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Home Geografía e Historia ESBOZOS DE HISTORIA POLÍTICA: A PROPÓSITO DE “LA DICTADURA DE FRANCO” DE JAVIER TUSELL

ESBOZOS DE HISTORIA POLÍTICA: A PROPÓSITO DE “LA DICTADURA DE FRANCO” DE JAVIER TUSELL

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En sus orígenes la historia, como disciplina académica, se fundamentó en un modo de hacer que ha venido a denominarse "Historia historizante", esto es, una historia fundamentada en la labor critica, documental, pero ceñida al estudio de lo político y las relaciones diplomáticas entre estados, una historia erudita, pero sin mayores campos de análisis. No obstante cabe resaltar la importancia que tuvo esta labor para la crítica documental. Este modo de hacer historia se abordó tanto desde las perspectivas del positivismo como del historicismo. Como es sabido esta forma de historiar fue canonizada en la obra de Langlois y Seignobos en el cambio de siglo.

Los cambios del siglo XX con el ascenso de las masas condujeron a una mayor importancia del marxismo y a la consolidación de la sociología; la crisis de 1929, fundamentará la necesidad de la atención a los aspectos económicos, etc. Esta situación confluirá en Francia y por obra de Bloch y Fevbre fundadores de la escuela de Annales. La principal aportación de la escuela en los sucesivos periodos por los que ha pasado, es la ampliación metodológica  y el objeto de estudio de la historia. Esto se hace desde las aportaciones de las ciencias sociales como la sociología (Weber, Durkheim), la economía y con posterioridad la antropología, la psicología, la etnología, etc.

La relación con las ciencias sociales supuso un avance considerable de la historia como disciplina científica para una mayor rigurosidad metodológica, la ampliación de los horizontes teóricos (algo en lo que la historiografía ha ido siempre por detrás).

 

Por otra parte la historia se convierte en el lugar de encuentro, la síntesis precisa de los diferentes enfoques de las ciencias sociales. El momento cumbre de este encuentro, bajo la "historia total" por Braudel desde la dirección de Annales.

 

En los últimos años se asiste al poderoso influjo de la antropología y la etnología que han venido a ocupar el lugar y la influencia que antaño tuvieran, bajo el impulso del marxismo y el estructuralismo la sociología y la economía.

 

Esto ha planteado algunos problemas como la aplicación del método de los antropólogos que estudian sociedades actuales al pasado, objeto de los historiadores, la tendencia a la sectorialización de los estudios históricos y sobre todo, la posible difuminación de la disciplina en el conglomerado de las ciencias sociales.

 

En este contexto decíamos que la historia política se ha visto revalorizada en gran medida al cambiar su objeto de estudio. En un sentido diferente al anterior (la antigua historia narrativa), se valora el estudio de las elites como importantes agentes de los cambios sociales.

 

La obra que nos ocupa y prácticamente toda la producción historiográfica del autor se sitúa en la línea reclamada por la historiografía francesa representada por Julliard, Rémond, Bedarida, etc., quienes han reclamado con insistencia la autonomía de la política en la explicación causal de la historia. 

 

A partir de estas consideraciones previas se ha escogido como ejemplo el ya clásico estudio de Javier Tusell, La dictadura de Franco. El libro que nos ocupa se publicó en 1988. Su interés estriba, esencialmente, en el análisis comparado del régimen político del franquismo que aborda en el marco de los regímenes políticos de derechas del siglo XX.

 

El titulo, La Dictadura de Franco pudiera dar a entender que se trata de un estudio global de la misma en los más variados aspectos. Sin embargo, como el propio autor se encarga de aclarar, a partir de la revalorización de la historia política, el autor, realiza un hasta ese momento inédito estudio en la historiografía española, contribuyendo desde la metodología de la historia comparada a la renovación de la citada historiografía. Esta obra contribuye de manera definitiva a la normalización de los estudios, de carácter científico, sobre el franquismo.

