En la actualidad, estamos viviendo una situación de cambio social especialmente relevante; hay quienes afirman que el proceso de transformaciones es tan radical que se puede hablar de una revolución silenciosa que nos llevará a una nueva civilización. “Era de la Información”, “Sociedad Postindustrial” o “Tercera Ola” son algunas de las denominaciones que más se han popularizado.
Una característica de este cambio social que tiene que ver con la educación es la aparición de nuevas instancias educativas distintas a la escuela, incluso la aparición de voces que plantean la obsolencia de esta institución para cumplir la función socializadora que la nueva sociedad reclama. Lo mismo que instituciones medievales como los gremios fueron sustituidos por otras más acordes con la industrialización, los sindicatos, en la actualidad también se está poniendo de manifiesto la inadecuación de instituciones de la modernidad a una sociedad que es postmoderna. Y la escuela no es una excepción.
En este clima de transformación social se produce la reforma educativa aún en curso, reforma que, para estar mínimamente a la altura de las circunstancias, no puede limitarse a una mera reestructuración de las distintas etapas educativas sino que debe afectar a los objetivos de la educación, a los contenidos y metodologías, a los criterios de evaluación y, en definitiva, a todos los elementos que configuran el quehacer escolar.
En efecto, la reforma escolar que ha configurado el actual sistema educativo tuvo por objeto no sólo ni principalmente modificar la ordenación o estructura de la educación. Reelaboró ante todo, los contenidos, la oferta de aprendizajes y las oportunidades de experiencias que la escuela ofrece a los alumnos. Es más, no se entendería la reforma de la estructura del sistema educativo si no fuese porque es condición necesaria para la introducción de las nuevas experiencias de aprendizaje y para facilitar su aprovechamiento por parte de aquellos a los que va dirigida.
Por otra parte, cuando en la reforma se habla de experiencias de aprendizaje no se está aludiendo sólo a lo que podríamos denominar el programa, el temario o el plan de estudios, que se centra casi exclusivamente en los aspectos conceptuales, sino que se refiere a un conjunto más amplio de elementos que se engloban en el concepto de currículo. Por ello se insiste en que la reforma educativa es una reforma curricular.
Fuente: Mora Roche, J. y Aguilera Jiménez, A. (coord.): Dificultades en el aprendizaje del lenguaje, de las matemáticas y en la socialización. Ed. KRONOS, 2000.
F.D.O: María del Carmen Portillo González
DNI: 33.976.793 – C
Psicología y Pedagogía



