A. D. E. N. U.

Asociación de Docentes y Educadores No Universitarios

 
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SEXISMO EN LA ESCUELA DE EDUCACIÓN INFANTIL.

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INTRODUCCIÓN.

Para empezar este artículo, tenemos que recordar que, como los estereotipos aún están presentes en nuestra sociedad, la escuela tiene que intentar subsanar este problema, por ello para dar respuesta al mismo, anteriormente con la LOGSE y actualmente con la LOE, se estableció como principio del Sistema Educativo la efectiva igualdad de derechos entre ambos sexos.

Así, los maestros y maestras tenemos que ser conscientes del papel que desempeñamos en este tema y de la tarea que tenemos encomendada, si realmente queremos dejar de reproducir estereotipos y actuaciones sexistas, por ello nuestro papel en este asunto y nuestro perfil resulta tan decisivo para la consecución de los objetivos que nos proponemos en cuanto a la Educación Sexual y a la Educación para la Igualdad de Oportunidades de ambos sexos.

 

LA ACTITUD DEL PROFESORADO ANTE EL SEXISMO.

En la Educación Infantil, en la mayoría de las ocasiones, los docentes que trabajamos en ella, y que generalmente son mujeres, nos resistimos a pensar que se dé una educación discriminatoria por razón de sexo. Sin embargo, la inexistencia en el Currículo de cualquier tipo de discriminación, no evita que, en la práctica educativa, no aparezcan formas discriminatorias, de carácter eminentemente cultural. Por ello, adquiere especial relevancia explicitar aquellos elementos que configuran la vida diaria de la Educación Infantil, que inevitablemente actúan de transmisores de estereotipos sexistas y que comportan consecuencias negativas para ambos sexos, puesto que aunque no queramos, si no reflexionamos sobre nuestra actuación, nuestros gestos, ejemplos, expectativas, etc. estaremos de forma inconsciente educando en la desigualdad.

 

Muchas veces, los adultos en general y los docentes en particular, mostramos actitudes sexistas de manera inconsciente, fruto de la sociedad en la que estamos inmersos y a la que pertenecemos, así aunque nuestra actitud se puede resumir en un “para mi los niños y las niñas son todos iguales”, muchas veces los tratamos de forma diferente. Valga como ejemplo de lo que acabo de afirmar cuando decimos que las niñas que tenemos en la clase son más buenas que los niños, que se portan mejor, así la consecuencia más inmediata de esto es que les prestamos menor atención a ellas porque cumplen las expectativas de buen alumno.

 

Como no podía ser de otra forma, “las actitudes del profesor ante su profesión resulta primordial para entender muchos aspectos relacionados con el tema que nos interesa. No solamente el sexismo, sino cualquiera de las cuestiones que se debaten hoy relacionadas con la práctica de la enseñanza o con el papel de la enseñanza en la sociedad, están influenciadas por la autopercepción del enseñante en su medio profesional” (ALBERDI, 1987).

 

 

Los maestros y maestras no vemos el problema del sexismo en la escuela como acuciante. Hay muchos que ni tan siquiera lo ven. En general los profesores no se sienten implicados, ni hay ninguna corriente importante de pensamiento y acción que nos haga movernos en ninguna dirección. En general se reconoce como un problema social ajeno a la enseñanza. Muchas veces, los maestros/as estamos más preocupados por el relajamiento de la disciplina, etc.

En muchas ocasiones, al tratar el sexismo y las diferencias percibidas en el comportamiento de los alumnos, lo achacamos a la forma de ser de niños y niñas, a maneras diferentes de enfrentarse en el proceso de aprendizaje, de discurrir o de rendir en la asimilación de conocimientos y, sobre todo, al desarrollo diferenciado de la personalidad femenina y masculina a lo largo del período escolar.

La necesidad de adjudicar un determinado rasgo de personalidad a un alumno o alumna, se ajusta más a una necesidad de constatar un hecho asumido por la sociedad que a una comprobación de hipótesis formuladas a partir de la relación alumno-profesor.

A menudo, las profesoras y los profesores, reproducimos en las observaciones sobre nuestros alumnos lo que la sociedad viene atribuyendo a los sexos masculinos y femeninos como rasgos intrínsecos de cada uno. Muchas de las afirmaciones sobre la forma de ser de los niños o niñas, asumidas incondicionalmente como cualidades esenciales, son frecuentemente, rebatidas por comprobaciones reales. Se trata pues de una aplicación pura y dura de conceptos estereotipados a la hora de juzgar a los diferentes sexos.

