A. D. E. N. U.

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Home Geografía e Historia LA CULTURA EN EL RENACIMIENTO

LA CULTURA EN EL RENACIMIENTO

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INTRODUCCIÓN

Responder con propiedad al enunciado del artículo supone referirnos a un proceso que se prolonga en el tiempo y que resulta particularmente complejo tal y como acostumbran a ser los períodos de transición, en este caso desde el mundo bajo medieval hacia lo que conocemos como mundo moderno.

Este proceso se define por los cambios que se producen con la superación de la crisis del siglo XIV y que encuentra sus caracteres más relevantes en el aumento demográfico, la economía (economía mercantil y monetaria - por la que la fisonomía de la sociedad agrícola y ciudadana resulta profundamente renovada - ), el auge urbano, las expediciones geográficas-al albur del comercio con Asia-, continuación de un proceso característico de larga duración como es el del fortalecimiento de las monarquías-desde el siglo XV originando el incipiente Estado Moderno hasta el siglo XVII con el absolutismo-, el conflicto que esto supone con la idea del imperio, la crisis de la iglesia (conciliarismo, cisma....). A todo esto se une- paralelamente- el fenómeno del cambio cultural-en el amplio sentido de la palabra- , que se inicia en primer lugar en las ciudades de la península italiana-al menos ya desde el siglo XIII, Trecentto,-y que se extiende con posterioridad-facilitado por la imprenta - ha Europa con sus propias peculiaridades en cada lugar-y que conocemos como Renacimiento.

No  obstante, estos cambios, esta expansión, no romperán el modelo social preexistente. Así, el " feudalismo " sea a la como complejo de valores y cuerpo legal permaneció firme sin dar lugar aun al " capitalismo "- si quizá a un protocapitalismo-. 

Todos estos cambios-y permanencia-cristalizan en el siglo XVI, caracterizado por cuatro elementos de insoslayable importancia: extensión del Renacimiento, Reforma, Contrarreforma- con lo que suponía de división del cristianismo-, y descubrimientos ultramarinos. Las tensiones producidas por estos elementos conducirán a un siglo definido en gran medida por lo conflictivo en aspectos político-religiosos en los que hay que identifican un violento medio social. Así, las guerras dinásticas de la primera mitad del siglo son nexo de unión entre los conflictos Pontíficio-imperiales vividos en la Edad Media y las guerras de Religión. 

 

LA CULTURA RENACENTISTA.

 

Bajo el título de Renacimiento, Los historiadores acuñan una figura histórica, un periodo sobre el que no existe consenso acerca de su contenido y cronología, entre otros factores.

El término rináscita fue aplicado por vez primera por Vasari en el siglo XVI para referirse únicamente a las artes. También se encuentra en escritos de Voltaire o en los de Balzac (1829). En realidad, fue aplicado por vez primera con un criterio científico por Michelet. En 1855 en el séptimo volumen de la Historia de Francia así titulado. El Renacimiento, coincide para Michelet con el siglo XVI europeo, es visto cómo el triunfo de la luz sobre las bárbaras tinieblas del medievo- haciéndose eco, por otra parte, de la propia concepción que los renacentistas tuvieron de sí mismos. Cabe recordar que la expresión Edad Media "media tempestas " es acuñada por Giovanni Andrea del Bussi por vez primera en 1469, en la oración fúnebre de su amigo, el cardenal Nicolás de Cusa. Por tanto, los contemporáneos eligieron el término "Renacimiento" como expresión de su propia autocomplacencia histórica no deteniéndose a pensar y a determinar reflejamente su posible significado técnico. Esta tarea la llevaría a cabo con brillantez, pero de modo tendencioso y unilateral, la historiografía del siglo XIX.

 

Michelet establece la relación entre Renacimiento y Reforma como aurora de la Ilustración. No obstante, el gran forjador del concepto Renacimiento llegado casi hasta nuestros días es Jacob Burckhardt en su obra La cultura del renacimiento en Italia (1860). Burckhardt propone  y sostiene la tesis de que el Renacimiento era una futura nueva criada por una sociedad moderna. Desde entonces, hasta el momento presente, diversas corrientes metodológicas no han dejado de prestar atención al período. Burckhardt debe su reconocimiento al descubrimiento del hombre y el mundo como aportación a la interpretación histórica sobre el Renacimiento, teniendo como fondo la Edad Media. Para este autor, el Renacimiento fue exclusivamente italiano, representando de este modo una vuelta a la más vieja tradición histórica; se trataba de una civilización nueva que comenzaba en el siglo XIV y terminaba en el siglo XVI, una movilización asentada sobre ideas como la consideración del Estado como Obra de Arte , el Desarrollo del Individuo, el Descubrimiento del mundo y del hombre o el Renacimiento de la antigüedad. Se trataba, realmente, de una propuesta muy sugerente, tanto que la estructura cultural del renacimiento propuesto por Burckhardt, se convirtió, en buena medida, en el "Renacimiento" (seguida por autores como H. Taine- en el s. XIX, o E. Cassirier, Dilthey- en nuestro siglo- ).

 

Sin  embargo, esta concepción se vio afectada por la crisis general de la conciencia y de la cultura europea en torno a 1900 y por el desarrollo de la historiografía, que trajo consigo un mejor y más profundo conocimiento del Medievo y Renacimiento (algo que ya hizo Huizinga en, por ejemplo, El Otoño de la Edad Media) ( reacción sobre todo a cargo de los medievalistas); sobre todo en terrenos apenas tenidos en cuenta por Burckhardt-historia económica, conocimiento pormenorizado del pensamiento filosófico y científico, una mayor precisión sobre la religiosidad etc-. La conjunción de ambos fenómenos dio como resultado la ruptura del modelo propuesto por Burckhardt sin ofrecer otro alternativo y consistente. De este modo, el Renacimiento en tanto que periodo y estructura cultural, quedaba abierto como una laguna historiografía a colmar. Se hacía precisa una evaluación de sus relaciones con el medievo y de toda la teoría y cultura europea posterior.

