Desde mi punto de vista, creo que el hombre ha perdido la capacidad de cultivar valores, de seguirlos, como si fueran el timón que guía sus vidas. Al estar los valores dentro de uno mismo, cada persona posee diversos valores y puntos de vista sobre la realidad. Al diferir los valores de unos a otros, surgen conflictos que pueden convertirse en problemas de índole tanto social como ética, repercutiendo en los diferentes ámbitos de la sociedad: económico, político, social y cultural. Quizá pueda explicar el hecho de que una crisis de valores a nivel personal se refleja en la sociedad en su conjunto y se constituye en un problema social, del cual se deriva una serie de comportamientos poco éticos que vemos día a día en nuestro entorno, tanto en la política, la economía y por supuesto, en las organizaciones, tanto públicas como privadas.
Está muy claro que vivimos en una sociedad demasiado egoísta y no nos damos cuenta o, más bien, no queremos darnos cuenta de la cantidad de personas que viven en extrema pobreza en nuestro país y en muchos otros lugares del mundo, tampoco de la falta de solidaridad y de justicia social entre los seres humanos. Esto a la vez fomenta el individualismo, ya que cada persona se preocupa sólo por sí mismo y por tener cada vez más que los demás.
El pluralismo, la debilidad de las creencias, el relativismo moral y la carencia de ideologías pueden algunas de las razones que explican la permanente crisis de valores que existe en la actualidad. A pesar de esta crisis, me planteo si más que una crisis de valores pudiera hablarse de una crisis de valoraciones, puesto que los valores siempre existirán, mientras que las valoraciones de las cosas son las que van cambiando, sustituyéndolas por otras que van marcando las situaciones sociales y culturales.
Desde la época industrial, el hombre ha tenido que acostumbrarse a los permanentes cambios que han vivido. Surge en ese momento, una percepción de que todo es efímero y transitorio, muy diferente de lo estable y duradero que persistía hasta entonces. La motivación de las personas en relación a temas como el trabajo, los conflictos políticos, las creencias religiosas, sus actitudes frente al divorcio, el aborto y la homosexualidad, la importancia de la familia… han cambiado. Se podría llegar a decir que en las sociedades industriales, los valores han venido cambiando de acuerdo con lo que la gente espera de la vida.
Para terminar, creo conveniente comentar que desde mi punto de vista, la problemática que ha originado esta crisis de valores o de valoraciones tiene su origen en la infancia, ya que es en esta etapa cuando se forjan muchos de los valores que dirigirán la vida de una persona, y es por esto que resulta de vital importancia que los niños reciban en sus familias y en las escuelas una educación integral, siendo capaces de desarrollar un pensamiento ético y moral.
F.D.O: María del Carmen Portillo González
DNI: 33.976.793 – C
Psicología y Pedagogía



