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MUJER Y TRABAJO:

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A lo largo de los siglos, la mujer ha tenido una presencia constante en el proceso productivo. Sin embargo, este esfuerzo no ha sido normalmente bien valorado socialmente, la causa ha sido la división sexual del trabajo que, aunque ha variado de unas épocas a otras, lo cierto y verdad es que constantemente ha establecido unas pautas de dominancia del hombre respecto de la mujer y unas estructuras de permanente dominación en el mismo sentido.

Históricamente vemos que la mujer ha estado presente en todo tipo de trabajos, casi siempre en los más penosos y también en los más rudos, lo que quiere decir que la mujer ha desempeñando trabajos en función de los intereses de quien dirige la sociedad, el hombre.

En el antiguo Egipto, las mujeres parece que tomaron parte en las grandes obras de construcción, en las que debía de participar toda la población. En la Grecia Clásica y en Roma, las esclavas trabajaban en las minas. Las mujeres Galas y Germanas iban a la guerra, junto a los varones, y se dedicaban a la agricultura y a la ganadería. Así mismo, formaban parte del Consejo que decidía sobre la paz y la guerra y podían ser jueces de los hombres. Durante la Edad Media, las mujeres desempeñaron numerosos trabajos, y aunque nunca llegaron a gozar de una igualdad total con los hombres, tuvieron sin embargo mejores situaciones en relación con los períodos históricos anterior y posterior.

 

En la actualidad, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), las mujeres perciben un 25% menos de salario por el mismo trabajo que los hombres. Las mujeres realizan alrededor del 62% del trabajo que se hace en el mundo, pero, y también según la OIT, las estadísticas reflejan que sólo el 37% de las mujeres son “económica-mente activas”.


De acuerdo, con ESCABAJAL, SÁEZ y GARCÍA (1994) cuando arguyen que comparar la situación laboral de varones y mujeres constituyen un paso necesario como punto de partida para abordar las reales dimensiones del problema. Pero, si no se toma en consideración que las nociones de trabajo y de mercado de trabajo que se utilizan contienen elementos relacionados con las propias divisiones sociales por géneros entonces en sí, distintas.


La alternativa en el caso de los varones, en lo que se refiere al desempleo, parece ser la de empleo o paro; sin embargo, para las mujeres surge una tercera vía la de las labores domésticas, sobre todo cuando se tiene en cuenta los niveles de formación. En efecto, los varones con poca formación sufren el paro en sus dos modalidades con igual intensidad, pero en niveles de formación más altos el paro es, sobre todo, de rotación. Entre las mujeres la dificultad para acceder a un puesto de trabajo se haces especialmente significativa para las que tienen un débil nivel formativo, en tanto que el paro de rotación es más importante en posniveles de formación elevados.


La inestabilidad en el empleo, como resultado de la citación anterior, afecta especialmente a los chicos con poca o nula formación, mientras que a las chicas les afectaría en todos lo s niveles de formación, aunque con especial incidencia entre las que tienen menos formación. Sin embargo, esta situación viene precedida por otra consistente en una mayor dificultad para la extensión y la diversificación del empleo femenino, dada la tendencia de las chicas a permanecer escolarizadas más tiempo que los chicos, quienes abandonan antes la escuela para realizar trabajos cualificados.


La propia estructura del mercado de trabajo, al estar determinada socio-históricamente, no puede constituir un terreno neutral, sino que esta viciada por los componentes de la denominación plasmada en el sistema social de género y adaptado a los valores de esta dominación que favorece a los hombres y perjudica a las mujeres. El análisis de la división sexual del trabajo se ha clarificado al introducirse la diferenciación entre “segregación sexual vertical” indicativa de la concentración de la mano de obra femenina en las profesiones con cualificaciones más bajas y “segregación sexual horizontal”, referida a la concentración de la mano de obra femenina en oficios y profesiones “específicos”.


Aceptando que existen modificaciones, que podríamos calificar de estructurales, en los niveles de instrucción y de presencia en el mercado laboral, “hay algol que sigue siendo muy significativo: la sistemática exclusión de las mujeres en las direcciones de tipo técnico y en las profesiones de mayor prestigio y poder, y la pervivencia del carácter femenil del trabajo familia”, al contrario de lo que ocurre con el acceso al sistema educativo y al nivel de cualificación alcanzado por las mujeres. La conclusión del mismo es suficientemente elocuente:


- La mujer sigue siendo mayoría en cinco de las treinta y seis ramas de actividad que recoge la Encuesta de Población Activa.

- Los oficios y profesiones siguen segregados en masculinos y femeninos.

- Las mujeres ocupan categorías con escasa cualificación, baja remuneración y poco prestigio social.

- Hay pocas mujeres ocupando puestos de responsabilidad, tanto en el sector público como en el privado.

- El desempleo incide en las mujeres, y especialmente en las mujeres jóvenes, más que en los varones.


Actualmente, en nuestro país cada día existen un número mayor de mujeres que eligen su futuro según su deseo y no según lo que el estereotipo social les ha marcado.


La presencia de hombres y mujeres en la universidad ya hace años que está pareja. Sin embargo persisten las diferencias de opción de carrera. Mientras la chicas eligen profesiones tradicionalmente femeninas, los chicos prefieren carreras técnicas.


La igualdad de oportunidades en la Educación pretende combatir los estereotipos fuertemente arraigados en el tejido social y que afectan a nuestros escolares desde las primeras etapas de la Educación.


La igualdad de oportunidades en la Educación pretende combatir los estereotipos fuertemente arraigados en el tejido social y que afectan a nuestros escolares desde las primeras etapas de la Educación.


Podríamos concluir que cuando la mujer se enfrenta al mundo laboral sigue estando condicionada en gran medida por las diferencias establecidas de un modo más amplio por el sistema de género, que condiciona el propio currículo formativo de las mujeres y sus salidas profesionales y laborales.


Referencias bibliográficas:

- Manual del curso Hacia una educación no sexista.

Autor: Fátima Lozano Chico

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