Tan solo por la educación puede el hombre llegar a ser hombre. El hombre no es más que lo que la educación hace de él. E. Kant
¿Quién de nosotros no ha soñado alguna vez con un buen trabajo, un buen sueldo, una casa grande y confortable, un apartamento para ir de vacaciones, varios coches en el garaje, y por encima de todo, ser feliz…? Supongo que todos.
Pero para hacer realidad nuestros sueños es preciso el esfuerzo, el trabajo y el sacrificio. Sin estos tres ingredientes difícilmente podemos llegar a conseguirlos.
No todos tenemos los mismos objetivos. Para muchos de vosotros un buen trabajo será aquel en el te paguen más. Para otros será aquel que les permita dedicarse a él con plena devoción, aunque la recompensa económica no sea tan cuantiosa, valorando más otros aspectos.
Sea como fuere nuestra visión de nuestro yo ideal, todos tenemos, al menos, un medio en común para lograr dicha meta, y no es otro que la educación. El “ser más” y ayudar a ser más, frente al “tener más” como contrarias mentalidades.
En tal sentido nos menciona Fernando Savater, ese que a veces encontramos casi por accidente entre el montón de revistas y periódicos, que nacemos humanos aunque en realidad no lo somos sino hasta después, esto debido a que no basta con nacer humanos sino que fundamentalmente tenemos que llegar a serlo, finalidad para la cual el aprendizaje se nos presenta como el medio por el cual los hombres podemos llegar a mejorarnos los unos a los otros, toda vez que existen cosas que podemos aprender y que merecen serlo a través de la educación, radicando justamente en este aspecto su vital importancia. La educación es la base del individuo, lo que define a la persona en sí misma.
No sólo se basa en la construcción del conocimiento intelectual de la persona, sino en transformarnos en seres válidos para sociedad.
Al respecto, es preciso mencionar los cuatro aprendizajes fundamentales de la educación que nos presenta el informe del autor Jacques Delors: aprender a conocer, adquiriendo los mecanismos que nos ayuden a la comprensión de las cosas; aprender a hacer, para con ello poder contribuir a mejorar nuestro propio entorno; aprender a vivir juntos, para de esa forma estar en condiciones de participar y cooperar con nuestros semejantes; finalmente aprender a ser, para poder desarrollarnos como personas y seres humanos conjuntamente con los demás, estando este aprendizaje al mismo tiempo en estrecha relación con los tres anteriores
Se suele decir que si un habitante de la antigua Grecia de Platón y Aristóteles viajara en el tiempo y parase en nuestros días, no conocería ningún lugar, excepto la escuela.
¿Tan poco ha evolucionado la escuela? Si lo piensas, no mucho. Los alumnos se siguen sentando en pupitres, se explica en una pizarra y sólo hay un maestro por clase.
Quizás hasta la metodología sea la misma. Lección magistral del profesor, ejercicios, repetir este proceso X veces y acabar con un examen.
Vemos como todos los estamentos de la sociedad han evolucionado. Los médicos ya no aplican la anestesia a base de porrazos, los abogados tienen más importancia en el proceso judicial, los bancos disponen de las últimas tecnologías para la administración y seguridad de nuestro dinero, los medios de comunicación se globalizan… pero ¿y la educación? ¿No se está olvidando la sociedad bastante de ella? Es la parte más desprestigiada, pero no por ello menos importante que las demás. La educación es el artífice de esos abogados, arquitectos, médicos, banqueros, y toda la sociedad en general del pasado, el presente y del mañana.
Esto también depende en gran parte del cuerpo de maestros. Hoy en día contamos con infinidad de recursos. Era impensable hace unos 15 años cuando sólo podíamos acudir a una vieja enciclopedia o a la desestructurada biblioteca de nuestra localidad en busca de información adicional para completar algún trabajo.
No acabamos de valorar del todo cómo con una simple conexión a internet encontramos centenares de páginas acerca del tema que buscamos. Pero para sacarle el mayor partido hay que saber utilizar este recurso.
Seguro que todos tenemos y hemos tenido profesores que ni encendían los ordenadores porque “es una pérdida de tiempo y un gasto inútil”. Gran error. ¿Qué pensáis si hubieran dicho eso los médicos cuando se empezó a utilizar la tecnología en este campo? ¿Por qué se intenta que la educación renuncie a esto?
La adecuación de profesores, alumnos, padres de familia y de la sociedad en general a este fenómeno, implica un esfuerzo y una ruptura de estructuras para adaptarse a una nueva forma de vida; así, la escuela se podría dedicar fundamentalmente a formar de manera integral a los individuos, mediante prácticas escolares acordes al desarrollo humano.
Finalmente, no podemos dejar de reconocer el papel del maestro en la educación, dado que si bien es cierto que su rol viene cambiando en atención a las nuevas demandas de la sociedad del conocimiento, hay una característica que seguirá siendo vigente a pesar de todo; me refiero a su rol inspirador, aquel que tal vez hayas tenido la suerte de experimentar, lo mismo que quien escribe; experiencias en las cuales nuestro maestro nos dio enseñanzas para la vida, que nos serán de utilidad por siempre, para emplearlas en lo que vendrá o para compartirlas, aquello que constituye una inspiración para intentar ser mejores, para estar preparados, para ir desarrollando nuestras virtudes e ir corrigiendo nuestros errores, de forma tal que podamos ayudarnos y ayudar a los demás, porque tal y como lo dice Juan Franco Gruarin, neurocirujano de profesión, en tributo a Francisco Rubén Perino: "un Maestro puede tener muchos alumnos. Un alumno, no siempre tiene muchos Maestros..."
Antonia Santiago Sánchez
CP Montevirgen (Villalba de los Barros)
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