A muchos adolescentes les gusta la sensación que sienten cuando fuman. Este sentimiento agradable viene de la nicotina en los cigarros. Algunos adolescentes piensan que fumar les ayuda a perder peso o mantenerse delgados, que les da sentido de libertad e independencia, y que les hace sentirse más a gusto en algunas situaciones sociales.
La importancia del tabaco como factor de riesgo para la salud ha propiciado el desarrollo de todo tipo de programas de intervención en el ámbito escolar. Según diversos estudios, el tabaco es la primera causa de muerte evitable en los países occidentales, por lo que se constituye como uno de nuestros principales problemas de salud entre nuestros escolares. El tabaquismo es además un hábito que a menudo se adquiere en la adolescencia y se considera también un factor de riesgo para el consumo de marihuana y otras drogas.
Se ha de tener en cuenta que fumar en grupo puede ser una actividad de socialización importante para el adolescente y que en alguna medida esas actividades que realiza mientras fuma, y que ellos creen imposibles de hacer sin tabaco, son necesarias para su maduración personal. El fumar puede tener el significado de identidad, de ser aceptado o de pertenencia a un grupo. Además el tabaco es un vehículo idóneo para iniciar conversaciones, compartir una actividad o crear un ambiente de grupo.
Es por ello, que expongo unas directrices básicas a seguir en la intervención de este hábito.
1ª FASE
En esta fase vamos a tratar de determinar los conocimientos, opiniones, ideas y, quizás, conductas de los alumnos respecto al tabaquismo. Dependiendo del tiempo disponible, se puede utilizar una o varias de estas técnicas de trabajo: la tormenta de ideas o mediante un sencillo cuestionario que pueda indagar sobre las actitudes frente al tabaco y la salud que muestran los escolares o conocer el consumo de tabaco entre los alumnos, a qué edad comenzaron a fumar, etc.
2ª FASE
Más o menos fijado el nivel de información y de opinión que los alumnos tienen respecto al tabaquismo y la salud, es posible que ya se pueda concluir qué objetivos y qué actuación se deben iniciar. Entre las estrategias que ayudan a desarrollar esta segunda fase, destacaría: solicitar la colaboración muy puntual de un experto para que aporte información básica sobre los siguientes aspectos del tabaco: biológicos, económicos, publicitarios y sociológicos. A partir de esta exposición, puede invitar a los alumnos a que cuenten sus impresiones generales, y cuáles creen que son los principales aspectos a tener en cuenta.
3ª FASE
Va en función de los objetivos concretos que se hayan fijado antes de poner en marcha las actividades. Sin embargo, la meta final de la educación sobre tabaco es conseguir que los adolescentes y jóvenes no fumen y que adopten un estilo de vida libre de tabaco. Por ello, la medición de este objetivo general puede reflejarse sólo a medio plazo, contrastando el número de adolescentes que no comienzan a fumar o que deciden dejar el tabaco.
Como conclusión general, puedo decir que los programas de prevención del tabaquismo en la escuela deben contar con el apoyo explícito de todo el centro docente, tener un diseño de implantación y de evaluación rigurosos y desarrollarse de forma continuada durante un período prolongado de tiempo, coordinándose con otras actividades comunitarias de prevención de consumo de tabaco, drogas o de salud cardiovascular. Sólo así, se podrá realizar una intervención coherente desde toda la Comunidad educativa.
Bibliografía:
- Calvo, S. (1991): Educación para la Salud en la escuela. Madrid: Díaz Santos.
- Arasa, H. et al. (1991): Educación para la Salud: Propuestas para su integración en la escuela. Zaragoza: Diputación de Aragón.
F.D.O: María del Carmen Portillo González
DNI: 33.976.793 – C
Psicología y Pedagogía



