“¡Pobre de ti que me insultes, que te denuncio!” es una de las amenazas que los alumnos usan cada vez con más frecuencia al dirigirse al profesor. ¿Qué está pasando?. Hemos pasado del todo al nada, desde cuando los niños veían al profesor como una figura altiva, lejana y autoritaria, capaz de dar collejas sin más y palmetazos a la mínima falta de respeto, a el otro extremo, en el cual el profesor ha perdido por completo la autoridad, encontrándose desprotegido legalmente ante ciertas acusaciones, que no sólo desacreditan su profesionalidad poniendo en tela de juicio su labor, sino que también le hace sentir personalmente fatal.
No es de extrañar que cada vez se acusen más bajas por depresión en la enseñanza, ante individuos que no saben comportarse en casa, por supuesto no podemos esperar que sean mínimamente cívicos en clase, no sólo con el profesor sino también con algunos de sus compañeros.
Antes de la LOGSE ya algunos profesores habían rebajado la exigencia en el respeto que quizás en algunos casos era “desmedida”. Lógicamente unos profesores la habían rebajado más que otros. Algunos se hacían llamar por el nombre en lugar de señor o señorita, y se dejaban de tratar de tú, o hacían caso a los alumnos cuando les decían, a veces de lejos y gritando, “oye profe” o “oye tú”. O les pasaban por alto ciertas faltas de respeto. Y como dicen los ingleses “si no cuidas los peniques, tendrás que cuidar las libras”. Es decir que si no cuidas los detalles tendrás que cuidar las cosas gordas.
Ahora con la LOGSE podemos decir que “todo el monte es orégano”, los alumnos asisten a clase y mucho de ellos sin intención de estudiar porque como ya han repetido una vez en el ciclo, según la ley educativa (la cual se la conocen perfectamente) no pueden repetir más, así que frecuentemente nos dicen “me da igual, como yo paso de todas formas”, además muchos padres aún conscientes de que sus hijos tienen muchas asignaturas suspensas, permiten que continúen al curso siguiente. Por lo cual nos encontramos con cursos que tienen un alto porcentaje de alumnos con más de cuatro asignaturas suspensas.
Algunas series de medidas deben de ser puestas en práctica:
En primer lugar: devolver la confianza a los profesores en todos los ámbitos de la disciplina.
En segundo lugar: no dar nunca la impresión de que los alumnos no tienen más que derechos. El alumno en primer lugar tiene deberes que son los de asistir a clase con lo necesario para trabajar y estudiar. Y hacerlo de forma que rinda, aprenda y saque las mejores notas posibles para él. Por poner un ejemplo, si un alumno no lleva bolígrafo, ni libreta, ni los apuntes de los últimos días para estudiar, y cuando se explica no toma apuntes, ese alumno pierde el derecho a estar en clase por no cumplir estos requisitos. Y lo normal será echarle de clase.
Y en tercer y último lugar, promover un mayor respaldo legal que proteja a los profesores ante situaciones injustas.
En educación la confianza en el que educa es clave y la autoridad y el orden es imprescindible para que los alumnos puedan seguir las explicaciones del profesor .
Miriam Santiago Morales
Profesora de Filología Inglesa