 

En  esa dirección se sitúan los análisis de Ferguson, Tenenti y R. Romano en su obra La formación del mundo moderno, Mackenney en su obra El siglo XVI. Expansión y conflicto. Estos autores valoran el Renacimiento como un periodo de transición entre la Edad Media y la época moderna, durante el cual los aspectos feudal y eclesiástico del mundo medieval fueron gradual pero firmemente transformados, primero en Italia, luego en el resto de Europa, por el desarrollo del capitalismo y de la sociedad humana. Según Batllori en Humanismo y Renacimiento puede decirse que " estos movimientos no están referidos a un periodo cronológicamente fijo, sino a una actitud común de pensadores que desde fines del siglo XIV hasta finales de siglo XVI, en todos los campos de la especulación intelectual, asumen posiciones acordes con la mutación del hombre en el paso del Medievo al mundo moderno".   

 

Al hilo de esta periodificación Garín en su libro La revolución cultural del renacimiento o también en Medievo y renacimiento, se ha interesado por la edad media, la etapa de las tinieblas, necesario contrapunto del concepto de Renacimiento poniendo el acento en la determinación del momento preciso en que se establece la brecha entre ambos. Es preciso reconocer el hecho, establecido por la investigación, de que el Renacimiento se mantuvo unido a la Edad Media por mil lazos; En concreto, un autor como P. Burke en El Renacimiento, pone ejemplos de cómo lo viejo y lo nuevo conviven, incluso de la conexión entre ambos: arte, literatura, mecenazgo, gustos de la época etc., convivencia del modelo neoplatónico con el aristotélico como. No hay pues que mostrar el renacimiento en contraposición a una etapa oscura, la edad media.

 

No  se quiere decir con ello que el Renacimiento sea una simple continuación de la edad media, mismo menos todavía, una invención de la historiografía decimonónica. La historia es siempre una compleja síntesis de continuidad y cambio, tradición y evolución. A. juicio de Eusebi Colomer, " Los historiadores del siglo XIX no se equivocaron al interpretar los indicios de cambio histórico, que se advierten en Italia desde inicios del siglo XIV catalogados con la categoría de " renacimiento " que inspiró efectivamente a los italianos de aquella época, sino a al continuar jugando, como aquellos, a la edad media como una época de oscuridad y barbarie " Movimientos de renovación: Humanismo y Renacimiento.Como han puesto de relieve Giovanni Reale y Dario Antiseri en Historia del pensamiento filosófico y de la ciencia, vol.  no  se trata del renacer de la civilización en oposición a la incivilización,  de la cultura en oposición a la incultura y la barbarie o del saber en oposición a la ignorancia. Se trata, en cambio, del nacimiento de otra civilización, otra cultura, otro saber ".

 

Siguiendo a Manuel Fernández Álvarez, podemos indicar que las principales innovaciones que aporta el Renacimiento a la cultura cristiana de occidente de los siglos XV al XVI son: 

 

Primero: veneración por la antigüedad clásica. 

 Segundo: afán filológico. Puesto de manifiesto en la búsqueda de textos y documentos desaparecidos, que van a ser tratados mediante un nuevo método científico: la crítica filológica, empleada para acercar los orígenes verdaderos de occidente y la Cristiandad. 

 Tercero: creciente secularización de las manifestaciones culturales. 

 Cuarto: nuevas directrices estéticas; valoración del desnudo, representación de la naturaleza, utilización de la perspectiva. El arte del Renacimiento creó una nueva conciencia del espacio que puso las bases para el conocimiento científico del universo (Mackenney). 

 Quinto: aceptación de la naturaleza y el mundo como principios buenos. Experimentándose en ese mundo el placer humano de poder vivir en él. 

 Sexto: valoración de la persona identificada con la " virtud ", calidad que desarrollan las personas en sus actos públicos y privados. Además, las personas van a tener una confianza inquebrantable en el progreso indefinido. 

 Séptimo: evidente tendencia a la racionalización de la existencia.

 

En  conclusión, hay que ver el Renacimiento como un fenómeno grandioso de renovación y re-formación espiritual, que se sirvió, como estímulo eficaz, del retorno a la antigüedad clásica. Pero la vuelta a los antiguos, como retorno a los orígenes, es el medio, no el fin del movimiento renacentista. Lo que se pretende a través de la renovación de la cultura clásica es la renovación y reformación del hombre. Ha sido ampliamente aceptado que la idea básica de una renovación bajo la influencia de los modelos clásicos fue concebida y formulada por Petrarca, quien elaboró una nueva teoría de la historia de consecuencias duraderas. Abandonado el concepto providencialista de la crónica medieval vio el curso de la historia dividido en dos períodos, la antigüedad, fundamentalmente la Roma monárquica, republicana e Imperial-plena de luz y esplendor-y la época de la decadencia y las tinieblas. Esta se había iniciado cuando el nombre de Cristo empezó a ser venerado en Roma. Se hacía preciso, pues, recuperar una tradición cultural perdida, lo cual, portaba idea de resurrección, de un volver a nacer.

 

Cabe  preguntarse que distingue a este renacimiento de los movimientos de renovación que, teniendo como referencia las tradiciones clásicas se extendieron a lo largo de la Edad Media-Renovatio carolingia, protohumanismo del siglo XII etc.-. Se puede señalar que correspondió al renacimiento italiano la tarea de reintegrar los elementos separados y que la amplitud y profundidad de su devoción a la antigüedad clásica, así como su continuidad en el tiempo, fueron aspectos que le diferenciaron de los anteriores renacimientos, quienes en realidad pese a tomar elementos clásicos le referían otro sentido. 

 

La renovación de la estructura interna de la cultura de occidente que ocurre durante el renacimiento, va a suponer que, aunque no se ponga en tela de juicio la cosmogonía divina, la trascendencia divina y la dependencia humana respecto a Dios, exista una atención predilecta hacia el hombre, hacia los valores humanos y hacia las cuestiones mundanas. Esta actitud de preocupación hacia el hombre es conocida como Humanismo.

 

Para comprender el sentido originario del movimiento humanista hay que remontarse del término " humanismo " a los de " humanidades " y " humanistas ", de quienes en definitiva deriva. En efecto, ya en el siglo XIV, citando a Ciceron y Gelasio, se habla de studia humanitatis y o studia humana, para señalar un conjunto orgánico de disciplinas, que comprendía la gramática, la retórica, la poesía, la historia y la filosofía moral. Tales disciplinas, porque estudian al hombre en lo que tiene de más específico, elevado y creador, se consideran las más adecuadas para su formación espiritual. 

