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LA HISTORIA COMO CONOCIMENTO CIENTÍFICO

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En primer lugar, debemos señalar que el objeto del proceso de investigación científica pretende lograr el mayor acercamiento posible a la realidad, a la verdad, reducir el campo de lo ininteligible. En función del ámbito investigador en el que nos movamos, de la ciencia que sigamos, haremos ciencia siguiendo uno u otro método científico. El conocimiento científico se diferencia de otro tipo de conocimiento por su fundamentación, por su carácter, de ahí que a continuación nos refiramos a la posibilidad de un conocimiento científico.

En efecto, la ciencia adquiere su autonomía con la modernidad, combinando un proceso iniciado en el Renacimiento y desarrollado en los siglos XVII y XVIII (Leibniz, Descartes, Newton, Ilustración) donde se establece el edificio de lo que constituye la racionalidad moderna. Esta se fundamentará en la influencia del sistema newtoniano - de gran efecto sobre la filosofía de la Ilustración- que en la figura de Kant (Critica de la Razón Pura) adquiere la posición de verdad ontológica, constituyéndose en la base del saber. Kant establece los fundamentos y los límites de la razón humana a través de una síntesis que  trata de superar las dos corrientes del pensamiento occidental de la segunda mitad del siglo XVIII; el racionalismo de la Ilustración y el empirismo inglés. Así, establece que el conocimiento se inicia con la experiencia y la mente lo conforma para que finalmente se produzca. Kant sitúa la ley de causalidad como ley fundamental de naturaleza y lo aplica igualmente a la historia, que al igual que la naturaleza estaría regida por leyes.

 En este contexto, con la concepción de una ciencia regida por leyes inmutables, durante el siglo XIX y los cambios asociados a él (industrialización, física, matemáticas, química, geometría...) se llega a la conclusión de la infalibilidad de la ciencia avalada por el determinismo mecanicista. Esto es la ciencia elaboraba leyes que permitían conocer paulatinamente la naturaleza y su funcionamiento. Pero, ¿sobre qué elemento intelectual se formula esta visión del conocimiento? Naturalmente sobre la concepción newtoniana de un tiempo exterior y objetivo. Al conocimiento se accedía a través del método que era único independientemente del objeto de estudio.

 

Los descubrimientos científicos del siglo XX (mecánica cuántica, Teoría de la Relatividad, biología molecular...) dan al traste con la ilusión cientifista del paradigma newtoniano, de una realidad reducible a leyes que nos muestren un conocimiento objetivo. Sergio Sevilla indica que "entra en crisis la filosofía del cientifismo"[i]. Es decir, no es posible una teoría facilitadora de un conocimiento omnicomprensivo. En efecto, la ciencia ha reconocido que el mundo resulta confuso, que no cabe discernir regularidades que puedan constituir generalizaciones científicas que le sean aplicables de forma absoluta. De hecho en ciencia no hay regularidades sin excepciones (excepto algunos casos de óptica o astronomía) (paradigma de la complejidad). 

 

¿Qué conocimiento entonces? Acabamos de señalar como la concepción empírico inductiva de la ciencia entra en crisis a lo largo del siglo, lo que ha contribuido a exacerbar la critica postmoderna del conocimiento. Así según esta crítica, al menos en sus defensores más radicales, se debe poner en cuestión la posibilidad de alcanzar el conocimiento racional y causalista. La postmodernidad se instala en la llamada "crisis cognitiva", en el nihilismo ontológico y gnoseológico, al romper con el principio de causalidad básico en la racionalidad moderna. Aun siendo desde luego muy criticable esta posición ha tenido la virtualidad de resaltar la ingenuidad de la confianza ciega en una razón omnicomprensiva, capaz de percibir e interpretar el mundo "de una vez por todas", en todo caso para autoras como Hernández Sandoica estas posiciones se encontrarían dentro de la propia modernidad (Los caminos de la historia).

 

Dicho esto, el ser consciente de los elementos categoriales de la percepción del investigador, de la provisionalidad del conocimiento o de la existencia implícita o explícita  a la luz de la cual se plantean las investigaciones y que lógicamente condiciona el proceso y los resultados de la investigación, no significa que no sea posible acercarse a la  "verdad", al conocimiento de la realidad, de una forma objetiva y racional. No es exactamente la modernidad la que entra en crisis sino la concepción positivista de la misma.

 

Visto esto, podemos comentar los caracteres generales del proceso de investigación científica.