 

Quizá la conclusión clave que cabe establecer del estudio es la de negar la supuesta especificidad de la historia española del siglo XX, algo que en los años posteriores a la publicación del libro no ha hecho sino afirmarse como  demuestra el libro de Fusi y Palafox, España, el desafío de la modernidad. Como bien destaca el autor, de nada sirve la condena en historia, sino que la postura más deseable es la de la aspiración a comprender el pasado con la mayor honradez posible, prescindiendo en lo posible de los juicios de valor sobreideologizados, ya que los estudios sobre el franquismo han adolecido tradicionalmente de un exceso de ideologización partidista, al menos en los años de la Dictadura, por cuanto se trataba bien de hagiografías laudatorias del régimen bien condenas por parte de la oposición fundamentalmente en el exilio. No se aspiraba tanto a comprender en su historicidad el franquismo como a justificar las propias posiciones.

 

Bajo la influencia de los estudios comparativos de Linz y de Payne, el autor utiliza el utillaje de la ciencia política a la hora de establecer las categorías que pretende definir, si bien alejándose de los tipos ideales tan caros a la ciencia política y a la sociología para contextualizar cada uno de los regímenes en su precisa historicidad tal y como es propio de  la historia. En este sentido alerta contra las identificaciones generalizantes que vienen a contemplar como sinónimas las dictaduras de derechas y el fascismo, así como la identificación del fascismo con una determinada clase social  (la burguesía o la clase media baja). Esta habría sido la interpretación canónica de la Tercera Internacional y del antifascismo en sus diferentes corrientes, desde las cuales se produjo la expansión semántica del término. Por el contrario el fascismo sería una más entre las diferentes dictaduras que se han producido en el siglo XX. Eso por no hablar de la dificultad de definir el término derecha al responder a tipos y corrientes muy diferentes. Además y en el sentido de devolver la primacía a lo político en los estudios históricos a la que hemos aludido al principio, Tusell señala que "el fascismo es un producto de la "autonomía de la política"", es decir, su origen se encuentra más allá de las explicaciones, carentes de suficiente base empírica por lo demás, que basan la aparición del fascismo en la dinámica capitalista.

 

Desde luego el término fascismo resulta impreciso tal y como ha señalado Payne  en su Historia del Fascismo. A este problema se suman los debates ocasionados por la teoría del totalitarismo. La historiografía liberal (Arendt, Talmon, Brezinsky, Ebenstein)- aunque está siendo progresivamente aceptada (Hobsbawm, Historia del siglo XX), señala que aquellos regímenes caracterizados por el control absoluto del individuo por el estado, la existencia de un partido único, un sistema terrorista de control policiaco, un fuerte componente militarista, el control centralizado de la economía a cargo del estado, son regímenes totalitarios. Los ejemplos acabados de esta caracterización habrían sido el Fascismo, el nazismo u el régimen soviético, sobre todo el estalinismo. Esta forma de ver las cosas ha sido criticada, sobre todo en el ambiente generado por la Guerra Fría, al contemplar estos fenómenos desde la perspectiva liberal, además de criticarse la identificación entre nazismo, fascismo y comunismo. No obstante esta concepción del totalitarismo es progresivamente aceptada, sobre todo tras la caída del comunismo.

Para los países o sociedades denominados tradicionales, menos avanzados en el proceso de secularización política de las masas que se inicia prácticamente con el siglo, se utiliza por autores como Linz el término autoritarismo, concretamente, Linz lo aplica a la caracterización del régimen de Franco, al considerar que presentan un control policiaco menor y en muchos casos pretenden la desmovilización política más que la movilización de las masas. Tusell critica, aun asumiendo en parte las tesis de Linz, la caracterización del franquismo como régimen autoritario por lo que encierra de exculpatorio del término al parecer menos restrictivo que el de totalitarismo, además de que Linz no se refiera al franquismo como una dictadura, sino como un régimen autoritario de pluralismo limitado.

 

En todo caso el termino fascismo debe utilizarse tal y como sostienen Payne y Tusell para conceptualizar un periodo preciso de la historia, en un lugar concreto; la Europa de entreguerras, sometida a una crisis aguda de lo que había sido la civilización liberal, alumbrada con el doble proceso revolucionario liberal-burgués e industrial iniciado a finales del siglo XVIII y extendido durante el siglo XIX.