 

Por su parte, el término " humanista " aparece a mediados del hilo XV, de manera análoga a los términos " jurista ", " canonista ", " legista ", etc; para mencionar a quienes cultivan y enseñan las mencionadas disciplinas humanas. Por la misma época se tiende a ver en la antigüedad clásica el paradigma o punto de referencia obligado de la actividad espiritual del hombre. Los autores griegos y latinos se convierten en modelos insuperables de las litterae humanae, o sea, de las disciplinas que se cultivan y en los studia humanitatis y, por consiguiente, en auténticos monstruos de humanidad. 

 

El Humanismo nació, pues, en los studia humanitatis, lo que significa que fue primordialmente un movimiento de carácter más bien erudito y literario que filosófico. La razón de este hecho se encuentra en dos caracteres peculiares del movimiento humanista. El cultivo de la historicidad y de la humanidad. Como escribe Abagnano (en Historia de la filosofía.Vol.II), " sin la investigación filológica no hay humanismo; ya que no hay más que una actitud general de defensa de la cultura clásica que pueda encontrarse en todas las épocas y por ello no caracterizar ninguna ".

 

El  Humanismo-escribe P.O. Kristeller en El pensamiento renacentista y las artes-no es una doctrina concreta, es una actitud que sitúa al hombre en el centro mismo de la reflexión y no de las ideas a trazar, como ocurría con la escolástica. El Humanismo intenta saber que es el hombre, cuál es su origen y el lugar que ocupa en el universo, y cuál es su destino; y en lugar de dar a esas cuestiones respuestas dogmáticas totalmente hechas, se estudian los problemas citados. Mientras la escolástica se cierra y se comenta a sí misma, el Humanismo aparece como una apertura destinada a permanecer indefinidamente perceptible. Si la escolástica admite un cierto perfecto, el Humanismo introduce la noción de progreso indefinido. No obstante, y siguiendo al mismo autor, no debe infravalorarse la influencia que sobre el humanismo tuvieron tradiciones medievales como la del Ars dictaminis o retórica - al respecto Quentin Skinner en Los fundamentos del pensamiento político moderno.Vol.I abundando en esa línea, destaca la relación del Humanismo con la retórica medieval y subraya la a veces olvidada contribución de la escolástica al desarrollo de los ideales republicanos-. Tal influencia habría tenido lugar a tres paralelismos entre ambos movimientos. En primer lugar, los retóricos y los humanistas recibían una educación muy similar, incluyendo un profundo entrenamiento en leyes y gramática. Además, los miembros de ambos grupos ocupan puestos profesionales muy similares en las universidades, el gobierno de la ciudad y la iglesia. Por último, en sus trabajos morales y políticos, aunque con diferencias desde luego importantes, abordaron temas parecidos-como evitar el mal gobierno de las repúblicas y su decadencia, el faccionalismo como amenaza de la libertad, el aumento en la riqueza privada y su relación con la corrupción, etc.-. Por lo demás, según Kristeller, resultaría difícil aislar un conjunto de afirmaciones en el Humanismo que nos sirviera para definir una posición filosófica coherente por todos compartida. Más bien nos hallaríamos ante un grupo de pensadores unidos por intereses teóricos y prácticos, aunque no necesariamente con una concepción del mundo común.

 

Hemos de hacer hincapié en una cualidad matriz del humanismo: la dignificación del hombre como ser terrenal- antropología humanista-. Sobre ello van a versar tratados como el de Jacobo Mantetti-muerto en 1459-: De dignitatis homine. La cúspide de ésta tratadistica la constituye Pico della Mirandola-1486-, que también escribe un tratado sobre la dignidad a del hombre. Se mantiene entonces una hipótesis clave para nuestra civilización: no hay nada más admirable que el hombre-idea tomada de Terencio- o máximas como " no considero nada que sea humano ajeno a mi”. Esto desemboca en otro principio: no hay nada que sea más admirable que el hombre. En la Oratio di hominis dignitae, Pico della Mirandola pone de manifiesto este hecho al hablar del hombre como un ser libre hacedor de sí mismo y de su destino. Esto suponía un enfrentamiento abierto con la idea agustiniana que negaba al ser humano la posibilidad de alcanzar por sus propios medios la virtud.  Lo divino, ligado al alma para alcanzar, a través del conocimiento, a Dios. La mente renacentista se mueve a partir de una creencia optimista en la unidad de todo-mundo, hombre y Dios-, que aparece y crece en el desarrollo dinámico de una oscura vitalidad de la que no se habla. “Todo puede ser. ",  ese dicho puede tomarse como clave del renacimiento. Todo se reúne en la idea, que-como ha mostrado Panofsky que en su capital libro así titulado- Dios es, a la vez, Dios como idea del mundo, Dios como ámbito de las ideas platónicas de las cosas, el ideal de la mente artística, la línea matemática, a la de orden en si, ordenadora de las cosas, etc. Esta visión unitaria del renacimiento tiene su centro, obviamente como hemos señalado, en el hombre mismo, situado por Dios como cabeza y clave del universo.

 

Esta  conducta de atención al hombre surgió-como ha puesto de relieve Alberto Tenenti-en las ciudades-estado italianas, donde se consolidó el estado administrativo y una sociedad urbana y aburguesada que necesitaba para su desarrollo recurrir a los intelectuales laicos, éstos, a diferencia de los eclesiásticos, encontraron en el patrimonio de la antigüedad clásica las referencias y valores que necesitaban para responder a las cuestiones éticas y políticas que le planteaba su sociedad. En el legado de la antigüedad se encontraba recogida la función de la vida terrenal, faceta que los eclesiásticos no habían satisfecho, e incluso ignoraron. Escritores y hombres públicos hicieron hincapié en la exaltación de la vida civil y de los valores del Estado, del ciudadano que combate y muere por la patria y así consigue la gloria terrenal y el honor que en los cielos le tienen reservado al que así se conduce. Igualmente, se exalta el trabajo útil y fecundo. Esto contribuye a la vez a hacer comprender la función social del dinero, de la economía, en que se revela y se traduce en algo tangible uno de los aspectos del poder constructivo del trabajo. La riqueza, lejos de ser despreciada, es condenada sólo cuando es acumulada de manera estéril.  

