- Incapacidad para controlar la ira.
- La falta de empatía o de compasión.
- Un bajo umbral de tolerancia a la frustración.
- Dificultad para reconocer los propios sentimientos y distinguirlos de la presión ambiental.
- Incompetencia para reprimir impulsos.
- Dificultad para aplazar recompensas.
Estos comportamientos se dan en el seno de las interacciones sociales, y su control y dominio forma parte de la competencia social que es necesaria para mantener relaciones interpersonales satisfactorias con las personas con las que vivimos. Tener ese control y dominio es una evidencia de ser inteligentes, pero de ser inteligentes emocionalmente, porque en la base de dichos comportamientos descontrolados, está la expresión inadecuada, personal y socialmente ineficaz de las emociones, y de los estados de ánimo que nos provocan los acontecimientos de la vida diaria. Diríamos que la vida exige aprender a vivir, traiga lo que nos traiga, y la vida, no solamente les trae a los alumnos y alumnas realizar multiplicaciones, leer, tener cultura y dominar un instrumento musical, por poner algún ejemplo curricular, sino lo que nos trae de manera continua es la interacción obligada con otras personas, con la inevitable aparición de conflictos y problemas con nosotros mismos, por nuestras interpretaciones erróneas o distorsionadas de la realidad, y con los demás.
La inteligencia emocional se ha atribuido clásicamente a las capacidades cognitivas (pensar, razonar, analizar) relacionadas con el pensamiento abstracto, teórico, científico y académico. Sin embargo, en los últimos tiempos se han consolidado otras aceptaciones más amplias de la inteligencia. Gresham (1981) y Pelechado (1984) ya propusieron la expresión de Inteligencia social para hacer referencia a al capacidad de las personas para comprender e interactuar eficazmente con los acontecimientos interpersonales, y entre dichos acontecimientos se encuentran las emociones que se experimentan y los sentimientos consiguientes.
Más recientemente, Goleman ha desarrollado las bases conceptuales de la inteligencia emocional, como una opción del desarrollo humano dirigida a conseguir el éxito personal en las distintas facetas de la vida, entendido como:
- El logro de la felicidad.
- La comunicación eficaz con las demás personas.
- El dominio de sí mismo.
- La automotivación para conseguir los objetivos que nos proponemos.
- Ser constantes en nuestras actividades.
- Solucionar los conflictos interpersonales.
Todo ello dirigido también a adaptarnos a las circunstancias, haciendo uso de esa capacidad de conocimiento y manejo de nuestra emocionalidad y de las habilidades empáticas que nos permiten mejorar la comunicación con los demás.
Tener un elevado cociente intelectual no es una condición suficiente que garantice el éxito en la vida, es necesario algo más que una buena inteligencia abstracta para poder solucionar los problemas personales derivados de la emocionalidad y de los problemas personales derivados de la emocionalidad, y de los problemas de relación con las personas próximas. Para ello es necesario desarrollar una serie de habilidades de la inteligencia emocional que no guardan relación con las destrezas escolares, intelectuales o abstractas, sino que forman parte de las capacidades de conocimiento y control adecuados de las propias emociones y el conocimiento empático de las que expresan las personas con quienes vivimos y que pretenden poner de acuerdo la cabeza y el corazón o lo que es lo mismo, el cerebro y las emociones, integrar lo cognitivo, lo conductual y lo afectivo. Sería pues, como el gobierno de las emociones.
Por otra parte, las capacidades de la inteligencia emocional no se oponen al clásico cociente intelectual (capacidades cognoscitivas), sino que interactúan en forma dinámica. Algunas personas pueden tener un buen desarrollo en ambas inteligencias: la abstracta y la emocional. Pueden ser alumnos brillantes, desde el punto de vista curricular, y ser, a su vez emocionalmente equilibrados y socialmente competentes. Se trata del llamado “alumno ideal”, tan escaso en nuestras aulas.
Referencias bibliográficas:
- www.inteligencia-emocional.org/
- Libro “La inteligencia emocional” por Daniel Goleman
Autor: Fátima Lozano Chico
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