A. D. E. N. U.

Asociación de Docentes y Educadores No Universitarios

 
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A ELLOS Y A ELLAS POR SER COMO SON

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Quisiera dedicar estas líneas a esas personas que día a día hacen que trabajar en Educación para Adultos sea sumamente gratificante, y a ellos y ellas va dirigido este artículo.

 

Finales de agosto…ya están publicadas las listas de los destinos para los funcionarios en Prácticas, y ahí estoy yo, destinada al aula de adultos de Trujillo. Miles de preguntas inundaron mi mente en esas décimas de segundos, tales como: ¿Qué horarios hay en estas aulas?, ¿de qué edades son los alumnos? ¿Cuáles son los horarios que se inaparten? , y como he dicho muchas más. Dichas preguntas fueron contestadas a principios de septiembre, cuando me incorporé a mi tarea educativa  y entonces fue cuando los ví a ellos/as, nuestros alumnos/as, todos ellos de edades diferentes, algunos acompañados por sus padres , que claro está, son los que han motivado a sus hijos a retomar los estudios; pequeños grupos de amigos que repiten experiencia y así poder terminar el último curso escolar; algunos más decididos, los pocos que vienen solos y tímidamente para informarse de qué tiene que hacer para matricularse en el centro y continuar así, lo que  dejaron en un pasado no muy lejano cuando abandonaron el Instituto, y ellas, nuestras queridas “mujercitas” que alejadas de sus quehaceres diarios y cotidianos vuelven a la “escuela” como ellas dicen para empezar o seguir formándose, ahora que debido a sus circunstancias disponen de un poco de tiempo libre…

 

 

Son muchos los que rellenan esas matrículas y son algunos pocos los que diariamente, cuando sus obligaciones se lo permiten, vienen al aula a cumplir sus propósitos educativos…

 

Primeras horas de la tarde… Empieza nuestra tarea educativa y docente, y aparecen ellas, nuestras mujercitas  y él, el único entre tantas. Con que vitalidad esperan puntualmente a entrar en el centro. Parecen niñas en edad escolar, felices, probablemente más felices que algunos niños de primaria que van al colegio. Saben que no se van a ir a casa sin aprender algo nuevo. Algo que las haga sentirse bien y que con la vuelta a sus hogares puedan compartir con sus familiares e incluso “presumir”  si me permiten utilizar este vocablo y sentirse orgullosas de que ya saben sumar, o quizás hoy, han aprendido a dividir por dos cifras, las más decididas piden aún más tarea, que sea más complicada, y aquellas alumnas que necesitan que te sientes a su lado aunque no digas nada para que mientras realizan sus tareas sentirse, quizás un poco más seguras.

 

No quisiera olvidarme hacer mención a esos delicados y entrañables momentos en que añoran el  no haber  podido ir a la escuela, se puede leer la tristeza en sus rostros, señoras  que riñen a sus nietos porque se pasan todo el día jugando con la play-station y ellas hubiesen dado todo por recibir una educación básica en su momento. Señoras con mayúsculas, que han formado una familia y se sienten muy orgullosas de ello, claro está, y cómo graciosamente dicen: ¡sin saber leer ni escribir!. Y cómo no, no nos olvidemos de él, hombre de mundo, formado a sí mismo, hombre que ha viajado de un lado para otro con sus sueños en la mochila, sueños de ser torero y lo es, quizás no en las grandes plazas pero si en la plaza de la vida. Sabe leer y nadie le ha enseñado, conoce la historia de España de haberla escuchado y recita poesías sin ser poeta….enseña de sólo escucharle hablar.

Pasan las primeras horas, que corto se nos ha hecho y van llegando ellos/as, nuestros adolescentes y jóvenes. Se les escucha reírse en los pasillos, escuchando música en sus móviles, y ellas, comentando como les va…

 

Es la hora, entran en clase son conscientes que nadie les obligar estar ahí, que por las circunstancias que sean, lo necesitan. Son conscientes que les cuesta pero lo intentan y más aún son conscientes de sus limitaciones pero han decidido retomar sus estudios y obtener así el título que necesitan para abrirse camino en el mundo laboral o seguir estudiando. No están en el Instituto y lo saben, esto es totalmente diferente, saben que no van a pasar el tiempo  pensando de qué clase se escaparán hoy, cómo van a hacerlo, o simplemente era falta de la motivación necesaria. Ahora lo hacen, intentan estudiar, atender en las clases…asistir al aula se ha convertido en una necesidad, en su necesidad.

 

Y entre hora y hora, clase y clase pasan los días, pasan los meses, y gracias a Dios seguimos viendo sus caras, caras que te agradecen cada segundo que seas su maestro/a; caras que a veces están agobiadas porque no tienen tiempo para estudiar y caras que te transmiten lo agradecidos que están de poder empezar o retomar sus estudios pasada la mayoría de  edad.

 

Por todo esto y mucho más, gracias a todo vosotros/as, anónimos para los que lean estas líneas pero que para los que trabajamos en educación para adultos tienen nombre y apellidos, gracias por venir a nuestras aulas o centros y gracias por hacernos sentir, cada día más lo bonito que es ENSEÑAR.

 

 

 

(Antonia Conejo Barrero - 79.259.679-T - Maestra de Inglés)