 

La sociedad enalteció y tuvo en cuenta la opinión de los intelectuales laicos, diestros en los llamados " estudios humanísticos " que agrupaban un doble concepto de materias: el trivium y el cuadrivium. Los intelectuales representaban la recuperación de un modo de pensar no atado necesariamente a la escolástica, ahora bien, los humanistas no tenían en absoluto la intención de poner en duda los dogmas de la iglesia, ni siquiera pensaban criticar su organización.  

 

Lo esencial de los humanistas es dar carta de naturaleza a los valores en los que creía la sociedad humana y aburguesada y las ciudades-estado italianas tales como: la importancia de la vida activa en contraposición con la vida contemplativa de la edad media; la legitimidad de la reputación ( "todo lo pertinente a la fama" dirá Alberti) y el honor terrenal -de ahí precisamente el éxito del retrato-; el desarrollo de las virtudes cívicas y políticas; afirmación de lo natural,  lo humano y lo mundano como valores dignos de respeto-este último aspecto recoge los otros tres anteriores-legitimación en definitiva ( en el sentido sociológico de Weber)-.Todo esto se encuentra muy bien recogido en El cortesano de Castiglione. 

 

Estos valores son el origen de lo que se ha llamado " primer humanismo ", el cual tuvo como centro exclusivo de práctica y difusión los Estados de la península italiana. Conforme a la periodificación del primer humanismo de Bagran y Bec, hay que distinguir entre un humanismo cívico y otro literario, asumiendo y haciendo propios los cuatro valores antes citados. 

 

Hacia 1375 emerge el humanismo cívico, preocupado fundamentalmente por cuestiones ético-políticas como es el caso de las cancillería florentinas-Coruccio Salutatti y Leonardo Bruni-, o bien preocupados exclusivamente por cuestiones éticas, como ocurre con Alberti, Paulo Certaldo...

 

Alberti, en su obra El arte de la administración, examina el comportamiento social de las ciudades en relación con la economía. Por tanto, en su obra Libro de las buenas costumbres, estudia las relaciones de los ciudadanos entre sí. En todos los casos, lo que pretende el humanista cívico es la formación de un ciudadano mejor, dotado de virtud, de calidades públicas, cívicas, concentrado en el mundo urbano, sobre todo de los patricios.

 

 El fracaso de las ciudades-estado italianas como formas de opinión abiertas a la atención de los ciudadanos, y la institución de estas democracias aristocráticas por formas de gobierno bien señorial bien dictatorial, lleva parejo en la segunda mitad del siglo XV el relevo del humanismo cívico por el humanismo literario. Este humanismo literario poseyó una doble perspectiva, filosófica por un lado, y filológica por otro.

 

El humanismo filosófico que se renueva con Platón y el mundo de las ideas, en tanto que intenta postergar el realismo aristotélico que inspiraba al escolasticismo. Esta labor sería llevada cabo, bajo la protección del patronazgo cultural de Cosme y Lorenzo de Medici, por Marsilio Ficino y Pico della Mirandola.

 

No obstante, previamente conviene referirse, aun brevemente, al platonismo de Nicolás de Cusa. El pensamiento cusano da vueltas, casi obsesivamente, en torno al problema de Dios. Lo que le preocupa no es su existencia, sino la posibilidad de su conocimiento. Para Cusa, como para Platón, todo lo que es múltiple y relativo presupone la unidad absoluta. No podríamos conocer el más en menos, sino que conocíamos el máximo. Estas ideas las plasma en su obra el Idiota de Sapientia. O en De docta ignorantia. 

 

Marsilio Ficino traduce las obras de Platón y es autor de la Teología platónica, dedicada a Lorenzo de Medici. Sostiene que Dios es accesible a través del mundo de las ideas, bien mediante la dialéctica del conocimiento, bien mediante la dialéctica del amor. El éxito del platonismo es debido en buena manera a Ficino. El platonismo de Ficino, en palabras de Kristeller, en cuanto metafísica basada en la razón y la tradición platónica, pudo satisfacer las necesidades espirituales de los que estaban acostumbrados e inclinados a permanecer firmemente anclados en el cristianismo y a estudiar al mismo tiempo a los antiguos, y que buscaban una nueva justificación histórica y filosófica a su doble empeño. Su atractivo se incrementó por el hecho de que no se oponía a la religión cristiana ni a la inercia de la época, ni intentó sustituirlas. Ficino quiso realizar una " religión inteligente " para una élite cultivada, socialmente suficiente. La fascinación de la obra ficiniana reside en su invitación a mirar más allá de la opaca superficie de la realidad para captar tras ella el sello de una armonía oculta que todo lo anima y unifica. No debe buscarse en el universo el cuerpo, sino su alma; todo quien ve el alma ve El hombre, todas las cosas tienen una verdad, su alma. Dicha alma es su vida secreta, que se nos manifiesta a través de un ritmo, una forma, un destello de hermosura. La verdad no es nunca un término lógico, una abstracción conceptual, sino un alma, por lo que es lo mismo, un principio viviente de vida, de orden y de gracia. De la misma manera, el ser por excelencia es quien es vida y bondad, es decir, Dios padre, fuente de la luz y del amor. Filosofía es amor de Dios y retorno a Dios, es religión, es aquel momento de la vida espiritual en que se alcanza la comunión con Dios a través de la contemplación suprema. 

 

El éxito de Ficino fue indudable al imponer su horizonte especulativo por toda Europa a lo largo del siglo XVI. Su influjo se basó en su atractivo individual, siendo en este sentido más profundo si cabe, si se tiene en cuenta que afectó a la mayoría de los pensadores y escritores más importantes. Sin Ficino, serían incomprensibles dentro de la cultura europea aquel renovado sentido de la interioridad y los nuevos tonos que asume la vida moral y religiosa durante los siglos XVI y XVII.

