Para conseguir acercarse a lo que Onfray denomina un “maestro socrático”, proponemos el triángulo aplicabilidad-significatividad-motivación (ASMA, ó SAM, ó MSA, etc.) como una piedra angular sobre la que basar el proceso enseñanza-aprendizaje:

Expliquémoslo:
Usaremos las tremendas posibilidades de aplicación de la Filosofía a realidades actuales para hacer a nuestra materia más significativa a los alumnos, y de este modo motivarlos a un aprendizaje que a su vez les ha de servir a ellos para aplicar por sí mismos la Filosofía a cuestiones de su interés en el mundo en que vivimos, a sus propias vidas diarias (“triángulo ASMA”, o recorrido en sentido A-S-M-A).
Pero no sólo en este sentido hemos de recorrer el triángulo, transitable también a la inversa: así, un contenido que seamos capaces de presentarles de una manera lo suficientemente significativa, les capacitará para aplicarlo a sus vivencias, con todo lo motivador que eso resulta (“triángulo SAM”, o recorrido en sentido S-A-M).
Por ejemplo, la comparación que hace Giovanni Sartori sobre la actualidad televisiva del Mito de la Caverna (aplicación) nos puede servir para hacer más significativo el aprendizaje de esta alegoría a los alumnos, con lo que ello supone de motivación para que ellos a su vez puedan buscar otras aplicaciones a la vida actual de esta enseñanza platónica (“triángulo ASMA”). Reproduzcamos tal comparación para hacernos mejor idea: “La televisión impregna toda nuestra vida y se afirma incluso como demiurgo. La pared de ese cuento se ha hecho realidad: es el vídeo, la superficie del televisor en donde aparecen las imágenes. Lo que importa en Telépolis no es la epistème, el conocimiento, sino la dóxa, la opinión pública, lo que a-parece en pantalla. Pasamos democráticamente del ‘gobierno del saber’ al ‘gobierno de la opinión’ gracias a la nueva Constitución técnico-representativa de la polis: la ‘videocracia’.” (Julio Quesada, Otra historia de la filosofía, Ariel, 2003, p. 70).
Además, en el desarrollo de las clases, y como complemento ideal del triángulo ASMA, propongamos (centrados en la “S” del triángulo, en busca de la citada significatividad necesaria para la efectividad del aprendizaje; y por supuesto en cuanto sea posible y nuestra capacidad nos lo permita) la aplicación del método de análisis filosófico propuesto por Ortega y Gasset en la Lección I de su curso ¿Qué es filosofía?: “Los grandes problemas filosóficos requieren una táctica similar a la que los hebreos emplearon para tomar Jericó y sus rosas íntimas: sin ataque directo, circulando en torno lentamente, apretando la curva cada vez más” (Revista de Occidente en Alianza Editorial, 2005, p. 13).
O como más claramente recalca al principio de la Lección IV de la misma obra: “en círculos sucesivos de radio menguante, en ruta, pues, espiral. Esto nos permite y nos obliga a presentar cada cuestión primero en su forma más vulgar y menos rigurosa, pero más comprensible, seguros de que la hallaremos siempre de nuevo tratada más enérgica y formalmente en algún círculo interior” (edición citada, p. 57).
Así por ejemplo, para introducir a los alumnos al estudio del ser y el tiempo en Heidegger, les podríamos enseñar las fotografías correspondientes a 1975 y 2007 de la afamada serie “The Brown Sisters” del fotógrafo Nicholas Nixon, con lo que después estarán más sensibles a entender mejor la propuesta heideggeriana de la temporalidad, considerada como “el ser del Dasein y el horizonte de la comprensión del Ser”.
En definitiva, tanto el “triángulo ASMA” como el método orteguiano de análisis filosófico que a él proponemos aparejar, nos servirán para interpelar a las personas, una función que echa de menos Merleau-Ponty en el profesional de la filosofía contemporáneo -según escribe en Éloge de la philosophie, en un extracto recogido por Moisés González en su Introducción al pensamiento filosófico (Tecnos, 2005, p. 440)-, volviendo a recordarnos para ello a ese maestro de Platón del que Onfray nos hablaba al comienzo de este escrito: “La filosofía encerrada en libros ha dejado de interpelar a los hombres. Lo que hay de insólito y hasta de insoportable en ella, se ha escondido tras la vida decente de los grandes sistemas. Para encontrar la función completa del filósofo, hay que recordar que incluso los filósofos-autores que leemos y que nosotros somos, no han cesado jamás de reconocer como maestro a un hombre que no escribía, que no enseñaba, al menos no en las cátedras de estado, que se dirigía a aquellos que se encontraba en la calle y que tuvo dificultades con la opinión pública y con el poder; recordémosle: Sócrates.”
Así pues, e independientemente de lo “socráticos” o “antisocráticos” que nos consideremos cada uno, intentemos interpelar; triángulo ASMA y propuesta metodológica de Ortega nos pueden ayudar en ello.
Bibliografía principal:
Moisés GONZÁLEZ, Introducción al pensamiento filosófico, Tecnos, Madrid, 2005.
Michel ONFRAY, Antimanual de Filosofía, Edaf, Madrid, 2005.
José ORTEGA Y GASSET, ¿Qué es filosofía?, Revista de Occidente en Alianza Editorial, Madrid, 2005.
Julio QUESADA, Otra Historia de la Filosofía, (por qué pensamos lo que pensamos), Ariel, Barcelona, 2003.
Joaquín Parra Cortés