 

El conocimiento científico es el más acabado que se produce y se logra mediante una serie de operaciones que denominamos método científico  (diferentes, en ocasiones, según el objeto de estudio de que se trate). Los caracteres principales del método científico son, según Sierra Bravo[ii]; la existencia explícita o implícita de un marco teórico que lo informa, la duda científica, formula hipótesis que deben ser constatables empíricamente la mayor parte de las veces (aquí debemos precisar que también es ciencia una investigación que no sea exactamente constatable empíricamente, pero que sí siga los criterios de lo que constituye ciencia - por no hablar de los axiomas sobre los que se ha construido gran parte de las matemáticas-), sigue procedimientos tanto inductivos como deductivos, crítico, selectivo y preciso.

 

El proceso de investigación científica pasa por una serie de fases que se inician con el planteamiento teórico del objeto de investigación. A continuación, se abordan los aspectos metodológicos (que deben ser contrastables por la lógica) de la investigación como son la definición de las hipótesis de trabajo, la documentación (primaria y secundaria) sobre los diferentes aspectos del trabajo, la verificación o falsación de las hipótesis para finalmente elaborar las pertinentes conclusiones que nos llevan a modificar los aspectos que sean necesarios de la teoría previa de la cual se ha partido y contrastándola con otras de diferentes investigaciones a las cuales deberá realizar alguna aportación. Este proceso queda reflejado en la elaboración del correspondiente estudio que es dado a conocer a la comunidad para su estudio y contraste, con el objeto de debatir los resultados obtenidos ya que la investigación científica no es un asunto puramente individual sino que por el contrario se inserta, y en numerosos casos es determinada, por el marco socio-cultural en el que se produce.

Una vez planteadas las cuestiones relativas al concepto de ciencia y la metodología de la investigación científica se planteó la necesidad de analizar el modo en que los historiadores se enfrentan a la reconstrucción del pasado

 

Las diferentes formas de elaborar el conocimiento histórico, de historiar se pueden quizá ejemplificar a la hora de hablar de la causalidad histórica.

 

Abordar el estudio de la causalidad histórica requiere - al ser, como veremos, un tema controvertido- situarse en el marco global de la concepción de la historia, y, por tanto, de una determinada interpretación de la misma. Así, según la teoría en la que se inserte el historiador- en caso de que lo haga- le llevará a requerir explicaciones causales o multicausales, o no, en su que hacer historiográfico.

 

En un célebre aserto Carr señaló que "el estudio de la historia es un estudio de causas" (Carr, E. H; 1987, pág. 163). No obstante esto dista de ser compartido por todos los autores y el problema de la causalidad histórica es seguramente uno de los más significativos que puedan darse en lo que atañe a la epistemología de la disciplina y que, por tanto, más se han ocupado los historiadores desde que la historia se concibe como disciplina científica y sobre todo, en este siglo, merced a los cambios originados de ola ciencia en lo que atañe a nuestra forma de ver y entender el mundo. Así pues, la respuesta a la cuestión de la causalidad histórica van ligadas a los parámetros científico-culturales de cada época. En la actualidad y en el marco general del debate filosófico modernidad- postmodernidad, esta cuestión cobra, de nuevo, notable relevancia.

 

La evolución del concepto de ciencia que hemos visto ha afectado a las grandes teorías de la historia desde el marxismo pasando por Annales al estructuralismo. Ahora bien, certifica la propia cientificidad de la historia por cuanto las dudas epistemológicas que se le achacaban respecto al conocimiento son compartidas por la ciencia en general... a no ser que aceptemos el pensamiento postmoderno (o mejor, su vertiente radical) que instalado en la "crisis cognitiva" impugna la posibilidad del conocimiento histórico a través de la puesta en duda de todo el conocimiento racional y causalista ofrecido por la ciencia. Es el llamado "pensamiento débil" (Vattimo, G; 1994, pág. 22) de tanta influencia en ciertas modas historiográficas que se fundamentan en la estrategia de deconstrución propugnada por Derrida. Esto nos conduce a una especie de "todo vale" a un nihilismo gnoseológico, una ruptura con el principio de causalidad, que como hemos señalado repetidamente, constituye el elemento básico de la racionalidad moderna. En definitiva, la propuesta postmoderna invoca la imposibilidad de un conocimiento racional, causal y "verdadero".

 

Enrique Moradiellos[iii] -a quien seguiremos a continuación- ha criticado estos presupuestos en función de la consideración de la historia como tributaría de tres principios axiomáticos inexcusables  (consecuencia de la modernidad) para el mantenimiento del edificio civilizatorio. Esto es;

 

1.     Principio critico de verificabilidad de las pruebas materiales que sirven de soporte a las afirmaciones historiográficas.

 

2.     Principio de desarrollo inmanente y secular en la explicación e interpretación histórica, a tenor del cual todo acontecimiento humano está conectado o determinado por otro precedente y emerge de condiciones previas descartando la intervención de causas exógenas (divinidad, astros) de puro azar (reintroducido por el discurso postmoderno).