 

Pico della Mirandola desarrolla una concepción filosófico-religiosa basada en la aspiración humana de alcanzar a Dios al margen de cualquier iglesia o religión organizada o positiva. En el circulo de Pico se gesta una especie de sincretismo religioso basado en referencia a Hermes, a Orfeo, a Pitágoras, a Platón, a Mahoma, a la cábala judía, a San Pablo, etc. Una religión común para todos los hombres (egipcios, clásicos, etc) en sintonía con los principios del cristianismo, que intenta renovar con la exégesis. A través de los códices de Constantinopla llegan los escritos de Platón, que van a interesar vivamente a Cosme de Medici, el cual influye poderosamente en Ficino para que comience a traducirlos (1469). Ese estudio intenta reconciliar la filosofía platónica con la teología cristiana, y-sin olvidar el avance del humanismo cívico-ver cómo dentro del hombre está situada el alma, centro activo del universo. 

 

La filosofía se conecta en una vía de percepción para que el hombre, activo en el conocimiento de Dios, pueda acceder a la morada divina a través del amor.

 

La tercera gran figura florentinas es, cómo no, Leonardo da Vinci. Este autor, desde un planteamiento radicalmente distinto al de Ficino y Pico, también forma parte de las denominadas " grandes olas Florentina”. Así, su platonismo de fondo no se orienta hacia la especulación, sino hacia el conocimiento de la naturaleza. Este conocimiento, con sus dos pilares fundamentales, la experiencia y el cálculo matemático, es la base sobre las que se apoya tanto las artes como la ciencia. La conexión entre arte y ciencia no es accidental en Leonardo; es el fruto del objetivo único que se propone: buscar en la naturaleza el orden mensurable de que es al mismo tiempo proporción evidente; el número que es al mismo tiempo belleza. Identifica la naturaleza con la necesidad matemática con lo que se aproxima a varios principios de la mecánica como la inercia, la composición de fuerzas y el plano inclinado lo que le sirvió de base para explicar el vuelo de los pájaros. Es una de las figuras más brillantes del Renacimiento.  

 

A diferencia del humanismo filológico, el humanismo filosófico se reduce a Florencia, lo que explica que otros importantes humanistas abandonen esta ciudad y se trasladen a otros centros donde se desarrollan otras facetas del renacimiento (Signorelli, Miguel Ángel, Boticelli, Leonardo, Verrochio... a Roma, Milán y Venecia respectivamente). 

 

El humanismo filológico, dedicado a la crítica filológica, va a recuperar las obras del período clásico es decir procediendo a una correcta edición de las mismas. Las nuevas ediciones aparecen expurgadas de los errores filológicos cometidos por los copistas y de las agregaciones efectuadas en relación al texto primitivo. El cultivador más destacado de este humanismo filológico sería el romano Lorenzo Valla, influido por un fuerte espíritu anti escolástico y, abrirá  camino al método, a la razón y a la crítica; puesto todo ello de manifiesto en la elaboración de un método filológico, el cual ensaya en sus Anotaciones al Nuevo Testamento. Asimismo, recurriendo a la crítica filológica, invalida la llamada " Donación de Constantino ", documento empleado por los papas para justificar el poder temporal: en ningún momento hubo otorgación de tal poder por parte del emperador Constantino al papa Silvestre I, la " donación " fue elaborada en el círculo papal con posterioridad al emperador. En otra obra titulada Elegancia de la lengua latina, Valla establece las bases críticas y científicas del latín, como lengua de la élite y de los órganos oficiales (cancillería).También Valla en sus obras filosóficas se ocupará de la compatibilidad entre la libertad humana y la presencia divina  Sobre el libre arbitrio. Lo solucionará desde la escolástica remitiendo a la Fe: la voluntad de Dios es un misterio para los hombres, como para los ángeles.

 

Llegados  a este punto conviene señalar, que las críticas de las que fue objeto por parte de numerosos humanistas y la fascinación ejercida en los espíritus por los esplendores del platonismo Florentino hicieron que en la visión tópica del renacimiento se asignara al aristotelismo un discreto segundo término. Hoy, en cambio, se tiende a acentuar su papel. Tanto más, cuanto que, a diferencia del platonismo, el aristotelismo en la doble dirección del tomismo y del averroismo, mantuvo una fuerte presencia en la vida universitaria de Italia. Así destacan algunos autores como Prieto Pomponazzi autor de De inmortalitate animae, alegato en favor de la no demostrabilidad filosófica de la inmortalidad y, por ende, de la relegación del tema al ámbito de la Fe religiosa. Al respecto enlazaba ya con Ockam quien desde su gnoseología nominalista, había declarado imposible cualquier prueba en favor de la inmortalidad del alma. Este autor sostiene que lo que no puede ser demostrado ó resuelto sobre la base de la pura tapón, puede ser verdadero en el plano de la Fe.

 

Con Pomponazzi se cierra el grupo de humanistas y filósofos italianos que se imponen, de un modo u otro, como tarea la recuperación del pensamiento antiguo. Los pensadores posteriores se mueven ya, desde ese a la distancia relativamente breve de algunos decenios, en un contexto intelectual muy diferente. Este viene propiciado por los cambios en la ciencia, el descubrimiento del nuevo mundo y el problema de la Reforma y la Contrarreforma que cambian la atmósfera espiritual de Europa- tal y como se verá más adelante-. Como observa Kristeller, " la tradición del pensamiento medieval, todavía viva en el siglo XV y a comienzos del XVI, empieza a declinar, y en adelante serán el pensamiento y la cultura del primer renacimiento los que darán, a las nuevas generaciones de pensadores y suscitaran por contraste sus reglas reacciones más inmediatas". La relación con la antigüedad permanece viva, pero ya no se trata de recuperarla, sino de inspirarse en ella y, si viene al caso, corregirla y superarla. Este es el caso de los tres filósofos italianos más importantes de la segunda mitad del siglo XVI: Telesio, Bruno y Campanella. 

 

Llegados a este punto conviene tratar el tema de la relación entre humanismo y ciencia. En efecto, la actividad de los humanistas en el campo de la ciencia cabe ser entendida como una potente fuerza renovadora, y no sólo por su descubrimiento de la pluralidad de las doctrinas y de las concepciones de las cosas y la consiguiente crisis de la teoría de la ciencia depositada en un solo autor, en un sólo libro, de modo similar a como la Biblia o el Corán recogían las enseñanzas de la Fe. 

