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Home Filosofía EL “TRIÁNGULO ASMA” COMO PRINCIPIO PEDAGÓGICO ESENCIAL EN LA DIDÁCTICA DE LA FILOSOFÍA.

EL “TRIÁNGULO ASMA” COMO PRINCIPIO PEDAGÓGICO ESENCIAL EN LA DIDÁCTICA DE LA FILOSOFÍA.

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 Como señala, dirigiéndose a los alumnos, el profesor Michel Onfray en su obra Antimanual de Filosofía (Edaf, 2005, p. 23), “el maestro socrático pone su saber, su ironía, su dominio de la palabra, su cultura, su gusto teatral y su talento al servicio de la puesta en escena del pensamiento, a vuestro servicio, al servicio de vuestras inquietudes, de vuestros interrogantes, a fin de que en vuestra existencia podáis utilizar la asignatura para pensar mejor, ser más críticos, estar mejor preparados para comprender el mundo y, eventualmente, actuar sobre él”.

 

Para conseguir acercarse a lo que Onfray denomina un “maestro socrático”, proponemos el triángulo aplicabilidad-significatividad-motivación (ASMA, ó SAM, ó MSA, etc.) como una piedra angular sobre la que basar el proceso enseñanza-aprendizaje:

 

Expliquémoslo:

 

Usaremos las tremendas posibilidades de aplicación de la Filosofía a realidades actuales para hacer a nuestra materia más significativa a los alumnos, y de este modo motivarlos a un aprendizaje que a su vez les ha de servir a ellos para aplicar por sí mismos la Filosofía a cuestiones de su interés en el mundo en que vivimos, a sus propias vidas diarias (“triángulo ASMA”, o recorrido en sentido A-S-M-A).

 

Pero no sólo en este sentido hemos de recorrer el triángulo, transitable también a la inversa: así, un contenido que seamos capaces de presentarles de una manera lo suficientemente significativa, les capacitará para aplicarlo a sus vivencias, con todo lo motivador que eso resulta (“triángulo SAM”, o recorrido en sentido S-A-M).

 

Por ejemplo, la comparación que hace Giovanni Sartori sobre la actualidad televisiva del Mito de la Caverna (aplicación) nos puede servir para hacer más significativo el aprendizaje de esta alegoría a los alumnos, con lo que ello supone de motivación para que ellos a su vez puedan buscar otras aplicaciones a la vida actual de esta enseñanza platónica (“triángulo ASMA”). Reproduzcamos tal comparación para hacernos mejor idea: “La televisión impregna toda nuestra vida y se afirma incluso como demiurgo. La pared de ese cuento se ha hecho realidad: es el vídeo, la superficie del televisor en donde aparecen las imágenes. Lo que importa en Telépolis no es la epistème, el conocimiento, sino la dóxa, la opinión pública, lo que a-parece en pantalla. Pasamos democráticamente del ‘gobierno del saber’ al ‘gobierno de la opinión’ gracias a la nueva Constitución técnico-representativa de la polis: la ‘videocracia’.” (Julio Quesada, Otra historia de la filosofía, Ariel, 2003, p. 70).

 

Además, en el desarrollo de las clases, y como complemento ideal del triángulo ASMA, propongamos (centrados en la “S” del triángulo, en busca de la citada significatividad necesaria para la efectividad del aprendizaje; y por supuesto en cuanto sea posible y nuestra capacidad nos lo permita) la aplicación del método de análisis filosófico propuesto por Ortega y Gasset en la Lección I de su curso ¿Qué es filosofía?: “Los grandes problemas filosóficos requieren una táctica similar a la que los hebreos emplearon para tomar Jericó y sus rosas íntimas: sin ataque directo, circulando en torno lentamente, apretando la curva cada vez más” (Revista de Occidente en Alianza Editorial, 2005, p. 13).

 

O como más claramente recalca al principio de la Lección IV de la misma obra: “en círculos sucesivos de radio menguante, en ruta, pues, espiral. Esto nos permite y nos obliga a presentar cada cuestión primero en su forma más vulgar y menos rigurosa, pero más comprensible, seguros de que la hallaremos siempre de nuevo tratada más enérgica y formalmente en algún círculo interior” (edición citada, p. 57).

 

Así por ejemplo, para introducir a los alumnos al estudio del ser y el tiempo en Heidegger, les podríamos enseñar las fotografías correspondientes a 1975 y 2007 de la afamada serie “The Brown Sisters” del fotógrafo Nicholas Nixon, con lo que después estarán más sensibles a entender mejor la propuesta heideggeriana de la temporalidad, considerada como “el ser del Dasein y el horizonte de la comprensión del Ser”.

 

En definitiva, tanto el “triángulo ASMA” como el método orteguiano de análisis filosófico que a él proponemos aparejar, nos servirán para interpelar a las personas, una función que echa de menos Merleau-Ponty en el profesional de la filosofía contemporáneo -según escribe en Éloge de la philosophie, en un extracto recogido por Moisés González en su Introducción al pensamiento filosófico (Tecnos, 2005, p. 440)-, volviendo a recordarnos para ello a ese maestro de Platón del que Onfray nos hablaba al comienzo de este escrito: “La filosofía encerrada en libros ha dejado de interpelar a los hombres. Lo que hay de insólito y hasta de insoportable en ella, se ha escondido tras la vida decente de los grandes sistemas. Para encontrar la función completa del filósofo, hay que recordar que incluso los filósofos-autores que leemos y que nosotros somos, no han cesado jamás de reconocer como maestro a un hombre que no escribía, que no enseñaba, al menos no en las cátedras de estado, que se dirigía a aquellos que se encontraba en la calle y que tuvo dificultades con la opinión pública y con el poder; recordémosle: Sócrates.”

 

Así pues, e independientemente de lo “socráticos” o “antisocráticos” que nos consideremos cada uno, intentemos interpelar; triángulo ASMA y propuesta metodológica de Ortega nos pueden ayudar en ello.

 

 

Bibliografía principal:

  • Moisés GONZÁLEZ, Introducción al pensamiento filosófico, Tecnos, Madrid, 2005.

  • Michel ONFRAY, Antimanual de Filosofía, Edaf, Madrid, 2005.

  • José ORTEGA Y GASSET, ¿Qué es filosofía?, Revista de Occidente en Alianza Editorial, Madrid, 2005.

  • Julio QUESADA, Otra Historia de la Filosofía, (por qué pensamos lo que pensamos), Ariel, Barcelona, 2003.

 

Joaquín Parra Cortés