 

3.     Principio de significación temporal.

 

De esto se deduce que la historia elabora conocimiento científico y "verdades históricas" sobre el pasado (naturalmente no absolutas) que se diferencian por su carácter científico (teoría, método...) de otros conocimientos (mágico, mítico, religioso...) sino, ¿cómo diferenciarlos?. Sin duda, admitiendo una inevitable relatividad epistemológica, sabiendo que el conocimiento de la realidad es siempre parcial - he ahí la diferencia con los grandes discursos del XIX aludidos (vertiente laica de la escatología, en definitiva), quizá la nueva etapa quepa conceptualizarla, con Giddens, de modernidad tardía -escasamente generalizable y sometido a constante revisión, independientemente de que constituya una forma de conocimiento válido por excelencia según lo apuntado anteriormente y que resuelve problemas empíricos enfocándolos adecuadamente.

 

Hasta aquí hemos tratado de justificar la posibilidad de la existencia de un conocimiento histórico e incluso, pese a todas las incertidumbres, la necesidad de una visión holística del mundo- de ahí la caduca diferenciación entre "ciencias" y "letras" que ha señalado recientemente Ilía Prigogine -. Como eje central cabe situar la causalidad histórica.

 

Al inicio se ha señalado como Carr invocaba que el estudio de la historia es un estudio de causas. Sin embargo, esto es decir todo y no decir nada porque ante un mismo acontecimiento los historiadores pueden invocar causas muy diferentes, diferentes en cuanto a la cuestión principal que ha de plantearse un historiador, ¿por qué? A esto cabría añadir que la respuesta nunca es una sino múltiple, luego nos enfrentamos a la multicausalidad y aún, en esa multicausalidad destaca la teoría, el marco explicativo, que tenga el historiador lo que le hará privilegiar unas causas u otras.

 

En todo caso hay que recordar que en la actualidad no cabe establecer nexos causales que mecánicamente se repitan en todo tiempo y en todo lugar. Por otra parte tampoco se trata de llegar a determinar la instancia última que determina un acontecimiento, sino priorizar en función de la investigación histórica. Según Cardoso[iv] la explicación causal debe vincularse al análisis estructural que la sitúe globalmente. Esto es algo en lo que coinciden otros autores como el propio Pagés, Sandoica, Moradiellos o Arostegui. Este último,  donde se recogen las conclusiones de su última obra sobre metodología histórica, señala que una explicación de lo histórico "tiene que basarse esencialmente en una concepción sistemática y estructuracionista de la sociedad y de la acción social" a través de tres etapas:

 

1.     Se buscan las estructuras existentes, teniendo como marco de referencia el sistema.

 

2.     Se buscan las causas como fruto de un complejo de relaciones y análisis de la causa empírica de sus efectos.

 

3.     Dándose una dialéctica entre acción y estructura.

 

De lo dicho cabe inferir respecto a la causalidad histórica  lo siguiente:

 

1.     Se inserta en el marco global del pensamiento científico y filosófico del presente.

 

2.     Depende, a su vez, de la propia teoría y método del historiador.

 

Como hemos visto, la historia se consolida como disciplina científica desde el siglo XIX al constituir un discurso fundamentado en criterios de verdad - tengamos en cuenta que hasta ese momento había permanecido en el ámbito de lo literario -. En el panorama historiográfico actual, se asiste, fruto del ambiente postmoderno, a una revalorización de del discurso histórico entendido como narración, como literatura en ocasiones lo que hace difícil delimitar la frontera entre ciencia y ficción.

 

No obstante, lejos de este radicalismo las lecturas realizadas, sin excluir la importancia de la comunicación histórica, muestran la importancia de la reflexión sobre la construcción del conocimiento histórico.

 

La pregunta para Bloch o para Vilar es como se escribe la historia, como se conoce el pasado, es decir como comunicar el conocimiento histórico y, a la vez, como se construye ese conocimiento - particularmente sugerentes son las apreciaciones de Vilar sobre la necesidad de ser precisos a la hora de utilizar los términos con precisión histórica -. El historiador habla del pasado, a partir de enunciados que alguien construyó, por lo general, (fuentes), y dirigiéndose a quien lo escucha. Ambos son seres situados históricamente. Esto justifica las diferentes formas de construcción del discurso histórico como muestra la aproximación de la microhistoria que realiza Natalie Z. Davies al hablar de Martin Guerre.

 

Desde esta reflexión se pueden establecer los siguientes supuestos tal y como coinciden en poner de manifiesto, primero el poderoso influjo de Bloch y también en algunos sentidos discurso metodológico de Pierre Vilar:

 

1.- La historia se inscribe en la dinámica de la sociedad, es decir, es un saber situado. Esto impide que el discurso de la historia sea ahistórico. Debido a eso, la reflexión sobre la historia puede ya no se hace de forma abstracta o general (Natalie Z. Davies).