 

En la Edad Media tardía, los esfuerzos estaban encaminados a enmarcar la construcción de la ciencia en las pautas del aristotelismo, ajustada a sus presupuestos metódicos y metafísicos y delimitados por su empirismo terreno y sus esferas celestes. De ahí los intentos de reducir cualquier otra doctrina a los esquemas aristotélicos o a calificarla de errónea. En los siglos XV y XVI, la constante presencia  de los textos de Demócrito, Epicuro,  Lucrecio y otros que les siguieron, propiciaron una compleja visión del mundo muy alejada, por lo demás, del cosmos aristotélico tal y como hemos visto. Los citados, junto a Platón, ayudaron a poner de manifiesto que la teoría de Aristóteles no era más que una de las muchas hipótesis generales sobre la realidad, y que sus libros no son la física sino una física entre otras. 

 

En este ámbito hay que incluir los dos hechos que de acuerdo con los testimonios de la época, gozaron de un carácter más revolucionario en la renovación del marco intelectual. Se trata del descubrimiento del nuevo mundo y del progresivo derrumbamiento del sistema geocéntrico. Dos aspectos del mismo proceso de transformación radical de las relaciones entre el hombre y el mundo, del individuo y el cosmos en expresión de Cassirier. 

 

Del descubrimiento del nuevo mundo, derivará una nueva visión de la naturaleza, distinta de una región a otra, planteándose, en consecuencia nuevos y grandes problemas relativos a la historia tradicional del diluvio. Es entonces cuando, partiendo de una visión reformada de la naturaleza, se empieza verdaderamente a estudiar la distribución geográfica de las plantas y animales. 

 

El segundo de los aspectos es lo que te ha dado en llamar revolución copernicana. Con ella cambiaba la visión del cosmos y toda la tradición bíblica, desde Isaías a Josúe, fue puesta en tela de juicio. Aquello significaba, sin duda, una ruptura de notable importancia con la tradición, una nueva visión de las relaciones hombre-mundo, además de lo que suponía como oposición a los principios mecánicos aristotélicos. Copérnico, De Revolotionibus orbium caelestium. Convierte la idea de la armonía universal en el centro de su argumentación. De nuevo hay que remitirse al papel desempeñado por los humanistas en su sistemática ruptura de la imagen de la centralidad de la Tierra, llevada a cabo por metafísico de tipo ficiano, poetas y literatos. Estas ideas reflejan, en cualquier caso, la necesidad de integrar la historia de la filosofía y la de la ciencia en una historia general de la cultura, poniendo de manifiesto la unidad de la cultura renacentista.

 

Cabe añadir que no se comprende la apertura identifica si no se examina la apertura mental relativa a la técnica. Porque desde el siglo XV, hay todo un florecimiento de aquellas artes que la Edad Media había considerado mecánicas. Ejemplar en el caso de Brunelleschi  frente a las técnicas artesanales de los constructores de las catedrales góticas. Brunelleschi emprende el estudio de la matemática con uno de los grandes cultivadores de la época, Toscanelli, y se traslada a Roma para examinar los procedimientos empleados por los antiguos ingenieros. Fruto de ellos será la cúpula de Santa María de las Flores en Florencia. El descubrimiento del sistema de perspectiva en Florencia, en los primeros años del siglo XV, considerado una recuperación de lo antiguo-y por tanto integrado en el ámbito de la cultura humanista-surge como el instrumento que hace posible la representación de la naturaleza y el desarrollo de la idea tridimensional del espacio. Con ello se rompe con el sistema a perspectivo medieval, la concepción del espacio como referencia trascendente y simbólica. La aparición de la perspectiva tuvo como consecuencia la aparición de un sistema único, se trataba de una representación racional del espacio, pero de un espacio pensado como dimensión de la relación y, por tanto, de la acción humana. Era, en fin, la relación del hombre con el mundo. Alberti; De Pictura .  

 

Dentro de la unidad de la cultura renacentista a la que los hemos referido desempeña un papel sobresaliente el desarrollo de las artes al que no aludiremos en este contexto debido a que tiene un tema específico en el temario de oposiciones; en todo caso, como se ha apreciado hasta el momento, numerosas figuras que se han señalado o citado, pertenecen a este ámbito-pertenecen en cuanto a, quizá, su más conocida faceta, pero no debe olvidarse, precisamente, lo señalado sobre la unicidad de la cultura renacentista, y por tanto, la diversidad de asuntos tratados por cada uno de ellos, de ahí la expresión: " hombre del renacimiento ".

 

Instaurada una nueva cultura universal se hizo europea. a  pesar de lo estudiado hasta ahora, el Humanismo es un fenómeno europeo. A partir del siglo XVI el humanismo se difunde por toda Europa, difusión en la que la imprenta-utilizada por primera vez en 1542-tendrá una importancia decisiva. La reducción de costes y el aceleramiento multiplicado de los ejemplares de una misma obra supondría una gran rapidez en la difusión de las obras. ( E. Eisenstandt; " La revolución en la imprenta" en Mikoulas, Teich (eds.); La revolución en la Historia).  

 

A las ideas y propósitos del primer humanismo italiano se agrega, con carácter muy definido, el humanismo cristiano, interesado básicamente en la regeneración de la iglesia, corroída por el paso del tiempo- esto tiene una gran transcendencia como se verá al hablar de la Reforma en el contexto de los conflictos político-religiosos-. Para tales fines, los humanistas proponen recuperar los ideales y las prácticas de la iglesia primitiva y el estudio de las sagradas escrituras. Los circulo humanistas de los Países Bajos, Renania, Inglaterra... afirman esta dimensión religiosa del humanismo, orientada básicamente a la regeneración del cristianismo. Para los Reuchelin, Colet, Lefévre d`Etaples, Erasmo, Moro... La admiración hacia los pensadores de la antigüedad debe ser una preparación para recibir mejor el mensaje bíblico. A continuación, lo que hacen es buscar y encontrar la perfecta relación el Dios-amor, y el hombre limpio, libre espectador. 

