Cada familia responde de una forma ante la nueva situación; las soluciones estarán condicionadas por sus propias características, sus experiencias anteriores, su manera de enfrentar los problemas, sus perspectivas de poder normalizar la situación nueva…
En definitiva hay que tomar decisiones importantes. Por lo que respecta a los hijos, la madre por lo general recibe su custodia (suele ser así en un 90 por ciento de los casos) y el padre adquiere el derecho de visita que le permite mantener un contacto con ellos o bien cada vez más se consiguen las custodias compartidas. Pero ¿Cuál es el problema al que se enfrentan los niños en estas situaciones? A continuación se describen algunos aspectos importantes a este respecto.
¿Cuál es el problema de los hijos?
Los hijos tienen en casa una protección, una seguridad, una identificación. Todo esto se pierde por efecto de unos acontecimientos que no siempre son capaces de entender. No cabe duda que la separación de los padres, si no se presenta adecuadamente, tiene que influir en el desarrollo psicoafectivo de los niños. Naturalmente, la reacción del niño ante el divorcio dependerá de diversos factores: de su nivel de percepción de la realidad, de su carácter, de su personalidad, de su edad, del sexo, del nivel socioeconómico de la familia, así como del grado de madurez de los padres, que condicionará diferentes maneras de enfocar el problema. El hijo de padres divorciados que no han planteado bien las relaciones con su hijo es más vulnerable afectivamente, tiene miedos y dudas respecto al cariño de sus padres y piensa que tiene la culpa del proceso de separación y, por supuesto, echa de menos al padre ausente.
Puede tener una reacción normal de tristeza, apatía y desánimo temporal pero también puede desarrollar reacciones patológicas de tipo agresivo, hacerse egocéntrico, introvertido (meterse en sí mismo, no querer hablar con nadie).
En el niño pequeño los problemas son más graves.
Hacia los años 60 se hizo un estudio en California que señalaba que los niños que tenían de dos y medio a tres años y medio, cuando sus padres se separaban, presentaban conductas regresivas ( volvían a orinarse en la cama o dejaban de hablar, tenían trastornos de sueño y miedo a ser abandonados).
Entre los tres años y medio y cuatro años y medio desarrollaban agresividad, inestabilidad y aturdimiento; entre cinco y seis años, ansiedad y rechazo al padre ausente; entre los siete y ocho años, tristeza, miedos y fantasías. Entre los nueve y diez años experimentaban intensos sentimientos de soledad, añoranza y abandono. En la adolescencia eran capaces de analizar los hechos de forma bastante objetiva, pero su propia inseguridad les creaba problemas. La soledad y la depresión eran consecuencias frecuentes.
Quizás uno de los efectos más frecuentes de las separaciones mal planteadas por los padres es la manifestación de trastornos en el proceso de aprendizaje y rendimiento académico de los niños. Generalmente suelen bajar sus notas o convertirse en malos estudiantes, distraídos y desmotivados. La separación de los padres afecta al equilibrio emocional de los hijos, que es un requisito esencial para que se produzca un rendimiento escolar satisfactorio.
¿Cómo deberíamos actuar?
La experiencia de un divorcio es muy dura para ellos. El primer año que sigue a un divorcio es realmente difícil para todos. Con el tiempo, la comprensión y la sensibilidad de ambos padres, se consiguen paliar los efectos de esta situación.
Es conveniente por tambo proteger al máximo la salud del niño evitando sus temores, explicándole que él no ha perdido el afecto de los padres, que esta situación no se ha producido por su culpa, que nunca va a ser abandonado, desde luego cada padre tratará de valorar y no de criticar al otro padre
España no tiene todavía una tradición de servicios sociales de atención a personas que necesiten este tipo de apoyo (consejos familiares, por ejemplo) pero no cabe duda de que sería deseable que, ante situaciones como las descritas, las familias pudieran tener la oportunidad de ser bien informadas y orientadas para que su comportamiento fuera el adecuado. De esta forma disminuirían todos los efectos negativos mencionados.
Bibliografía: Educación para la salud. Proyecto Mentor. Volumen 2º
Autor: Inmaculada Muñoz Gallego.
Centro de trabajo: I.E.S. Albarregas.
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