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ESTRÉS.

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Es éste un término, comúnmente utilizado por la sociedad moderna, generador de graves riesgos para la salud humana.

Podemos decir que engloba a un conjunto de reacciones que se desencadenan en el organismo ante estímulos que se interpretan como amenaza o peligro. Una reacción defensiva no resulta nociva ( prepara al individuo para afrontarla); el problema aparece cuando las situaciones de tensión son continuas, generándose consecuencias no deseadas que pueden ser de tres tipos: fisiológicas, nerviosas y mentales.

Las causas que pueden desencadenar el estrés son muy variadas: problemas personales, exceso de trabajo, situaciones que generan en las personas que las viven miedo y angustia permanentes, vida muy activa y acelerada, etc... Para prevenirlas, es fundamental poder identificarlas y mantener una actitud relajada, positiva y optimista ante la vida.

Hans Selye (1907-1982 ) (fisiólogo y médico vienés) fue el responsable de acuñar este vocablo. En 1950 publicó su investigación más famosa: Estrés: Un estudio sobre la ansiedad.

A partir de esta tesis, el estrés o síndrome general de adaptación (SGA) pasó a resumir todo un conjunto de síntomas psicofisiológico.

 

Entre sus síntomas más significativos (aparte de los ya citados), señalar los siguientes:

  • estado de ansiedad

  • sensación de ahogo e hipoxia aparente

  • rigidez muscular

  • pupilas dilatadas (midriasis)

  • incapacidad de conciliar el sueño (insomnio)

  • falta de concentración de la atención

  • irritabilidad

  • pérdida de las capacidades para la sociabilidad

  • estado de defensa del yo

El estrés se encuentra en la cabeza, ya que es el cerebro el responsable de reconocer y responder a los estresores de distintas formas. Cada vez son más los estudios que corroboran el papel que juega el estrés en el aprendizaje, la memoria y la toma de decisiones.

Se ha comprobado que una situación de estrés fuerte durante un corto periodo de tiempo,( por ejemplo: permanecer a la espera de una decisión importante), es suficiente para destruir varias de las conexiones neuronales en zonas específicas del cerebro. Es decir, se provocaría una modificación en la anatomía cerebral en pocas horas. El estrés crónico, por su parte, arroja resultados que confirman la disminución del tamaño de la zona cerebral responsable de la memoria, por lo menos es el efecto encontrado en roedores.

Cuando el estrés sobrepasa ciertos límites se afectan numerosos órganos de nuestro cuerpo al igual que nuestra capacidad mental y nuestro sistema inmunológico.

La respuesta al estrés está diseñada para una de estas dos situaciones :pelear o huir.

En situaciones normales las células de nuestro organismo emplean alrededor de un 90% de su energía en actividades metabólicas dirigidas a la renovación, reparación y creación de nuevos tejidos. Esto es lo que se conoce como metabolismo anabólico.  Sin embargo, en situaciones de estrés esto cambia drásticamente. En lugar de actividades dirigidas a la renovación, reparación y creación de tejidos, el organismo se dedica a tratar de enviar cantidades masivas de energía a los músculos. Para lograr esto el cuerpo cambia a lo que se conoce como metabolismo catabólico. Las actividades de reparación y creación del cuerpo se paralizan e incluso el organismo comienza a descomponer los tejidos en busca de la energía que tan urgentemente necesita.

En la antigüedad el mecanismo del estrés cumplía el propósito de preparar a los seres humanos para responder a estados de emergencia que representaban una amenaza física. La forma de responder a este tipo de emergencia era pelear o huir, respuestas para las cuales se requiere una gran cantidad de energía y fuerza muscular.  Los cambios hormonales que se suceden bajo estas situaciones, están diseñados para afrontarlas. En nuestra moderna sociedad no tenemos que enfrentarnos a animales salvajes (al menos en el sentido literal del término).  Sin embargo, nos enfrentamos a situaciones de otro tipo, que desencadenan respuestas similares.

Bajo dichos estados, el organismo secreta elevados índices de adrenalina, cortisol y otras hormonas que pueden generar grandes daños Entre ellos, se incluyen: destrucción de los músculos, diabetes, hipertensión, úlceras, enanismo, impotencia, pérdida de deseo sexual, interrupción de la menstruación, aumento en la susceptibilidad a enfermedades, y daños a las células nerviosas.

Algunos estudiosos apuntan que lo que más impresiona de estos daños es el hecho de que, tomados en conjunto, se parecen mucho a lo que sucede en el proceso de envejecimiento.

Los llamados estresores o factores estresantes son cualquier estímulos, tanto externos como internos ( físicos, químicos, acústicos, somáticos o socioculturales) que, de manera directa o indirecta, propician la desestabilización en el equilibrio dinámico del organismo (homeostasis).

La revisión de los principales tipos de estresores nos proporciona una primera aproximación al estudio de las condiciones desencadenantes y nos muestra la existencia de ocho grandes categorías:

  • situaciones que fuerzan a procesar información rápidamente

  • estímulos ambientales dañinos

  • percepciones de amenaza

  • alteración de las funciones fisiológicas (enfermedades, adicciones, etcétera)

  • aislamiento y confinamiento

  • bloqueos en nuestros intereses

  • presión grupal

  • frustración

Conviene hablar de cuatro tipos de acontecimientos estresantes, según Lazarus y Folkman (1984), para quienes el estrés psicológico es una relación particular entre el individuo y el entorno (que es evaluado por el individuo como amenazante o desbordante de sus recursos y que pone en peligro su bienestar).

Los estresores únicos, que hacen referencia a cambios dramáticos en la vida de las personas, los estresores múltiples ( afectan sólo a una persona o a un pequeño grupo de ellas) y se corresponden con cambios significativos para mismas, los cotidianos referidos al cúmulo de molestias, imprevistos y alteraciones en las pequeñas rutinas diarias y los biogénicos, mecanismos físicos y químicos que disparan directamente la respuesta de estrés sin la mediación de los procesos psicológicos.

Estos estresores pueden estar presentes de manera aguda o crónica y, también, pueden ser resultado de la anticipación mental acerca de lo que puede ocurrir en el futuro.

Para combatir el estrés no existe una receta milagrosa común para todos.

Desde una perspectiva psicológica, las diversas estrategias para manejar el estrés pueden agruparse en dos variantes principales: las que se enfocan sobre la emoción y las que enfocan en el problema.

Las primeras buscan cambiar la forma en que interpretamos o evaluamos las situaciones estresantes. El segundo tipo de estrategias, son estrategias de resolución de problemas que trabajan directamente con la situación estresante de modo que ésta se reduzca o desaparezca.  En estas estrategias por lo general lo que se hace es identificar el problema, generar la o las soluciones adecuadas y aplicarlas al problema.  Una vez esto se logra se espera desaparezca el estrés. 

Por lo general mientras mejor es una persona resolviendo problemas mejor podrá utilizar este tipo de estrategia.  Por esta razón puede resultar efectivo adiestrarse en técnicas y estrategias generales de resolución de los mismos.



AUTORA: Dolores María Osuna Barrero.

Fuentes: http://www.saludparati.com/estres1.htm

http://es.wikipedia.org/wiki/Estr%C3%A9s

Biología y Geología. Proyecto Ánfora.Ed.Oxford