 

De todos los humanistas cristianos, el más brillante va a ser Erasmo de Roterdam (1466-1536). En 1503, publica en Lovaina su Enchiridion o Manual del caballero cristiano. Expone la idea de conjunción entre religión y libertad. La religión no aparece como hasta entonces (un ritual determinado por prescripciones acerca de la abstinencia, la comunión, la confesión... ritos exteriores ), sino como un mensaje amoroso, caritativo, que Cristo ofrece a los hombres a través del evangelio, que es el mensaje mediante el cual el hombre puede acercarse a Dios y puede encontrarlo. Erasmo va a permanecer fiel, constante a esta concepción religiosa se la denomina filosofía de Cristo " Philosophia Cristi ". 

 

A pesar de ser llamado por Lutero, Erasmo no  abandona el catolicismo, creyendo en la libertad que posee el hombre para-por sus propios medios-alcanzar la gracia divina, frente a la negativa que de esa libertad hace Lutero. En 1526, Erasmo escribe a este respecto De Libero Arbitrio, a lo que Lutero responde en 1526 con De servo arbitrio. Por otro lado, Erasm  no reduce su actividad intelectual a actividades religiosas sino que la amplía al terreno de la educación, la filología y las cuestiones cívicas.

 

En el terreno educativo escribe los Coloquia, una serie de diálogos destinados a iniciar a los alumnos en la conversación del latín (versan sobre la gracia de los clerigos acerca del mismo ). Obra de mayor difusión son sus Adagia. En 1559, la iglesia revisa la obra humanista de Erasmo poniendo en tela de juicio obras como sus Coloquia.-no obstante, esto ocurre en pleno fervor contra reformista, porque hay que señalar que Erasmo fue incluso invitad  a desempeñar una Cátedra en Castilla.

 

En el terreno filológico, sigue el método crítico-filológico iniciado por Lorenzo Valla; Este método lo utililiza para publicar correctamente los textos de Luciano, Terencio, Plauto y Séneca: textos que sobresalen por los valores humanos que aportan, una recuperación de la antigüedad útil para el desarrollo de los valores humanos-. Realiza además una nueva edición del Nuevo Testamento utilizando el método comparativo (método revolucionario en la época: consulta de los textos sagrados en  hebreo, arameo, griego, y latín), lo publica en griego. 

 

Finalmente trata cuestiones cívicas, preocupado por los gobernantes y los gobernados. Para el futuro Carlos V escribe en 1512 la Instrucción del príncipe cristiano; una obra de consejo donde Erasmo se preocupa además del bien común, del estado en el que tanto gobernante como gobernados tienen deberes. Elogio de la locura.

 

El humanismo se desarrolla en Francia en torno al College Royal, fundado por Francisco I. El humanismo francés hereda de Italia la devoción por la antigüedad, adopta pronto un talante singular, menos estético y más ético, que puede caracterizarse con una conocida máxima de Rabelais: " ciencia, sin conciencia no es sino ruina del alma ".  Esto hará del humanismo galo el anillo mediador entre el italiano y el nórdico.

 

 Destacan las figuras de Lefévre d`Etaples, renovador de los estudios bíblicos y traductor del Nuevo Testamento al francés. No hay que olvidar asimismo nombres como Budé, Bouelles,Vatableso Danes.

 

Pero, sin duda, la figura más destacada sería Montaigne.Este autor ha pasado a la historia como autor de los Essais, una obra cuyo objeto es el mismo. Como observa Abbagnano, el término " ensayos " no significa en este caso " intentos " sino " experiencias”. Montaigne pretende recoger las experiencias de los autores antiguos y ponerlas a prueba en relación con sus propias experiencias. Así articula el famoso " Que sais je?", que más que una profesión de escepticismo, es un acto de cautela y bondad intelectual, la conciencia aguda del carácter " humano"  y, por ende, inevitablemente limitado de todos nuestros conocimientos. Estoicismo y escepticismo son las herramientas de las que se sirve Montaigne, para sacar a la luz, el fondo de la condición humana. Como observa Abbagnano, " en Montaigne el humanismo alcanza su equilibrio. El hombre ya no se exalta, sino que se acepta a sí mismo por lo que es". Ahí radica, sin duda, la novedad del planteamiento del humanista galo, pero no sólo ahí. Además, hace de la " diferencia " el pivote de su pensamiento antropológico. Las normas que son válidas para unos, no lo son para otros. Todo depende de la experiencia individual de cada momento.

 

También en Inglaterra el humanismo toma un sesgo religioso. Iniciado durante el reinado de Enrique VII (1485-1509) alcanza su apogeo en el de su hijo Enrique VIII (1509-1547), prototipo en muchos aspectos del monarca renacentista. La impronta religiosa del humanismo inglés que se advierte ya en su primer representante,-Colet (1437-1519). Su obra más importante fue la fundación del colegio de San Pablo en Londres con el objetivo de proveer a los jóvenes talentos de una formación humanista y cristiana. Para este autor los clásicos antiguos eran importantes por la ayuda que podían prestar en la interpretación de la escritura y de los Padres de la iglesia y en la elaboración de una teología positiva, bíblico-patrística, destinada a sustituir a la trasnochada teología escolástica. Por todo ello, Colet influyó a la vez en Erasmo y en Tomás Moro. 

 

Thomas More (1478-1535), latiniza su nombre en Tomás Moro, comparte con Colet y Erasmo el ideal de la reforma moral e intelectual de la iglesia, pero representa a la  vez, de manera mucho más inequívoca que el segundo, la oposición humanista a la reforma protestante. A la intransigencia de los reformadores para quienes sólo contaba la Biblia, opone Moro que el pensamiento y la poesía de los paganos son también útiles a los cristiano, lo que no le impide darles la razón en su exigencia de traducir los libros sagrados a la lengua vulgar e incluso de reconocer el retraso de sus compatriotas en este terreno. Con el progreso de la reforma su postura se irá endureciendo. Es autor de una obra de polémica antiluterana Contra Lutherum y de varios tratados espirituales. Debe su fama como pensador al explosivo Libelus de optimo reipublicae statu deque nova insula Utopía--, una obra pionera que inaugura el género utópico, presentando, en frase del autor, sin filosofía, es decir, el modelo de una " ciudad filosófica".

 

En  Alemania, las ideas humanistas sirven para recuperar el espíritu y la cultura alemana. A esta corriente humanista propia de Alemania que la ha denominado Germanismo despectivo con la cultura latina, y busca la raíces de Germania. Esta orientación se encuentra en la obra de Conrad Celtes y Agrícola. Además de la recuperación del espíritu nacional, la reforma religiosa se manifiesta en la opinión de Winpheling y Peutinger. Mucho más erudito es el humanismo de Munth, uno de los más profundos conocedores de Platón. Asimismo, Reuchlin es uno de los filósofos más completo.

