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El origen de los problemas en lectura

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Cuando los niños leen bien, aumenta increíblemente su aprendizaje durante sus vidas y surge un potencial bastante grande en el futuro de su desarrollo. Pero cuando sucede lo contrario y los niños leen muy pobremente, se les cierran las posibilidades; la escuela y el aprendizaje se vuelven más bien una carga.

Según diversas fuentes consultadas, parece existir una coincidencia en señalar cuáles son los principales factores que pueden dificultar el aprendizaje de la lectura, incluso mucho antes de enseñarlo. Entre ellos, podemos destacar los factores metacognitivos, que se relacionan fundamentalmente con la fonología.  Por ejemplo, si un niño no toma conciencia de que el habla, que parece algo continuo, puede segmentarse en varias partes, que a su vez, se pueden representar de forma escrita, presenta un problema de diferenciación auditiva, al no saber tomar conciencia de las diversas partes en que se divide el habla. Es un paso que todos damos, aunque no seamos conscientes de ello.

Igualmente, los llamados conocimientos (o metaconocimientos) sobre la lectura y el mundo escrito complementan estas habilidades pre-lectoras, que no siempre se consiguen. Para ilustrar estas dificultades, y una primera solución en este caso, resulta muy clara la anécdota que describen Huerta y Matamala (1995): “… Un día, ante la apatía, el desinterés y la incomprensión del niño, la joven reeducadora, algo alterada pero intuitivamente iluminada, le increpó que él era sordo y que lo que pasaba era que no oía a los papeles, pero que los papeles hablaban. (…) Para demostrarle que ella si que oía a los papeles le dijo en voz alta lo que el papel ponía, que era lo siguiente: “Ya no se qué hacer para que Hermenegildo aprenda a leer”. Posteriormente, (…) le mandó con el papel a que comprobase con otra persona si era cierto que decía o no decía aquello. Hermenegildo, con cara de escéptico, llevó el papel a otra reeducadora que trabajaba en el despacho de al lado para que le dijera lo que el papel decía, y realmente se sorprendió de cómo aquella persona oía también lo mismo. No contenta con eso, y por si Hermenegildo podía aún pensar que se trataba de un complot entre las dos profesoras, le envió con el papel a ver si otro niño, mayor que él, también era capaz de entender el lenguaje de los papeles. Después resultó sencillo que el niño entendiera que no se oía a los papeles por las orejas, sino por los ojos, y que eso era leer. A partir de entonces “milagrosamente”, Hermenegildo se tomó más interés y comenzó a participar activamente en comprender cualquier cosa que “soñase” en un papel” (Huerta, E. y Matamala, A. 1995 p.77).

El niño aprende las palabras habladas que escucha diariamente, puede memorizarlas y reconocerlas al asociarlas con objetos o personas concretas. Con las palabras escritas pasa lo mismo, siempre y cuando podamos introducir al niño en el lenguaje escrito de una forma similar a como lo hacemos con el lenguaje hablado. De la misma manera que le hablamos continuamente a un niño para que aprenda a hablar, deberíamos emplear un método similar con el lenguaje escrito.

No obstante, los problemas también pueden venir por la dificultad para reconocer palabras, que impiden un progreso mayor en los procesos lectores superiores, relacionados con la comprensión. Es por eso, que los fallos en los procesos de reconocimiento se han considerado siempre como los más “específicos de la lectura”, entre los que destaca la dislexia.

            Desde mi punto de vista, la lectura es la puerta de entrada al conocimiento, a la información y a la imaginación. Por eso cuanto antes podamos adentrarnos en ese universo mucho mejor. La mayoría de problemas relacionados con la lectura no surgen por empezar a leer pronto sino por aprender mal. Y en este ámbito, es muy importante implicar a la familia en este nuevo aprendizaje, reforzando el hábito de leer o escribir para que exista una coherencia entre los principales ámbitos en los que se desenvuelve el niño: la escuela y la familia.

Bibliografía:

-         Huerta, E. y Matamala, A. (1995): Tratamiento y prevención de las dificultades lectoras. Madrid: Visor-Aprendizaje.

-         Defior, S. (1996): Las dificultades de aprendizaje. Málaga: Aljibe.

 

                                                                               

 

F.D.O: María del Carmen Portillo González

DNI: 33.976.793 – C

Psicología y Pedagogía