo atraviesa el presente precipitadamente.
Pero, ¿podría de algún modo revelarse ese deseo de felicidad inherente a cualquier hombre?, ¿qué necesitaríamos para ello?, ¿cómo podríamos restaurar la comunicación con ese profundo deseo de felicidad? Para responder a estas preguntas sería bueno acordarse líneas atrás de los claros del bosque de María Zambrano: no hay que buscarlos, no hay que ir a por ellos. Lo único necesario es experimentar y ver por nosotros mismos el modo de agregar una nueva dimensión a la vida durante el breve período de la existencia que con tanta facilidad perdemos por no darnos cuenta del aquí y el ahora y por no estar atentos. Basta simplemente con empezar a prestar atención y despertar a las cosas como son.
MF pretende formar un todo consigo mismo y armónico. No pretende deteriorar dimensiones en beneficio de otras para poder andar todos los caminos, y para poder degustar todas las posibilidades que tenemos a disposición. Los genuinos deseos de todos los hombres coinciden en esta reflexión que es también la del MF: el interés desinteresado de alcanzar la máxima autoconciencia y el máximo bienestar que no es otra cosa que la felicidad.
A modo de hipótesis, MF podría alcanzar el siguiente resultado en relación con la máxima “soy feliz y estoy plenamente consciente ahora”:
a) la atención plena es una condición inexcusable de la felicidad.
b) atención plena y felicidad se caracterizan por su desinterés.
la felicidad y la atención plena reclaman y excluyen la mirada autocomplaciente sobre sí mismo.
Pero, ¿de qué felicidad se trata?
De aquélla que observa Aristóteles en la “Ética a Nicómaco” cuando consideraba que la felicidad es un deseo universal, pero no todos la entienden de la misma manera, e incluso la misma persona opina cosas distintas dependiendo de la situación en que se encuentre.
Aristóteles entendió que la vida mejor para el hombre y la que más le satisface procede de la actividad contemplativa, estática. Decía el estagirita que la vida de los mismos dioses es dichosa al máximo porque consiste en la sola contemplación. Nos estaba diciendo que las acciones por si mismas no nos hacían ni más felices ni menos sino que la mayor felicidad se alcanzaba por estar atento a lo que sucede, casi pasivo, centrado en los pensamientos y en las emociones como se supone entendía Aristóteles que estaban los dioses del Olimpo.
Argumentó para su definición de felicidad que lo que conduce a ella consistía en ser capaz de realizar durante la vida la función específica y propia que cada uno había descubierto o se había dado. Ponía como ejemplo los oficios de los artesanos. El del zapatero es hacer zapatos, el del alfarero hacer jarrones. Es decir, desempeñar adecuadamente, y con atención, la función que cada uno se había dado o estaba desempeñando.
Y ahora cabe preguntarse, ¿no es necesario para desempeñar esa función específica que hemos elegido un ejercicio de autoconciencia y concentración plena en el momento actual? La respuesta es que sí. Por tanto, nuestra tesis de centrarse en el momento presente, y ser feliz por ello, resulta ser coherente y cierta.
Es la capacidad de cobrar conciencia de nuestra experiencia y de nuestra función específica para cultivar la atención a la experiencia concreta que se desarrolla en el momento presente: “yo hago zapatos” (y soy consciente de ello), “yo hago jarrones” (y soy consciente de ello), “yo tengo sentimientos y emociones” (y soy consciente de ello). No se trata de cosificar el momento presente, pero sí de recuperar la conexión con nosotros mismos para permanecer a solas con nuestra experiencia, con nuestra conciencia.
6. REFLEXIÓN FINAL: ¿ALCANZA EL MF PARA HABLAR DE SENTIDO MORAL?
La primera justificación para responder afirmativamente a esta pregunta es que el sentido moral abarca abarca la existencia entera, sin fisuras, de toda la persona. Hay dimensión moral porque la persona está implicada en todas sus experiencias y en todas sus realidades sean del tipo que sean, y en MF es el ejercicio de conciencia por medio de la actividad volitiva la que presencializa de modo activo y consciente al sujeto: está atento plenamente.
Desde los parámetros de la reflexión final, es decir, desde la posible afirmación del sentido moral en MF es posible entender que el propio MF es un proyecto y una estrategia humanizadora del hombre, además de poder ser una herramienta útil en el proceso enseñanza-aprendizaje. La razón de esto último es que toda transformación de nuestro mapa personal cobra densidad humanizadora si la parte que se afirma desde lo personal es un valor primordial en la persona. Y de esto último hemos estado hablando en este trabajo. Así más o menos lo entendió E. Mounier cuando defendía el personalismo y argumentaba que toda revolución es auténtica si existe una revolución moral.
Así pues, el sentido moral que podemos atribuir al MF lo es por la concreción de carga axiológica que lleva consigo. Y ello en un doble sentido: porque brota de la persona, y porque se refiere a la persona. Ambas dimensiones comprendo que han de entenderse desde una dimensión subjetiva, porque no es un superpuesto a la realidad de la persona, sino uno de sus componentes esenciales: estar atentos a la realidad presente aquí y ahora... ¡¡¡¡ ¿qué tarea más importante existe para el hombre? !!!!!
La peculiaridad del sentido moral que estoy atribuyendo al MF, mirado desde la polaridad subjetiva, expresa el grado de coherencia de la persona con su vivir experiencial, a la vez que indica una construcción de su propia moralidad y una destrucción de la normatividad moral. Esto es, a la pregunta, “¿qué debo hacer?”, la respuesta es incapacitar a la misma pregunta; a la otra pregunta, “¿qué es lo bueno?”, la respuesta de MF es orientarla hacia la construcción de la estructura del voluntarismo orientado hacia una ética y una moral individual. Es mi responsabilidad lo que me dice qué tengo que hacer con mi conciencia mediante mi voluntad, qué es lo que tengo que hacer si quiero vivir de forma atenta y conscientemente.
Por ello, podemos hablar de sentido moral en MF ya que es la conciencia la que se clarifica a sí misma al estar plenamente atenta a lo que acontece (aspecto de autoiluminación), y en referencia al universo de realidad personal (aspecto valorativo ya que soy yo mismo quien valora y gestiona mis pensamientos y emociones). De ahí que mi conciencia me obligue y también me responsabilice y me comprometa, no en cuanto generadora de moral (porque ella no crea la realidad de lo bueno y de lo malo) sino en cuanto que tiene una función mediadora entre la realidad y lo que yo experimento.
Por último, en la presentación de este trabajo hablé un poco de las líneas de estudio psicológicas que se habían encargado de practicar el MF. Mi opinión es que no existiría ninguna teoría psicológica para explicar el sentido moral del MF. Tan sólo, la que más afinidad tendría por el contenido de este trabajo en relación al Máster sería con la Teoría del aprendizaje. La razón de esto último es porque el aspecto más relevante del MF es la dimensión conductual pues el método y la estructura de esta técnica lo es a nivel experiencial. Otras teorías como la psicoanalítica o la cognitivo-evolutiva desde mi punto de vista no ofertan el marco teórico adecuado para encuadrarlo como teoría explicativa del sentido moral del MF ya que es el dato de autoconciencia su punto de partida.
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