A partir de los cinco o seis años, los niños ya son capaces de empatizar con los demás, de ponerse en el lugar del otro y entender que no todos los niños tienen las mismas posibilidades que ellos. Si queremos que el día de mañana sean solidarios, debemos empezar a inculcárselo desde ya, siéndolo nosotros también (tanto padres como educadores).
-Las familias que practican una religión pueden encontrar en el entorno de sus centros, numerosas iniciativas de este tipo, como la recogida de materiales escolares, ropa o juguetes, poder ayudar a otros niños o ancianos…
-La escuela suele ser un importante foco de educación solidaria, y las educadoras proponen actividades que los niños comparten. Aunque, como otras tantas facetas de su educación, no debemos desligarnos del proceso, sino acompañarlo.
-Muchas Organización No Gubernamentales trabajan con niños. Por ejemplo, la ONG “El Desierto de los niños” lleva material escolar a las zonas más pobres de África, en un viaje en el que participan los pequeños y sus familias. Así pueden conocer de primera mano que hay un mundo diferente al suyo, en e que niños como ellos no tienen ni unos zapatos que ponerse, o que han de recorrer cada día a pie varios kilómetros para poder ir al colegio. En su Web http://www.raidaventura4x4.com/desiertoniños/index.html#QUE podéis encontrar mucha información sobre sus proyectos y demás.
-Otras ONG que ayudan a niños del tercer mundo son:
SOS INFANCIA: en su Web, http://www.sosinfancia.es/, pueden obtenerse numerosa información sobre cómo inscribirse, hacerse voluntario…
PLAN: su Web, http://www.plan-espana.org/, muestra sus proyectos actuales y como se puede colaborar con ellos, entre otros.
FUNDACIÓN COMPARTE: a través de su Web, http://www.comparte.org/, podemos, entre otras cosas, apadrinar a un niño de países subdesarrollados o en vías de desarrollo.
Estas son pues algunas de las formas con las que podemos enseñar a nuestros hijos o alumnos a ser más solidarios con aquellos que se encuentran en desventaja social.
EL JUEGO DE COMPARTIR
Recientemente, un estudio de la Universidad de Zurich (Suiza) ha demostrado que los niños no aprenden a compartir hasta los 7 años. Aún así, en el bebé podemos observar una conducta muy similar a partir de su primer año de vida, aunque en su caso, no existe un objetivo altruista, sino una búsqueda de agradar.
Esto es lo que ocurre cuando llega a su hogar una visita. El niño mira al adulto con interés y siente necesidad de gustarle, y como no quiere quedarse al margen, intenta hacerse notar.
Al no disponer de palabras, intenta llamar la atención de otro modo, trae sus juguetes y se los va dando a la visita uno por uno, esperando respuesta. Si esta es positiva, el pequeño se siente halagado y se esmera en traes más objetos. Y cuando ya no quedan juguetes que repartir, se invierte el orden: es el invitado quien debe ir devolviéndole todos los juguetes.
Este sistema tan curioso de compartir es uno de los modos más habituales que tiene el niño de acercarse a las personas que no conoce y de formar parte de una conversación a su nivel. Gracias a este se siente aceptado y valorado por los adultos que le rodean. Y es bueno que cuando un niño utilice este u otro sistema de atracción, obtenga respuestas que le reafirmen y le hagan sentir que tiene éxito (mientras no lo utilice como medio para conseguir lo que desea). No solo porque despierten ternura, sino porque de este modo va conociéndose, reafirmando su forma de ser y aprendiendo a relacionarse con lo demás.
Por lo tanto, debemos ayudarle porque es beneficioso para su desarrollo y es la única forma que tienen por el momento de relacionarse con las personas del entorno.
LECHE Y EMBARAZO
Cuando una mujer se queda embarazada lo primero que le dicen es que tiene que tomar mucha leche o derivados. Y es que el aporte de calcio al feto es fundamental para su adecuado crecimiento.
Respecto a esto, La Organización Médica Colegial, el Instituto Tomás Pascual y el Ministerio de Sanidad acaban de editar la guía Requerimientos de lácteos en situaciones especiales: lactancia, adolescencia y embarazo. Y en este último caso insisten en que tomar lácteos resulta fundamental, ya que "el estado nutritivo de la gestante va a incidir directamente en el desarrollo del feto".
La leche aporta proteínas, hidratos (lactosa) y grasas, además de vitaminas y minerales. Pero ¿cuál es la cantidad adecuada para tomar en el embarazo?
Los expertos que han elaborado esta guía coinciden con las recomendaciones de la Agencia de la Alimentación Americana: de tres a cuatro raciones, entendiendo por una ración un vaso de 200 cc de leche o su equivalencia en otro lácteo (yogur, queso, cuajada...).
Pero a las que no les gusta la leche, hay que recurrir a algún truco tal como:
Añadir queso fresco a las ensaladas.
Utilizar la leche en los postres: natillas, flan, arroz con leche...
Mezclar yogur con trocitos de fruta o pasas en la merienda.
Aliñar las ensaladas o pescados con salsa de yogur en lugar de mayonesa.
Echar leche en polvo al café o al té de por las mañanas...
Pero para las que no les guste ningún derivado, es recomendable entonces tomar pescados con espinas o frutos secos, ya que como se ha dicho, el aporte de calcio en el embarazo es fundamental para el crecimiento del feto y condiciona su desarrollo posterior.
MARÍA JOSÉ CASIMIRO CALEYA



