Lo primero que deberíamos de comentar es que se entiende por motivación. La motivación es una palabra que procede del latín “movere”, por lo tanto significa “moverse”, “estar listos para la acción”. Cuando un alumno quiere aprender algo, lo logra con mayor facilidad que cuando no quiere o permanece indiferente. ¿Pero todos en la clase están dispuestos a aprender?.
Todos sabemos que no, incluso me atrevería a decir que es una misión imposible con alguno de ellos, que vienen a clase porque el gobierno les obliga a estar escolarizado hasta que cumplan los 16 años de edad, y permanecen sentados en sus pupitres durante seis horas sin hacer absolutamente nada, rechazan todo tipo de información que implique el más mínimo esfuerzo mental y que por supuesto no esté relacionado con sus intereses, jugar al fútbol, salir de marcha con los amigotes, comentar sus proezas … olvidan frecuentemente el material, llegan tarde a clase, se escapan y a menudo son expulsados del instituto porque incordian no sólo al profesor sino también a sus compañeros ya que les impiden seguir con el ritmo de la clase.
Muchos de estos alumnos son el resultado nefasto de muchos años académicos tirados por la borda, su desinterés y falta de motivación les ha producido un gran desfase académico, que incluso no se supera con medidas de apoyo porque ellos no están dispuestos a hacer el más mínimo esfuerzo.
Quizás para ellos habría que buscar una medida alternativa antes de que cumplan los 16 años, para que no se vean abocados a estar en una clase que para nada les interesa y les aburre constantemente, ¿obligándolos a presenciar las clases, aún a sabiendas de que no van a hacer absolutamente nada, no estamos potenciando su actitud pasiva?, ¿no hay otra forma de reenganchar a estos chicos en el sistema educativo? ¿hay que esperar a los 16 años para que dejen el instituto o se acojan a programas de garantía social?
Una gran mayoría de estos alumnos (aunque no todos), también son víctimas de una situación familiar precaria en términos de afectividad y estabilidad emocional, muchos padres están separados, no tienen un nivel medio de estudios, la situación económica es poco o nada favorable …
Todos estos factores influyen de manera negativa en los adolescentes, que responden con rebeldía ante estas situaciones, adoptando un pasotismo total y una actitud agresiva ante cualquier decisión que le venga impuesta.
A hablar con muchos de ellos, he podido detectar que su autoestima está por los suelos, y la única salida que encuentran es esperar a tener la edad requerida para salir del instituto, se sienten fracasados a nivel escolar, ¡no valgo para estudiar! ¡esto no sirve para nada!... son expresiones muy frecuentes. Ellos desean demostrar su valía en el mundo del trabajo, lo que ocurre es que al no tener una formación adecuada, ni la edad requerida para trabajar, tampoco pueden aspirar a puestos de trabajos decentes, por lo tanto es el pez que se muerde la cola.
Estos alumnos están demandando una enseñanza eminentemente práctica con un bajo nivel teórico en las materias básicas, como la lengua y las matemáticas y en las asignaturas afines a lo que estén aprendiendo. Por supuesto, esto sería necesario para estos alumnos antes de poder optar a un grado medio de formación profesional, dónde por un lado se sentirán muchos más motivados, porque las asignaturas les interesan, y por el otro, los quitaremos de estar deambulado por las calles en horas que se escapan del instituto o de estar interrumpiendo constantemente en clase, además de ofertarles una preparación para su futuro trabajo.
Miriam Santiago Morales
Profesora de Filología Inglesa



