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LA ESCUELA PÚBLICA EN LA SEGUNDA REPÚBLICA.

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Siempre me fascinado el proyecto educativo de la II República, me parece un “adelantado de su tiempo”, es una pena que un proyecto educativo y social tan avanzado como el de la II República no llegara a profundizarse por su brevedad. Quizás nos encontraríamos en la actualidad con un país al mismo nivel que otros países europeos en cuanto a educación, bienestar social y tolerancia. La guerra civil y la dictadura han lastrado nuestra historia como una pesada losa, y además supusieron el fin de una experiencia que significó una mejor educación para miles de niños. Muchos de esos maestros ilusionados por su trabajo fueron duramente represaliados durante la guerra, como podemos comprobar al leer el libro de Maria Antonia Iglesia, maestros en la república, los otros santos, los otros mártires. la República se encontró con un país vastamente analfabeto y llevó adelante una escuela pública, obligatoria, laica, mixta e inspirada en el ideal de la solidaridad humana. Muchos de sus ideales estaban contenidos en la Institución Libre de la Enseñanza. Aquella escuela debía ser la piedra angular de la República. Para instaurar un proceso democrático era necesario un pueblo alfabetizado. Sin lugar a dudas, la mejor tarjeta de presentación republicana fue su proyecto educativo.



Se proyectó la construcción de 27.000 escuelas en toda la geografía española y la república se propuso poner en ella a los mejores maestros. Estos estaban poco formados. Es la República la que eleva el Magisterio a carrera universitaria y mejora sustancialmente los sueldos de los maestros. Del mismo modo, se inician los cursos de formación, a cargo de los inspectores, para mejorar la capacitación de los docentes.

Se hizo del alumno el centro del proyecto pedagógico. Se le hizo protagonista de las clases y de su formación. Cuando había que estudiar la naturaleza se le sacaba al campo para observar y experimentar.

Por otro lado se impide a las órdenes religiosas aleccionar a los niños con sus enseñanzas. Los jesuitas que tenían una gran influencia en la educación son disueltos. A los maestros se les liberó de impartir enseñanza religiosa. Muchas órdenes religiosas optaron en contrapartida en poner a seglares al frente de sus proyectos para evitar las restricciones que hubo en aquel campo.

En el bienio radical-cedista (1933-1936) muchos de los proyectos republicanos fueron frenados, aunque no liquidados. De este periodo hay que destacar un buen plan para el
bachillerato y una comisión para la reforma técnica de la escuela que no pudo dar sus frutos por el baile de cambios de ministros en el campo de Instrucción pública y Bellas artes que era como se llamaba el ministerio de Educación.

Antes que educar la república tuvo que alimentar y vestir incluso a los alumnos. Tuvieron un gran auge las colonias escolares. Los alumnos viajaban al mar o la montaña, salían de excursión, hacían deporte y, sobre todo, comían. En la escuela los alumnos ganaban kilos por la alimentación que se les proporcionaba.

Las teorías pedagógicas de aquel tiempo hacían del maestro el centro del proyecto pedagógico, especialmente de los maestros rurales. España era fundamentalmente un país rural y había que llegar hasta el último punto de España con escuelas sembradas por todos los sitios.

La motivación del alumnado era fundamental para evitar su distracción con preguntas constantes y el esfuerzo continuo para despertar su curiosidad. Tomar a cada alumno como único y plantearle problemas que debía resolver él.

Los mejores esfuerzos en España en cuanto a innovación educativa y calidad de la enseñanza comienzan con las
Misiones Pedagógicas de la Segunda República. Por ello, con este artículo me gustaría invitar a todos los que formamos parte de la Comunidad Educativa a reflexionar y por que no a imitar y renovar esa ilusión en una educación de calidad, más equitativa y justa.

 

 Bibliografía:

http://aulalibre.es

 

Autora: Maria Dolores Cordero Guerrero.

 

Profesora de Historia en el I.E.S. Arroyo Harnina, Almendralejo.