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Asociación de Docentes y Educadores No Universitarios

 
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LA FIGURA DEL TUTOR

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La educación integral, dirigida a todos los ámbitos de la persona, concibe la orientación como un derecho para el alumno, y así se reconoce en las principales leyes educativas. El desarrollo de la orientación educativa tiene lugar a través del ejercicio de la tarea docente, pues la orientación es tarea de todos los profesores, teniendo además su máxima expresión en la figura del tutor.

Podríamos decir que la tutoría es la actividad inherente a la función docente que se realiza individual y colectivamente con los alumnos de un grupo-clase, con el fin de facilitar la integración personal de los procesos de aprendizaje. Las funciones del tutor no son “añadidas” a sus funciones propias como profesor, sino que forman parte de éstas. La figura del tutor es una manera de canalizar la atención educativa integral a los alumnos, desde la perspectiva del Centro. Se intenta así, garantizar y personalizar esa atención.

De todas maneras, habría que matizar que el tutor no tiene en exclusiva esa atención educativa, ya que la comparte con los demás profesores, con las familias, y a ser posible, con un equipo técnico de orientación. El tutor se ha de esforzar en estar al tanto de los problemas educativos que se vayan dando y en facilitar más directamente los procesos de solución; otros, dependerán más directamente de otras personas.

El tutor tiene encomendadas funciones en relación con la familia, los profesores y los alumnos. Las funciones del tutor con respecto a los alumnos pueden ser divididas en tareas de orientación personal, tareas de orientación escolar y tareas de orientación vocacional. No obstante, el objetivo último de todo proceso de orientación es conseguir la autoorientación del alumno, es decir, que el alumno sea capaz de tomar decisiones y resolver sus dificultades por sí mismo.

Teóricamente, se reconoce la necesidad de esta función orientadora del tutor, pero en la realidad, no se ponen los medios adecuados para ejercerla. El tutor cuenta con un pequeño horario para estas tareas y suele darse una falta de preparación específica en este campo. Estos factores contribuyen a que muchos docentes se retraigan de tareas orientadoras, limitándose a ejercer, en algunas ocasiones, entrevistas con los padres y alumnos, que por lo general giran sobre lo académico, sin enfocarlo desde perspectivas más amplias.

A modo de conclusión, puedo decir que no hay un modelo de tutor, ni tampoco se trata de ser un tutor perfecto; sí puede ser recomendable plantearse la propia situación e intentar conseguir nuevos conocimientos sobre estos temas. La participación en cursos, seminarios, el intercambio de ideas con otros profesionales y el contraste con la realidad, darán ocasiones de potenciar el trabajo como tutor.

 

 

 

 

F.D.O: María del Carmen Portillo González

DNI: 33.976.793 – C

Psicología y Pedagogía