 

Se ha señalado la variedad de comportamientos que se cobijan bajo la etiqueta de derecha, desde la tradicional derecha conservadora, la derecha radical surgida de las transformaciones socioeconómicas del primer tercio del siglo, así como de la ampliación de la vida política con la generalización de la democracia y la consiguiente transformación en la forma de ejercer el poder y acceder a él. La evolución de la Europa de entreguerras llevaría en determinados momentos a la coincidencia de intereses de las distintas derechas en aras de frenar lo que creían riesgos para su estatus como el temor a la revolución - el impacto de la revolución de octubre, aunque con matices, de lo contrario tendríamos que aceptar la teoría de Nolte de que el nazismo surge del Gulag, del miedo al comunismo (La guerra civil europea)- y a la vida parlamentaria en democracia en general. En otros casos se apoyaría a la derecha radical, fascista, si bien podían existir diferencias notables, en su política de movilizaciones populares en aras del estado total.

 

En el caso de España los apoyos del franquismo provenían de la conjunción de la derecha radical, la falange, los monárquicos, los carlistas, la CEDA o Acción Española. Esto nos lleva a hablar del problema de la naturaleza del franquismo.

 

En efecto existe un debate abierto sobre la naturaleza política de la dictadura de Franco; modelo fascista, solución bonapartista (A. De Miguel) nacionalismo autoritario o dictadura militar. Cualquier respuesta deberá tener en cuenta que el régimen franquista tuvo una considerable capacidad de adaptación a los tiempos. Para una correcta interpretación del fenómeno precisa Tusell que deben tenerse en cuenta los siguientes aspectos:

 

1º.- El franquismo debe juzgarse por la forma como aparece históricamente no solo por la fisonomía de 1939 o la de 1975. Según Tusell uno de los rasgos definitorios del régimen es su duración y por tanto las transformaciones que sufre a lo largo del tiempo merced a su adaptación a los diferentes contextos.

 

2º.-Su  rasgo más evidente es el unipartidismo, conseguido a base de impedir, tanto de hecho como de derecho, cualquier clase de pluralismo.

 

3º.- Como tal dictadura tuvo menos que ver con el nazismo y bastante más con el fascismo italiano.

 

4º.- Resulta difícil, sin embargo, buscar la inspiración ideológica del régimen no sólo porque sus fuentes fueron múltiples a través de su prolongada vida, sino porque se trata de una dictadura personal, no colectiva de un partido o un estamento social.

 

Tusell considera que la periodización del franquismo puede establecerse en tres etapas, a lo largo de las cuales se produjeron numerosos cambios en la compleja articulación existente entre los distintos elementos sociales e ideológicos del sistema. Globalmente puede decirse que se produjo una evolución desde un sistema que podría denominarse como fascista, al primero de los regímenes dictatoriales que pretendían conciliar el desarrollo económico y el control social. En todo caso Tusell solo acepta el calificativo de fascista para el franquismo durante los primeros años de cercanía al eje. Tras la derrota de este las cosas cambian ante la perentoria necesidad de legitimarse. Esto constituye el tema principal de debate con otros historiadores como Preston o Julian Casanova por poner dos ejemplos.

 

 En efecto, Preston (La política de la venganza, Franco) o Casanova (Los Riesgos para la democracia) consideran que el fascismo es un movimiento de reacción defensiva contra los avances de la izquierda y las reformas sociales. Consideran que el fascismo no debe definirse únicamente por el estilo y la ideología sino que debe establecerse la función social y económica del mismo. Si se acepta la primera acepción resultaría evidente que en España, dada la debilidad de la Falange, no habría habido fascismo, pero si por el contrario se define por su función social y económica este estaría presente en más familias que en la falange.

 

Lógicamente, desde los presupuestos teóricos de los que parte Tusell ya expuestos, no se comparten estas visiones no siempre sostenibles en la documentación disponible.

