El niño, cuando nace, está enormemente indefenso y depende de las ayudas que le prestan las personas que se encuentran a su alrededor. En un primer momento no diferencia su “yo” del entorno que le rodea, sin embargo, es capaz de percibir expresiones emocionales de las personas de su entorno a través de la visión, de la audición, del tacto, etcétera.
El proceso de socialización se produce como consecuencia de la interacción entre el niño y el grupo social donde nace. El niño tiene una serie de necesidades básicas (alimentación, protección, establecimiento de vínculos afectivos, exploración del entorno, actividad lúdica) que le motivan para su integración en el grupo.
Desde su nacimiento, el niño dispone de una serie de destrezas y competencias perceptivo-cognitivas que están al servicio de su relación con el mundo, sobre todo con el mundo de las personas. Desde el mismo momento de su nacimiento el niño es miembro de un grupo social que le es imprescindible para su supervivencia y desenvolvimiento en el mundo. Al mismo tiempo, el grupo social al que pertenece necesita de su incorporación para poder perpetuarse.
El descubrimiento de los otros por parte del niño se produce, seguramente, antes que el descubrimiento de sí mismo y, en líneas generales, sigue un procedimiento que se inicia a través de las relaciones que va estableciendo con los miembros de su familia (madre, padre, hermanos, abuelos, etc.). Por medio de esas relaciones, el niño establece sus necesidades y aprende una serie de conductas sociales (control de esfínteres, manejo de útiles para comer, realizar demandas, escuchar, intercambiar, etc.). La familia es un contexto de socialización de gran relevancia para el niño, ya que durante un tiempo determinado es el único que éste conoce. La familia actúa, además, como filtro que selecciona y decide la apertura del niño a otros contextos (con otras personas, guardería, escuela, etc.).
El vínculo afectivo básico que caracteriza las relaciones que el niño establece con las personas que interactúan con él de manera privilegiada es el apego.
El descubrimiento y establecimiento de relaciones con los iguales se da en una fase posterior; al principio las interacciones apenas se producen, para pasar a ser diádicas en unos primeros momentos y basadas en los objetos. Posteriormente, se van abriendo paso las actividades asociativas de colaboración y juego social. Al mismo tiempo, las relaciones dejan de ser casi exclusivamente diádicas para pasar a ser grupales.
El vínculo afectivo básico que caracteriza las relaciones que el niño establece con sus compañeros es la amistad.
Con carácter general es objetivo propio de esta etapa que el niño pueda actuar con autonomía, confianza y seguridad en los medios sociales más próximos (especialmente familia y escuela), que conozca y utilice las reglas que permiten la convivencia en ellos y que contribuya a su establecimiento, así como a su discusión cuando sea necesario.
De forma más concreta y centrándonos en el segundo nivel del segundo ciclo, los objetivos serían:
Desarrollar en los alumnos la asertividad o capacidad de afirmarse en sí mismo y en sus puntos de vista sin ceder a manipulaciones externas, sintiéndose libre para actuar y opinar.
Desarrollar leal aprecio mutuo, la conciencia de valor intrínseco de cada persona.
Construir en el aula una comunidad de apoyo para que aprendan a compartir sentimientos, ideas y experiencias.
Desarrollar la capacidad de vivir en una comunidad regulada por normas lo más consensuada y democrática que permita el momento evolutivo.
Desarrollar hábitos para regular la convivencia, respetar normas del aula, convenciones sociales...
Los contenidos en Educación Infantil son los relacionados con:
Participación en el grupo y en el establecimiento de las normas.
Respeto a los demás compañeros y a los objetos de uso común.
Pautas de convivencia en la escuela y en la familia.
Ayuda y colaboración con sus iguales y adultos.
Interés por compartir amistades objetos y atención.
Uso de normas lingüísticas en los diálogos o conversaciones en grupo.
Interés por comunicarse con los demás.
Expresión del afecto y de los sentimientos.
En cuanto a lo Criterios o Principios metodológicos conviene mencionar algunos que deben reflejarse en las programaciones que traten de desarrollar la socialización:
El aprendizaje significativo. Es necesario que todo contenido social tenga un sentido claro para el niño o niña, y sea suficientemente motivador como para provocar la modificación de sus estructuras cognitivas. El niño debe establecer relaciones entre sus ideas previas y los nuevos aprendizajes sociales que queremos que integre.
El ambiente escolar. Este principio metodológico se basa en la necesidad de crear en esta etapa un clima acogedor, cálido y seguro en el que el niño se sienta aceptado y confiado para afrontar los retos que plantea el conocimiento y para adquirir los valores sociales que se derivan de sus experiencias.
Las relaciones que se establecen entre los alumnos y entre ellos y sus maestros constituyen una fuente básica de aprendizajes sociales dentro del ámbito escolar. Se adquiere una personalidad moral madura cuando se ha vivido de modo autónomo, dialogante y cooperativo una cantidad suficiente de experiencias sociales.