 

2.- La historia se estudia a partir de las prácticas que posibilitan su realización. De esta manera la historiografía deja de pensar que el conocimiento es algo que sucede en la mente del investigador, sino que está sustentado en una serie de procedimientos técnicos. Al analizar las prácticas, es decir, aquello que el historiador cuando elabora la historia (visitar archivos, clasificar documentos, interpretarlos, escribir textos) deja de concebir a la historiografía como un análisis que sólo se ocupa en investigar acerca de las ideas - metodología, concepción de la historia, interpretación - que usa el historiador.

 

3.- La historia, como insiste en señalar Vilar, siempre está situada y se lleva a cabo por la mediación de prácticas, cumple una función específica dependiendo de la época que estemos analizando.

 

Dicho esto resulta sumamente impactante la forma en que Pierre Vilar comenta, más allá de cualquier estudio científico sobre el tema, el ambiente que él vivió en el surgimiento del fascismo y la poca consideración por el fenómeno, casi despectiva que tuvieron los contemporáneos del mismo, lo que a juicio de Vilar es fundamental a la hora de explicar el impacto que el fascismo tuvo.

 

En todo caso el punto de vista en común aun desde épocas distintas y metodologías diferentes, consiste en la ampliación teórica de los estudios históricos diferentes, contribuyendo a la superación de la vieja historia narrativa. De hecho a través de las lecturas de la obra de los historiadores señalados (Bloch, Vilar, Fraser y N. Z. Davies) se aprecia la evolución de la disciplina histórica y de los diferentes modos de abordarla, desde la historia total, la historia social, la historia oral a la microhistoria, de los últimos sesenta años.

 

Un aspecto en común entre estos autores, sobre todo entre Vilar y N.Z. Davies es la preocupación por los elementos psicológicos y simbólicos en la explicación histórica. Así, pese a las evidentes dificultades metodológicas para lograr estudiar con fiabilidad estos aspectos, la influencia de las percepciones sociales de la realidad es definitiva a la hora de tener un conocimiento más cabal de la historia. Resulta de sumo interés como aspectos simbólicos, sean o no ciertos, normalmente no lo son, se constituyen en evidencia social, es decir son verdaderos en el sentido de que las sociedades los consideran como tales lo que lógicamente influye en su comportamiento.

 

Un último aspecto, subjetivo, que se deduce de las lecturas realizadas lo constituyen los propios investigadores, su posicionamiento, la empatía en sus investigaciones así como la intuición, formación, a veces en las circunstancias más difíciles, resultan decisivos en la orientación de las investigaciones, en las aportaciones, en ocasiones rupturas metodológicas. Como no recordar en este sentido la aportación de Bloch, la de Vilar o el Mediterráneo de Braudel que tanto ha significado para unas generaciones de historiadores y que fue concebido en un campo de concentración.

 

NOTAS

 



[i]               Ruiz Torres, P (ed); “La historiografía”. AYER nº 12 Marcial Pons, 1993, pp. 43

[ii]              Sierra Bravo, R; Tesis doctorales y trabajos de investigación científica. Paraninfo, 1996, pp.31 y ss.

[iii]             Moradiellos, E; El oficio de historiador. Siglo XXI, 1994. pp. 10

[iv]              cit. en Pagés, P; Introducción a la historia. Barcanova,  1983, pp. 33.

 

 

            BIBLIOGRAFÍA

 

            Barros, Carlos, Ed. Historia a Debate Actas del II Congreso Internacional “Historia a Debate”. 3 vols. A Coruña, Historia a Debate. 2000.

                                                 Burke, P; La revolución historiográfica francesa. La escuela de los Annales, 1929-1984. Barcelona, Gedisa, 1994.

            Burke, P; Formas de historia cultural. Madrid. Alianza Editorial., 2000.

            Carr, E.H; ¿Qué es la historia?. Ariel, 1987.

            Ferrater Mora, J; Cuatro visiones de la historia. Madrid, Alianza Editorial, 1988.

            Hernández Sandoica, E; Los caminos de la historia. Madrid, Sínteis, 1995

            Mastrogregori, M; El manuscrito interrumpido de Marc Bloch. Apología para al historia o el oficio de historiador. F.C.E., 1998.

            Moradiellos, E; El oficio de historiador. Siglo XXI, 1994.

            Pagés, P; Introducción a la historia. Barcanova, 1993.

            Sierra Bravo, R; Tesis doctorales y trabajos de investigación científica. Paraninfo, 1996.

            Vattimo, G y otros; En torno a la postmodernidad. Anthropos, 1994.

            Vilar, P ; Pensar históricamente. Barcelona, Critica, 1999.

 

 

 

ALFREDO RIVERO RODRÍGUEZ

IES JUAN SEBASTIÁN ELCANO

(CARTAGENA)

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