Las lesiones tienen más posibilidades de producirse si la cabeza del niño después de ser zarandeado, se golpea contra algo, incluso aunque sea algo suave como un colchón.
Estas lesiones ocurren porque el cerebro del bebé es muy blando y sus ligamentos y músculos del cuello son débiles y aún no están totalmente formados, y además, sus cabezas son grandes y pesadas con respecto al resto del cuerpo. Su cráneo no esta lo suficientemente fortalecido como para absorber mucha de esta fuerza, así que esta se transmite al cerebro y luego rebota contra el cráneo ocasionando contusión cerebral, hinchazón, presión y sangrado (hemorragia intracerebral).
Afortunadamente este Síndrome no se produce por dar saltos suaves con él, balancearlo mientras se juega o duerme o levantarlo en el aire y tampoco si se tiene un accidente como caerse de una silla o de los brazos. Estas caídas ocasionan otro tipo de daños, pero no este Síndrome, que solo se produce cuando se zarandea bruscamente en repetidas ocasiones.
Este se da sobre todo en niños maltratados, y hay una serie de señales y síntomas que muestran que el bebé lo sufre. Son los siguientes: convulsiones (crisis epilépticas), disminución de la lucidez mental, irritabilidad extrema u otros cambios en el comportamiento, letargo, adormecimiento, ausencia de sonrisa, pérdida del conocimiento, pérdida de la visión, paro respiratorio, piel pálida o azulada, alimentación deficiente, falta de apetito, vómitos.
Sin embargo, a veces, no se muestra ningún síntoma, ni siquiera hematomas, sangrado o hinchazón por lo que es difícil de diagnosticar.
Sus consecuencias son muy serias, desde las más leves que causan dificultades en el aprendizaje, a las más graves que provocan lesión cerebral, parálisis, ceguera e incluso la muerte.
En cuanto a su tratamiento, no siempre es posible, depende de la rapidez con la que se descubra y del daño causado. Por eso, en cuanto sospechemos que un niño ha sido sacudido, hay que acudir rápidamente al médico para que lo evalúe.
Y sobre todo, si como padres nuestro bebé nos desespera, lo mejor es dejarle en la cuna o en su carrito aunque siga llorando y no cogerlo, y mucho menos tenerlo en brazos durante una discusión.
MARÍA JOSÉ CASIMIRO CALEYA