La familia comparte con el centro educativo todos los aspectos relacionados con el desarrollo global del niño, pero muy especialmente su desarrollo social. La familia es el primer elemento que interviene en el proceso de socialización del niño. Una de las tareas que compete al equipo educativo es determinar los cauces y las formas de participación de los padres en la consecución de estos objetivos curriculares.
Otro factor importante es el papel del profesor, sus comportamientos y actitudes. De entre las características más significativas del modelo de profesor podemos destacar las siguientes:
Organizador: potenciador de las relaciones de grupos, creador de una auténtica comunidad de apoyo para todos los niños.
Comprensivo: referido a la capacidad de relacionarse con los alumnos considerándolos como personas dignas de respeto y de valores, independientemente de sus características físicas y psíquicas, de su procedencia social y del tipo de comportamiento que manifiesten.
Cooperador: tanto en las relaciones con los compañeros y padres como en el trabajo con los niños, su modelo debe estar guiado por modelos de trabajo cooperativos.
Las actividades a desarrollar relacionadas con la socialización no pueden trabajarse en un tiempo determinado del horario escolar, porque el niño está aprendiendo a relacionarse durante todo el día. Así contemplaremos los siguientes aspectos:
Durante la jornada escolar se pueden aprovechar todas las oportunidades que se presentan para destacar y trabajar aspectos relacionales, como por ejemplo cuando surge una pelea, cuando se saludan al entrar y salir de la clase, cuando se encuentra un objeto perdido, cuando preguntamos al alumno porqué se ha insultado al compañero, cuando oímos el llanto de un niño, cuando un grupo de alumnos presenta una iniciativa... y en infinidad de situaciones que se presentan según las características de los alumnos.
Paralelamente se aplican actividades que favorezcan el aprendizaje social dentro de un marco global izado. Se pueden utilizar cuentos con contenido afectivo donde se planteen al niño distintos modelos de relación, o representar actividades de role playing donde se muestren conflictos de relación, o realizar ejercicios de coordinación de movimientos del cuerpo a partir de juegos cooperativos, etc.
La creación de unos espacios en el aula que predispongan situaciones y climas de relación es un elemento fundamental para dar al alumno la oportunidad de relacionarse en un ambiente social. En el aula dispondremos de unos espacios de juego simbólicos como la casa, el consultorio médico, una oficina, una tienda y otras situaciones con contenido social que dan al niño la posibilidad de expresar sus vivencias y relacionarse de forma autónoma.
El clima de la clase es un factor fundamental. Debemos crear un clima sin ansiedad ni gritos, sin competitividad. Esto, junto a un orden y una organización, crean un ambiente en el que los niños se sienten seguros.
A continuación presentamos algunas actividades que podrían desarrollarse en el aula:
La cocina: en la cocina tienen espontáneamente la oportunidad de plantear preguntas y de encontrar distintas maneras de relacionarse en un ámbito familiar; por ejemplo ¿Qué quieres comer? ¡Mamá, tengo hambre!
El ambulatorio: los niños saludan al doctor, el doctor les pregunta dónde les duele, se interesa por sus compañeros...
El autobús: los niños deben esperar a que haya un asiento vacío para sentarse. Si hay una señora embarazada o algún abuelo le cederán el asiento.
Los imanes: en un rincón los niños experimentan por pareja los efectos de un imán.
Juegos de saco: los niños se pasean por la clase con un saco en la cabeza. Cuando se le cae el saco el niño se queda congelado. Sus compañeros deberán ponérselo en la cabeza evitando que se les caiga el suyo. Así, el niño quedará descongelado para poder moverse.
El títere: un títere les pedirá que le digan cómo debe pedir un favor en distintas situaciones. Por ejemplo: tengo hambre y quiero una galleta de mi compañero ¿Qué debo hacer?
El espejo: dentro de la caja hay un espejo. Damos la caja tapada y sin hablar del espejo decimos: "fijaos en ella, veréis a uno de los niños más importantes del mundo. Quien quiera que explique cómo es y a qué le gusta jugar".
BIBLIOGRAFÍA:
CUBERO, R. Y MORENO, M.C. (1990): Relaciones sociales: familia, escuela, compañeros. Años escolares. En J. Palacios, A. Marchesi y C. Coll (comps.). Desarrollo psicológico y educación. Vol. I. Psicología evolutiva. Madrid: Alianza.
GALLEGO ORTEGA, J.L. Ecuación Infantil. Ediciones aljibe. 1994.
AUTORA: SARA Mª ARGUETA PRIETO.
CENTRO DE TRABAJO: C.E.I.P. “VIRGEN DEL ROSARIO” – LAS PAJANOSAS (SEVILLA).



