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¿SE PUEDE MEDIR LA INTELIGENCIA?

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Tradicionalmente mediante tests elaborados por el departamento de orientación de los diversos colegios, se ha encasillado a los alumnos como “inteligentes” o digamos “menos inteligentes”.


La fiabilidad de estas pruebas ha sido en numerosas ocasiones puesta en duda, en la mayoría de los casos las  personas inteligentes han obtenido buenos resultados, pero a veces personas que son consideradas como muy inteligentes no han sacado los resultados esperados, tampoco podemos asegurar lo contrario, que todas las personas que hayan sacado buenos resultados sean realmente inteligentes.

 

 Por lo tanto, podemos afirmar que las pruebas aportan una información meramente orientadora con la posibilidad de un margen de error considerable.

 

La inteligencia puede ser definida como la capacidad mental que permite resolver problemas, comprender razonamientos abstractos, memorizar, aprender de la experiencia y con rapidez. La inteligencia no es un mero almacén de datos sino una capacidad más amplia que da sentido a las cosas para saber qué se debe hacer en cada situación.

 

 

   Existen diversos tipos de tests de inteligencia, pero todos ellos miden la inteligencia de manera muy similar. Algunos tests incluyen palabras o números y requieren un conocimiento cultural específico (como el vocabulario). Otros, en cambio, no requieren este conocimiento, e incluyen formas y diseños que sólo exigen conocer conocimientos universales simples (mucho/poco, abierto/cerrado, arriba/abajo...).

 

A la hora de determinar la inteligencia influyen muchos factores, como la capacidad de concentración, la memoria, el tipo de percepción que se tenga de la realidad, así sabemos que podemos ser visuales, auditivos, olfativos, gustativos o kinestético, dependiendo de la capacidad que tengamos más desarrollada, así seremos más hábiles o menos en el desarrollo de las actividades, y por último me queda mencionar el factor suerte que es como siempre fundamental para todo, de ahí el famoso dicho “suerte te dé dios que el saber poco te vale”.

 

Las pruebas de inteligencia pueden ser útiles para diagnosticar algún tipo de problema y poder ofrecer al alumno un diagnóstico que permita mejorar su rendimiento escolar, pero en ocasiones han marcado la infancia de algunas personas por haberlas encasillado como poco inteligentes, y por consiguientes no válidas para  realizar determinado tipo de estudios.

 

Debemos tener en mente que este tipo de pruebas tiene  meramente un valor orientativo y nada más, simplemente aporta información sobre la relación entre la edad mental y física de una persona, lo que comúnmente se conoce como el “cociente  intelectual”.

 

El cociente intelectual de una persona viene en gran medida determinado por la genética y por ambiente y las experiencias personales de cada sujeto: el entorno familiar, la escolarización, la ocupación, la nutrición …

 


Bibliografía:

Stenberg, R. y Detterman, D., K. (1988). ¿Qué es la inteligencia?. Madrid. Pirámide

 

 

 

 

Miriam Santiago Morales

Profesora de Filología Inglesa