 

La segunda parte del estudio y la más extensa está dedicada al análisis de la figura de Franco como dictador y a la de su dictadura. Sobre el dictador destaca su mediocridad, la simplicidad de sus juicios y, a la vez, la capacidad de adaptación a las diferentes circunstancias con las que tuvo que bregar desde que se hizo cargo de la dirección de la guerra y luego ya durante los casi cuarenta años en los que ejerció el poder. Su pensamiento se limitaba al nacionalcatolicismo, el militarismo, el patriotismo y la fobia antimasónica. Ciertamente sorprende desde este punto de vista que una persona con semejantes limitaciones fuera capaz de ejercer el poder tanto tiempo. Por otra parte las transformaciones de los años sesenta con las cuales en ocasiones se quiere identificar la acción del régimen se produjeron más bien en contra de las teorías del dictador que por aquel entonces inició el distanciamiento de las tareas de gobierno. En todo caso la explicación de su larga estancia en el poder reside en la represión y en el recuerdo de la guerra civil. De hecho el rasgo más importante de la dictadura fue la vocación de permanencia.

 

En  la tercera y última parte del estudio del profesor Tusell se realiza un estudio comparado del franquismo y las dictaduras contemporáneas, haciendo especial hincapié en la comparación con el Portugal de Salazar y la Italia de Mussolini.

 

Con respecto a la comparación entre salazarismo y franquismo, el autor considera la similitud de regímenes a los que considera como "dictaduras no totalitarias". A partir de esta similitud se pueden establecer algunas diferencias como el superior grado de autoritarismo del franquismo fruto de la guerra civil de la que surge. Por lo demás las diferencias, dentro de las similitudes de fondo, se pueden atribuir a las peculiaridades y evolución histórica de cada país.

 

Por el contrario de la comparación entre el franquismo y el fascismo italiano resulta que este último resulta totalitario en mayor medida. El fascismo se encuentra dotado de elementos seculares, modernos que no cabe encontrar en el franquismo al ser esta un tipo de dictadura mucho más tradicional, aun cuando fuese mucho más sangrienta debido a su origen en una guerra civil.      

 

Por último, cabe señalar que el franquismo no puede aislarse del resto de la historia contemporánea española. Así, la dictadura franquista surge de la Guerra Civil en la que se habían dirimido violentamente las posiciones antitéticas existentes en la sociedad española sobre la forma de afrontar la modernidad. La segunda República había confrontado los proyectos de conservación, reforma o liquidación del orden social en un marco parlamentario y democrático.

 

Se intenta acometer la solución de los problemas heredados de la crisis estructural del Estado liberal (desde la Restauración) y del crecimiento industrial español que habían alterado profundamente las relaciones sociales. Las resistencias al proyecto modernizador y las insuficiencias del mismo conducen a la guerra civil de la cual surge la dictadura franquista.

 

Por otra parte España no puede aislarse del resto del mundo en el cual se encuentra interrelacionada. El largo periodo de reacción aislacionista que atraviesa el país entre 1939 y 1951 se explica tanto por las condiciones particulares de la Segunda Guerra Mundial y de la cuarentena que se impone a la España franquista en los años siguientes, como por la voluntad de los responsables de la política española.

 

La afluencia de capitales extranjeros y de la prosperidad económica mundial constituirán las condiciones que posibiliten una segunda etapa del franquismo, retomando el proceso de modernización que se había producido en el primer tercio del siglo y que, precisamente, se había visto interrumpido por la guerra civil u la etapa autárquica que vino a continuación. Las necesidades económicas, que se imponen a los principios políticos, hacen inevitables la transformación de la economía y sociedad españolas. Los cambios de los años 1958-70, será la consecuencia lógica de este proceso. Así, conviene distinguir lo que es la esencia misma del régimen, la dictadura de Franco y el rechazo de cualquier forma de pluralismo político, de sus sucesivas transformaciones, que son el fruto de una evolución impuesta por las circunstancias económicas y políticas del exterior.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Fusi, J.P y Palafox, J; España 1808-1996: el desafío de la modernidad, Espasa Calpe, 1997.

Hobsbawm, E; Historia del siglo XX. Barcelona, Crítica, 1995.

Nolte, E; La guerra civil europea.F.C.E.1987.

Payne, S; Historia del fascismo. Planeta, 1995.

Preston, P; Franco, Caudillo de España. Grijalbo, 1994.

Preston, P; La política de la venganza. Península, 1998

Tusell, J; " Historia, política y biografía" Claves, nº 31.

Tusell, J; La dictadura de Franco. Madrid. Altaya. 1988

 

 

 

 

ALFREDO RIVERO RODRÍGUEZ

IES JUAN SEBASTIÁN ELCANO

(CARTAGENA)

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