En nuestros días es completamente normal educar en igualdad a nuestros alumnos independientemente de su sexo. Por otro lado es muy común, por desgracia, ver en las noticias signos evidentes de diferenciación y discriminación hombre/mujer. Esta diferenciación se ha venido produciendo a lo largo de la historia desde tiempos inmemoriales. La mayor parte de las veces, esta diferenciación ha perjudicado a la mujer, es decir, la ha situado, por el mero hecho de su sexo, en un plano inferior al del hombre.
En el siglo XVI, Fray Luis de León en La perfecta casada ve a la mujer muy limitada en su capacidad de aprendizaje y muy orientada hacia las tareas domesticas y hacia su papel de madre y esposa.
En el siglo XVII y en el XVIII, las mujeres calificadas de bachilleras no tenían buena reputación, la sociedad se manifestaba en contra de estas mujeres. Si las familias tenían un poder adquisitivo alto podía aprender a leer pero no se aconsejaba que aprendiesen a escribir. La educación femenina se ha caracterizado por fomentar los papeles de la mujer como madre y esposa preparándola para la vida en el hogar, al lado de su marido y de sus hijos.
Sirvan estos ejemplos para comprender que la educación de los hombres se basaba en el respeto hacia su propia personalidad y experiencias y se les proporcionaban los conocimientos necesarios para desarrollar en ellos unos criterios libres mientras que con la mujer se pretendía crear una persona débil, dependiente de su futuro marido, dado que el modelo educacional de la Ilustración, tenía como fin el de enriquecer la formación en beneficio de la calidad del matrimonio y de la maternidad.
Como excepciones a estos modelos educativos merece la pena destacar otras mentes más racionalistas entre las que se encuentran mujeres como Josefa Amar y Borbón, quien publicó en 1790 el Discurso en Defensa del Talento de la Mujer o el padre Feijó o Jovellanos que proclamaban también la necesidad de crear una nueva educación para la mujer.
Poco a poco se producían determinados avances, así se puede destacar que de 1880 a primeros de siglo, quince alumnas terminaron sus estudios universitarios en Medicina, Ciencias, Farmacia y Filosofía. Si bien aun a mediados del siglo XIX la mayoría de las mujeres (un 86%) de ellas eran analfabetas. La creación de escuelas gratuitas para mujeres consiguió disminuir este hecho.
En nuestros días debemos ser conscientes de que es necesario identificar el sexismo educativo como un problema social al que debemos enfrentarnos. A veces la discriminación sexista puede estar tan interiorizada que no la advertimos, la escuela debe ser un motor del cambio de la posición social de la mujer. La incorporación laboral de la mujer, sin una adecuada formación, seguirá- estando restringida a trabajos de tipo subsidiario.
La educación dada a niños y niñas tiende a homogeneizarse, si bien también es sexismo puede fomentarse por una diferencia de atención que se traduzca en una marginación para parte de las niñas, por esta razón es muy importante la reflexión sobre el tema tanto en la formación como en el reciclaje de los profesores.
Una sociedad que discrimina a la mitad de su población es una sociedad condenada al fracaso, debemos perseguir por tanto:
· Una concienciación de la realidad discriminadora de sexo.
· Dotar a los alumnos de elementos de análisis para identificar actitudes y valores que mantienen desigualdades de género.
· Detectar las formas de discriminación que por razón de sexo se siguen dando, a veces, en los centros.
· Diseñar actividades y experiencias que favorezcan la coeducación.
· Analizar la importancia de la familia en las estructuras sexistas.
· Analizar la importancia de la escuela en las estructuras sexistas.
Bibliografía:
“La Educación Extremeña” ANPE
Educación para la Igualdad de Oportunidades entre Mujeres y hombres. ANPE.