 

Se  ha señalado en numerosas ocasiones que España careció de Renacimiento. Este punto de vista tiene una triple raíz (Eusebi Colomer): El desconocimiento por parte de algunos historiadores europeos de la compleja historia cultural hispánica, el prejuicio que identifica el renacimiento con el humanismo laico y la idea-hoy superada-de una ruptura total entre el medievo y el renacimiento. Ni que decir tiene que en la Península ibérica el vuelco cultural operado por el renacimiento no fue tan hondo como en Italia, y, por supuesto, mucho más tardío. Pero, como advierte Miguel Batllori en su obra Humanismo y Renacimiento, no hay motivos serios para negar " la existencia en España de un verdadero renacimiento, con sus características intrínsecas y cronológicas, pero también con los rasgos comunes a todos los renacimientos europeos. Ahora bien, el renacimiento se introduce en España siguiendo la influencia de la historia; de Italia pasa primero a los países del antiguo reino de Aragón y después a Castilla y al resto de la península. 

 

El humanismo catalano-aragonés se origina de los contactos culturales con Italia y Bizancio. El primer humanista hispano será Bernat Metge. Tanto él como Anselm Turmeda muestran la inquietud de espíritu del hombre que esta época de transición, a caballo entre la seguridad de la de medieval y los primeros brotes críticos del renacimiento. Posición distinta se aprecia en Ramón Sibiuda. Entre sus obras destacan temas como Dios, la creación, la dignidad, la Fe, el amor y el temor, la sagrada escritura, Los Ángeles, en Italia el pecado original, la redención, los sacramentos, y perjuicio idea. En contra de lo que pudiera parecer fue objeto de elogios por Montaigne y Lefévre d` Etaples consecuencia lógica de el acusado antropocentrismo que se refleja en sus obras por muy medievales que fueran sus materiales.

 

A  fines del siglo XV, en la corte de los Reyes católicos, Fernando e Isabel, el Humanismo castellano toma el relevo al precoz, pero modesto Humanismo catalán. Destacan figuras como Lucio Marineo Siculo y Pedro Martir de Angleria. El cardenal Cisneros funda la Universidad de Alcalá (además de invitar a Erasmo. Renovación historiográfica sobre la apertura peninsular a las corrientes europeas en Batillon, M; Erasmo y España. ), en la que, junto a las clásicas facultades de teología, arte, derecho y medicina, florecen los estudios humanísticos, las lenguas clásicas y la filosofía. Fruto de este nuevo centro de estudios es la famosa Biblia Políglota Complutensis. Como observa Miguel Batllori, si el humanismo supone una cierta dispersión de disciplina y problemas nuevos, éstos son reducidos a la unidad desde la vida del hombre, que es su centro, y desde el deseo de la unidad del saber. Ahora bien, el momento en el que el humanismo supera su primera prevención hacia las lenguas vulgares coincide en España con aquel otro, en el que el castellano sustituye al catalán en su difusión europea e inicia su futura expansión Americana: se impone, pues, su unificación gramatical. Aquella primera unidad del saber será objeto de la búsqueda intelectual de Fernando de Córdoba; la segunda constituirá la obra de Nebrija. Para Batllori, Nebrija es " un humanista del renacimiento español en el sentido más completo de esta palabra”. La senda abierta por Nebrija fue seguida por numerosos discípulos como Hernando Alonso de Herrera, Fernán Pérez de Oliva. Igualmente destaca la figura de Ginés de Sepúlveda y sus debates a propósito de las Indias con Bartolomé de las casas. Hay autores que han visto en Sepúlveda un esbozo de los posteriores tratados jurídico-internacionales de Vitoria, Suárez y Grocio. 

 

Con la figura de Joan Lluis Vives el humanismo hispánico deviene en europeo a juicio de Eusebi Colomer. Destaca en este autor, la predilección por el método que es un rasgo característico del pensamiento moderno. La inmensa obra lógica, pedagógica, psicológica y ético-política del humanista valenciano recoge lo que había de mejor en los ideales y aspiraciones del hombre del renacimiento: la crítica de la dialéctica vacía, la atención a la experiencia y la introspección, la exigencia de una educación menos rutinaria y más creadora, el deseo de paz entre las naciones cristiana y de una vida moral, más humana y auténtica. No falta quien ha visto en Vives un precursor de Bacon de Descartes o Kant. Vives subraya la importancia del recurso a la experiencia y de la dependencia del pensamiento frente al dogmatismo. Es un filósofo a la manera del humanismo, más un educador del pensamiento que un constructor de sistemas.

 

Finalmente, al este del Elba, el humanismo aparece en puntos aislados pero importantes: Cracovia-renacimiento científico-, Vilma y Könisberg-renacimiento artístico-. De especial mención resultan los trabajos de Copérnico que, como hemos señalado, introducen una nueva visión del universo.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Jacob Burckhardt en su obra La cultura del renacimiento en Italia (1860).

Huizinga en, por ejemplo, El Otoño de la Edad Media)

de Ferguson, Tenenti y R. Romano en su obra La formación del mundo moderno, Mackenney en su obra El siglo XVI. Expansión y conflicto

Garín en su libro La revolución cultural del renacimiento o también en Medievo y renacimiento

P. Burke en El Renacimiento

Eusebi Colomer; Movimientos de renovación: Humanismo y Renacimiento.Como han puesto de relieve Giovanni Reale y Dario Antiseri en Historia del pensamiento filosófico y de la ciencia, vol.II. "

Manuel Fernández Álvarez

Abagnano ( en Historia de la filosofía.Vol.II

P.O. Kristeller en El pensamiento renacentista y las artes

Quentin Skinner en Los fundamentos del pensamiento político moderno.Vol.I

Panofsky; Idea

( E. Eisenstandt; " La revolución en la imprenta" en Mikoulas, Teich (eds.); La revolución en la Historia).  

 

ALFREDO RIVERO RODRÍGUEZ

IES JUAN SEBASTIÁN ELCANO

(CARTAGENA)

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