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LA MÁQUINA DEL TIEMPO Y LA POSIBILIDAD DE HACER SUMAS INFINITAS.

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En este artículo damos una prueba de que si uno acepta las siguientes tesis de David K. Lewis:
  1. Es posible viajar en el tiempo.

  2. Un individuo, una piedra o un árbol, es un todo compuesto de partes temporales.

Lo siguiente es posible:

  1. Realizar, por parte de un mortal, una serie infinita de sumas en un tiempo finito, mediante la realización de una serie finita de tareas.

 

Max Black ha defendido que “la expresión ´serie infinita de acciones`t es autocontradictoria” (Black 1951: 95). Por supuesto, según (iii) nadie hace una serie infinita de acciones, como veremos no es necesario. En cualquier caso Black no considera la posibilidad de viajar en el tiempo. Lo que nosotros defendemos es el siguiente condicional: Si (i) y (ii) son verdaderas, entonces es posible (iii). (La cita original de Black dice “the expression, “infinite series of acts”, is self-contradictory”, la traducción es mía). De este modo nos centraremos en nuestra prueba, dejando de lado una discusión con Black. Así, en lo que sigue diremos:


  1. Algunas palabras sobre las tesis (i) y (ii). Trataremos de limitarnos a los aspectos relevantes para la demostración de (iii).

Y daremos:

  1. Una prueba de que es posible (iii), dadas (i) y (ii).


ALGUNAS PALABRAS SOBRE (i) Y (ii).

La tesis (i) implica esto:

Un viajero parte y después llega a su destino; el tiempo transcurrido entre partida y llegada (positivo, o quizás cero) es la duración de la jornada. Pero si es un viajero en el tiempo, la separación temporal entre partida y llegada no es igual a la duración de su jornada. Parte; viaja durante, digamos una hora. El tiempo al que llega no es el de una hora después de su partida” (Lewis [1971] : 2).

Y Lewis lo soluciona así: por un lado distingue entre tiempo externo y tiempo personal del viajero. El tiempo externo “es una de las cuatro dimensiones” (Lewis [1971]: 3). Viajar en el tiempo, entendido el tiempo como “el tiempo mismo”, quiere decir que aunque el viaje de, digamos, 2008 d. C a 2007 d. C dura una hora, sin embargo el viajero ha llegado a un suceso un año anterior a la fecha de su partida. Y esto, a su vez, se explica con ayuda del tiempo personal: “aquello que ejerce cierto rol en el patrón de sucesos que conforman la vida del viajero” (Lewis [1971]: 4), es decir, los cambios cualitativos, envejecer o que nos salgan dientes por ejemplo, los cuales “manifiestan ciertas regularidades en relación al tiempo externo” (Lewis [1971]: 4). Por otro lado, y en coherencia con lo anterior, se compromete con (ii): “Las cosas que perduran son vetas de carácter personal: son todos compuestos de partes temporales, o estadios, situados en varios tiempos y lugares” (Lewis [1971] : 3). Además también se compromete con este concepto de cambio: “El cambio es la diferencia cualitativa entre diferentes estadios – diferentes partes temporales – de algo que perdura”. Un viajero podría asistir a su propio entierro, simplemente dos partes temporales distintas se encontrarían en el mismo tiempo y lugar. Por su puesto hay diferencias cualitativas entre ellas, la más evidente: una parte temporal está viva, la otra muerta:

Un viajero en el tiempo, como cualquiera, es una veta a través de la diversidad del espacio-tiempo, un todo compuesto de estadios situados en varios tiempos y lugares (...) Un viajero en el tiempo que habla consigo mismo, por teléfono, le parece a todo el mundo dos personas diferentes hablando entre sí. No es correcto decir que todo él está en dos lugares al mismo tiempo, puesto que ninguno de los estadios implicados en la conversación es todo él, ni siquiera toda la parte suya que se encuentra en el tiempo (externo) de la conversación. Lo que sí es cierto es que él, a diferencia del resto de nosotros, tiene dos estadios diferentes completos situados al mismo tiempo en lugares distintos (...) lo que une los estadios (o segmentos) de un viajero en el tiempo es el mismo tipo de continuidad y conexión mental, o mental en su mayor parte, que une a cualquiera. La única diferencia es que mientras una persona común es continua y conexa respecto al tiempo externo, el viajero en el tiempo es continuo y conexo sólo con respecto a su propio tiempo personal” (Lewis [1971] : 3 y 6-7)

Esto es todo lo que hay que decir sobre (i) y (ii) para probar que (iii) es posible, si (i) y (ii) son verdaderas.

PRUEBA DE QUE SI (i) Y (ii) SON VERDADERAS, ENTONCES (iii) ES POSIBLE.

La idea es hacer infinitas sumas realizando una serie finita de tareas, en un tiempo, por supuesto finito, por parte de un mortal. Para hacer tal cosa no sólo hace falta la verdad de (i) y (ii), también necesitamos lo siguiente:

  • Una máquina del tiempo que permita viajar con material informático sin que este se deteriore.

  • X, un voluntario que sepa sumar.

  • Un pendrive.

  • Un PC

  • Una lista de tareas, una especie de recordatorio, que sigue X.

Estas son las tareas que aparecen en la lista, las que hace X:

  1. A las 10: 00:00 h., según el tiempo personal de X, enciende el PC.

  2. A las 10: 01: 00 h. Abre un documento de Word y escribe un 0.

  3. Suma 1 a las 10: 01: 02 h. Borra el 0 y escribe el resultado. Guarda el documento en el pen drive.

  4. A las 10: 01: 05 h. aparecerás por la máquina del tiempo. Vienes del futuro. Intercambiar los pen drives (son distintos trozos temporales del mismo).

