Estamos viviendo una nueva era, que llega inundada de cambios y transformaciones en todos los ámbitos de la sociedad. El comienzo de esta nueva era lo podemos situar a principio de los años setenta del pasado siglo XX. En la disciplina de la historia esta nueva era viene marcada por un cambio conceptual. Hemos dejado atrás los postulados contemporáneos para dar paso a un nuevo mundo. Este nuevo periodo histórico está siendo calificado como Mundo actual o Historia del Tiempo Presente. Proliferan en los centros académicos y en las universidades los departamentos y seminarios que se dedican al estudio de esta nueva historia. Pero no solo podemos reducir este nuevo concepto a los centros especializados, cada día y con mayor difusión aparecen en la prensa y en revistas de ciencias sociales noticias que nos vinculan a estas mutaciones contemporáneas.
El término globalización está en medio de un enconado debate, no hay discurso político, económico, sociológico o cultural que no haga referencias al mismo. Ha pasado de ser un concepto desconocido por la gran mayoría de las personas a presidir todos los debates, hoy todo el mundo puede dar una definición aproximada de la mundialización. Este concepto no solo se aplica a la economía, sino que es aceptado por todos hablar de una globalización política y la extensión por todo el orbe de la democracia liberal, asentándose en unas premisas de libertad y derechos de los ciudadanos. Se lucha en el mundo por los valores democráticos, para que sean instaurados allí donde carecen de ellos, ya sean países desarrollados, en vías de desarrollo o en zonas de subdesarrollo. La instauración democrática lleva implícita la aceptación de los postulados económicos liberales, dando como salida a estos el sistema de comercio capitalista, que desde la colisión del comunismo se ha erigido como garante de la estabilidad y desarrollo mundial. Asistimos pues, al auge de esta nueva etapa capitalista, la globalización, que requiere unas condiciones básicas: las ganancias y los bajos costes de los que se está aprovechando en la actualidad, siempre bajo una premisa fundamental: la eliminación de las barreras físicas para el comercio de producción de bienes, personas y servicios.
En cuanto a la aceptación de la globalización nos vamos a encontrar con dos posturas totalmente contrapuestas: por un lado están los globalistas o radiacales, son aquellos que mantienen que la globalización es una realidad actual, imposible de dar marcha atrás y muy beneficiosa para la Humanidad, ya que las fuerzas del mercado neoliberal tienen la capacidad para solucionar los problemas con los que este se encuentra en su desarrollo. Estas premisas quedaron implantadas en la década de los ochenta y noventa en el Reino Unido y América del Norte bajo los gobiernos Theacher y Reagan, que propugnaban la admisión de una mercado sin límites en el que los estados empezaban a ceder pretensiones a favor el desarrollo económico, es conocida la fórmula de ¨”menos Estado y más mercado”. Estos planteamientos dejaron ver relucir la crisis de los estados nación que habían dominado durante todo el periodo contemporáneo la escena pública, dejando paso a las empresas multinacionales que serán en un futuro las que marcaran los pasos a seguir por los dirigentes políticos. Para afirmar todo esta situación podemos hacer referencia a las frases de Ramonet aludiendo a los cambios organizativos de la sociedad: “primero los dioses, después la razón. Ahora el mercado sucede a ambos”.
En el lado opuesto nos encontramos con los escépticos. Son aquellos que afirman que no existe realmente la globalización, sino que estamos inmersos en un proceso de regionalización, marcado por la unión de regiones para el intercambio económico y que tiene su inicio a partir de la Segunda Guerra Mundial. Sin duda un exponente claro de esta regionalización viene dado por la Unión Europea, que cabalga hacia la unión no solo económica sino política, militar y cultural. Pero no solo nos lo demuestra esta unión sino la que está teniendo lugar en la zona de Norteamérica con Estados Unidos como epicentro y en el Pacífico con Japón desempeñando la misma función que Norteamérica.
Todo este proceso deja entrever la crisis que están sufriendo los estados nacionales que hasta este momento habían desempeñado la función que actualmente están delegando en instituciones supranacionales. Estos están perdiendo progresivamente su hegemonía en cuanto a cuestiones económicas y políticas que están cuestionando y haciendo resurgir una nueva fase nacionalista dentro de estos antiguos Estados nacionales. Pero ante este proceso de unión hay que analizar las consecuencias que tiene para nuestro sentido de democracia y de los derechos ciudadanos. Los especialistas están trabajando para que este nuevo sistema no desmorone todo lo que con anterioridad hemos construido.
Uno de los principales temas que nos encontramos en el candelero es la función que la sociedad civil está desarrollando en temas de Voluntariado, no solo aplicado al ámbito nacional, sino a problemas que atañen por completo a la humanidad y que traspasan las antiguas fronteras nacionales: la ecología, los derechos humanos, la inmigración...
Todos estos cambios han venido precedidos por los avances en las tecnologías y en especial en las de la comunicación que han revolucionado nuestra manera de ver el mundo. Los antiguos límites de espacio y tiempo han sido superados por estas nuevas tecnologías permitiendo que se alcance la nueva fase de globalización económica y cultural.
Estas nuevas tecnologías de la comunicación han desarrollado nuevas formas sociales y han trasformado nuestra concepción de la información. El fenómeno de internet no solo ha revolucionado el mundo de los negocios, sino que ha dado un vuelco a nuestras maneras de comunicación e información, hemos adquirido nuevos hábitos sociales que en ocasiones solo requieren la dificultad de apretar un botón del ratón.
Sin duda todos estos avances en los distintos campos de la vida están mejorando nuestras posiciones y nuestras relaciones. Pero llevan implícitas una serie de peligros que hay que saber gobernar. Tanto la globalización económica o cultural como las nuevas instituciones supranacionales y las vías de acceso a la comunicación e información pueden ser muy beneficiosa para la comunidad internacional, pero de la misma manera pueden llevar a unos problemas de muy diversa índole. El reto que se plantea la humanidad en este nuevo siglo es controlar para un mejor benéfico estos procesos de cambios.
Referencias bibliográficas.
- Ramonet, I.: “ Abecedario (Subjetivo) de la Globalización. Barcelona. Seix Barral. 2004.
- Ruffolo, G.: “ La mundialización”. Leviatán. 78. 1990. pp 63-72.
- Rojo Salgado, A.: “Globalización, Integración mundial y federalismo”. Revista de Estudios Políticos. 109. (julio-septiembre 2000) pp. 29-45.
Marco Antonio González Boyero.
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IES Joaquín Sama. San Vicente de Alcántara.