 

LA COEDUCACIÓN EN INFANTIL.

La Educación Infantil constituye para niñas y niños una ampliación de las experiencias y aprendizajes vividos en el ambiente familiar. En ella se desarrollan los mecanismos básicos de aprendizaje, se adquiere la base de la personalidad, comienza la independencia de la vinculación afectivo-intelectual hasta ahora exclusiva respecto a la familia y la manifestación de los propios deseos.

El objetivo primordial de esta etapa lo constituye el desarrollo de las capacidades físicas, afectivas, intelectuales y sociales. En este sentido, se han de potenciar experiencias y ambientes que faciliten este desarrollo y que compensen las posibles deficiencias existentes en función de diversas variables. Entre ellas, en cada ocasión, centraremos nuestra atención en el sistema sexo-genero y en las repercusiones del mismo en el proceso de socialización y aprendizaje de niñas y niños.

 

ESTEREOTIPOS QUE SE ATRIBUYEN A CADA SEXO.

Es fácil escuchar como el mayor éxito escolar de las chicas es fácilmente atribuible a cualidades como constancia, orden, perseverancia, pasividad, etc.

Igualmente, en las capacidades mentales se atribuye a los chicos una mayor capacidad creativa, intuitiva, de razonamiento y de análisis.

El estereotipo de lo femenino funciona dentro del aula con tanta o más fuerza que fuera de ella y cuanto menos consciente de ello sea el profesor, más fácilmente se integra en su actuación. Se valora a las alumnas sobre la base de códigos impuestos culturalmente y que no son más que una forma superficial de juzgar el auténtico carácter de las alumnas.

La comprobación de que existen comportamientos diferenciados, prácticas en asignaturas divididas según sexos, o simplemente separación entre ellos; no juegan, no se sientan juntos, no comparten ninguna actividad escolar, se limita en la mayoría de los casos a una simple constatación del hecho, asumiéndolo como algo que viene “ya dado” por las diferencias de sexo y por las consabidas influencias sociales, familiares o culturales. Todo ello no parece preocupar a los profesores, no es su problema, se engloba como un aspecto más de la sociedad en la que vivimos, se acepta en cierto modo y no se esfuerza por cambiarlo”.

 

EL MAESTRO COMO MODELO.

Nosotros, constituimos modelos importantes a imitar. Estamos influenciados por el sistema sexo-género en el que vivimos, y en muchas ocasiones, inconscientemente, a través de nuestras actitudes, valoraciones, refuerzos u opiniones, hacia uno u otro sexo, transmitimos, con la intensidad que imprimen las relaciones cargadas de afectividad que se dan en estas edades entre el profesorado y el alumnado, claros elementos sexistas. Niños y niñas lo asumen, sin posibilidad de crítica ni distanciamiento, a través de la imitación, elemento fundamental para el aprendizaje en estas edades.

Así, el papel del maestro/a en la Educación Infantil ha de ser no sexista, evitando siempre que podamos la discriminación y atendiendo a las necesidades de los niños y niñas sin tener en cuenta su sexo.

 

CONCLUSIÓN.

Así que la primera conclusión que podríamos sacar en este artículo, es que si queremos potenciar la Educación para la Igualdad de Oportunidades en nuestros centros, no sería mala cosa, empezar primero por nosotros mismos y por nuestros propios compañeros y compañeras.

Hemos de sembrar su inquietud. Debemos ayudarles a ver el problema que, en realidad, tienen ante sí. El que sean conscientes de que vivimos inmersos en una sociedad y en un Sistema Educativo discriminatorio y sexista debe ser nuestro primer objetivo en aras a su implicación en un proyecto global que acoja a toda la Comunidad Educativa. El reto es difícil y complejo pero el fin bien merece el esfuerzo.

Tenemos que concienciarnos los maestros y maestras de que tenemos en la escuela un instrumento primordial como son los ejes transversales Educación para la Igualdad de Oportunidades y la Educación Sexual, que nos pueden ser muy útiles para conseguir los objetivos propuestos. Así, deberán quedar recogidos en la Programación de Aula y en las diferentes Unidades Didácticas si queremos que surtan los efectos que pretendemos.

 

BIBLIOGRAFÍA.

- ALBERDI, I. y ESCARIO, P. (1989): “Vida Privada y trabajo”. En AA.VV. Mujer e igualdad de oportunidades en el empleo. Madrid. Instituto de la Mujer.