  5. A las 10: 01: 10 h. Introduce el pen drive en el ordenador. Abre el documento que hay. Suma 1 al número que hay en el documento, borra el número que había, escribe el resultado de la suma y guarda el documento.

  6. A las 10: 02: 00 h. entra en la máquina del tiempo y viaja al pasado, a ese mismo día, de ese mismo año, a ese mismo lugar, a las 10: 01: 05 h.

  7. A las 10: 02: 02 h (en el reloj del viajero), te encontrarás contigo mismo, un minuto más joven. Intercambia contigo mismo el mismo pen drive.

  8. Vete a vivir tu vida (acaba sus tareas).

X hace infinitas sumas, realizando las tareas que aparecen en su lista, que son finitas, en un tiempo finito, 2 minutos y 2 segundos. Se podría objetar que hace la misma suma, pero eso sería falso: la tarea 4 impide que haga la misma suma. Por las tareas 1 y 2 X produce cierta información; las tareas 4 y 7 son simultáneas: X intercambia información consigo mismo. Ahora bien, X recibe información del futuro, en función de la cual hará una u otra suma (o sumará 1 a un número u otro). La continuidad del pendrive, el hecho de que sea un aparato con memoria, permite que a las 10: 01: 10 h haga una suma distinta a la que ha hecho antes (tiempo del pendrive) en el pendrive. En el mismo pendrive se produce un cambio de información, si lo miramos desde el tiempo del pendrive, las tareas 3-7 garantizan que en ese pendrive se hagan infinitas sumas. Lo podemos ver también así: A las 10: 01: 10 h X suma 1 al número que encuentra (tarea 5) y el número que encuentra viene del futuro (tareas 4, 6 y 7), es el resultado de la suma hecha a las 10: 01: 10 h. que se memoriza en el pendrive entre esa hora y las 10: 02: 00 h. La tarea 8, garantiza, por su parte la finitud de las tareas. El pendrive, por supuesto, no hace ninguna tarea, en todo caso padece las tareas.

Las tareas 4-7 creemos que obligan a comprometerse con la tesis de un tiempo que se ramifica. Es decir, según esta tesis de David Lewis en una ramificación X encontraría un 2 y sumaría 1, en otra un 3, etc. “En una ramificación Tim está ausente de los sucesos de 1921; Abuelo vive; Tim nace, crece, y se desvanece en su máquina del tiempo. La otra ramificación diverge de la primera cuando Tim aparece en 1920; ahí Tim mata a Abuelo y Abuelo no deja ni dinero ni fortuna (...) Pero no es una historia en la que el asesinato de Abuelo por Tim ocurre y no ocurre: sencillamente ocurre, aunque está localizado en una ramificación y no en la otra” (Lewis 1971: 16-). Nos gustaría decir algunas palabras respecto del asesinato de Abuelo, si bien éste no es el tema principal del artículo. Creemos que éste es posible evitando ciertas paradojas o “rarezas” – como Lewis prefiere llamarlas - con un tiempo que no se ramifica, si aceptamos (i) y (ii) procediendo así: Tim, siguiendo el relato de Lewis, quiere matar a su abuelo. Construye una máquina del tiempo y viaja a los años 20, para cometer el asesinato. El problema es que si Tim mata a su abuelo no nacerá, pero si no nace, entonces ¿cómo puede matar a su abuelo? La solución de Lewis a esto es la tesis de que el tiempo se ramifica. La nuestra es la siguiente: Supongamos que Tim viaja a 1922, secuestra a Abuelo, viaja con él hasta 1920. Al secuestrado lo suelta en 1920, secuestra al que se encuentra allí – con lo que Tim se asegura de que habrá un abuelo que secuestrar en 1922. Viaja a 1922, suelta a Abuelo 1920 y secuestra a Abuelo 1922. Después viaja a 1923, secuestra a Abuelo 1923 y suelta a Abuelo 1922 – con lo que se asegura de que habrá un abuelo que conciba a Madre o Padre de Tim. Finalmente mata a Abuelo 1923. De hecho, si a esto le añadimos la tesis de la causalidad invertida (según la cual el efecto precede a la causa), entonces quizás tales sucesos hacen que todo el mundo tome a Abuelo por loco desde el año 1920, lo que lo vuelve despreciable y huraño, provocando un gran odio en su nieto Tim, quien decide construir una máquina del tiempo y matar a abuelo sin provocar consecuencias paradójicas.

CONCLUSIONES.

¿Qué posibilita, en última instancia, (iii)? Desde nuestro punto de vista la concepción del tiempo como una dimensión real, a través de la cual se puede viajar y en la que podemos fijar coordenadas. Se trata de una dimensión que forma parte de un universo tetradimensional, de modo que tenemos tres dimensiones espaciales y una temporal. Igualmente la concepción de los objetos como trozos temporales sucesivos en que forman una serie. Ambas ideas permiten viajar en el tiempo; por su parte, viajar en el tiempo permite (iii).




BIBLIOGRAFÍA.


BLACK, M. “Achilles and The Tortoise”, Analysis, 11(5): 91-101, 1951.

LEWIS, D. K., “Las paradojas del viaje en el tiempo”, traducido y proporcionado por Mª José García Encinas, de “The Paradoxes of Time Travel”, en Robin Le Poidevin and Murray Beath (eds) (1993), The Philosophy of Time Oxford: O. U. P., pp. 134-146



Autor: Esteban Galisteo Gámez.

Opositor.

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