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CARACTERÍSTICAS DE ALUMNOS ACOSADOS, ACOSADORES Y ESPECTADORES

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Uno de los problemas que más preocupa a nuestro sistema educativo tiene que ver con la intimidación o acoso entre iguales (bullying), con consecuencias dramáticas en algunos casos conocidos por todos. La preocupación por el acoso entre iguales en el ámbito educativo tiene una trayectoria muy larga. Así, los primeros trabajos al respecto los realiza el sueco Dan Olweus en la Universidad de Bergen en 1973.

 

Las personas que mantienen y fomentan este problema de convivencia son, principalmente, tres: las víctimas, el agresor/es y los denominados espectadores del problema. Son personas que presentan unas determinadas características:

-         Las víctimas: desarrollan baja autoestima, pobre autoconcepto; tienen escasas relaciones personales, empobrecimiento académico; aparecen síntomas depresivos, inseguridad, etc. Estos efectos se mantienen a largo plazo, especialmente si no cambia la situación.

-         Agresor/es: aprende que las conductas violentas y la impunidad pueden ejercerlas a su voluntad. Frecuentemente, terminan con problemas de precriminalidad y conductas delictivas, con un inadecuado modelo de relaciones sociales, abandono escolar, drogadicción, etc. Si bien, en algunos casos, pueden continuar con estos estilos de conducta e incluso triunfar.

-         Los espectadores: pueden ser de tres tipos: los ayudantes y animadores (aprender a ser agresivos), los defensores (considerados como chivatos) y los ausentes (adoptan una actitud pasiva en relación al conflicto). Todos ellos tienen en común que son conocedores del problema y saben quienes son las víctimas y los agresores. Este grupo, hasta cierto punto, es un cómplice activo de los agresores: el agresor recibe el mensaje del silencio, interpretándolo como una aprobación de su conducta; la víctima percibe que su agresor se ve apoyado por la pasividad de los otros. El espectador, probablemente sin saberlo, está contribuyendo al mantenimiento del problema, pues con su silencio impide que el profesorado o la familia puedan intervenir.

 

            Según los distintos estudios realizados al respecto, no se puede concretar un porcentaje aproximado de alumnos víctimas o agresores, ya que estos datos varían de un estudio a otro por causas metodológicas. No obstante, se puede decir que se han encontrado datos bastante consistentes en cuanto a edad y sexo, afirmando que el porcentaje de víctimas y agresores aumenta al final de la Etapa Primaria, alcanza su punto máximo entre los 13 y los 15 años y va disminuyendo progresivamente, siendo un fenómeno más frecuente entre los chicos.

Creo, desde mi opinión personal, que a pesar de todos estos datos, es positivo  comprobar que existe una tendencia creciente a la resolución de los conflictos de convivencia en el ámbito del propio centro educativo y una mayor implicación de las familias en el proceso de detección y resolución de los conflictos, aunque sea todavía insuficiente, y como tal la perciba el profesorado.

Bibliografía:

-         Cerezo, F.: La violencia en las aulas. Análisis y propuesta de intervención. Ed. Alianza, 2002.

-         Gimeno, J.: Educar y convivir en una cultura global. Ed. Morata, 2001.

 

                                                                               

 

F.D.O: María del Carmen Portillo González

DNI: 33.976.793 – C

Psicología y Pedagogía