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EL ROL DEL PROFESOR EN EL EDUACIÓN EMOCIONAL

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La figura del profesor tutor en el contexto de la educación cognitiva, conductual y emocional se revela como fundamental en el proceso educativo. El escenario escolar, y más concretamente el aula, es un marco social complejo donde se dan interacciones profesor-alumno, alumno-alumno y alumno-grupo en virtud de las cuales se establece un determinado clima escolar en el que se manifiestan aspectos como los expresados por Moos, en el que cada alumno se desarrolla, y se fraguan creencias, actitudes, valores, se toma consciencia de las capacidades y limitaciones propias, se establecen marcos de comparación de unos alumnos con otros. La consecuencia es el moldeamiento de unos u otros estados afectivos que acompañan siempre al proceso de enseñanza-aprendizaje que tiene encomendada la institución escolar.

Por lo que respecta al rol del profesor una de sus grandes encomiendas es el de propiciar e instaurar un clima de clase donde el tipo de relaciones establecidas sean emocionalmente sanas y deseables, aspecto éste que influye positivamente sobre el aprendizaje curricular ordinario.

 

Este rol se concreta en activar en el alumno el sentimiento de competencia tanto curricular como personal y relacional, proyectando en ello expectativas de éxito y de logro en ambas facetas. En esta línea de concreción Espejo (1999), postula la adopción de actitudes didácticas por parte del profesor, favorecedoras del sano y equilibrado desarrollo emocional:


Atención al alumno:


Presentar atención física al alumno con la expresión de conductas no verbales manifiestas como el acompañamiento a la aprobación con posturas corporales congruentes, expresando en el rostro la aceptación y aprobación dirigidas a comportamientos sociales y personalmente deseables que deben fomentarse en el aula. Estas manifestaciones explícitas evidencian el apoyo y la ayuda al alumno desde la consideración personal, y le confieren a ala relación profesor-alumno desde la consideración personal, y le confiere a la relación profesor-alumno un talante personalizador de consideración del otro, en este caso del alumno.


Escucha activa:


Mantener una escucha activa de las verbalizaciones del alumno que se manifiestan en forma de impresiones, preguntas, protestas, comentarios, etc.


Así pues, las demandas al rol del profesor en el ámbito psicoafectivo es la de empalizar con el alumno y constituirse como modelo de habilidades empáticas, para que éste aprenda a escuchar, entender, comprender, valorar y asumir los datos emocionales y afectivos que los compañeros sienten.


Desde la perspectiva didáctica se sugiere la adopción de metodologías de aprendizaje (de cualquier área curricular) que favorezcan la cooperación, el desarrollo personal, la colaboración, la reflexión personal, la búsqueda de alternativas positivas, el diálogo, el contraste de pareceres, la relación interpersonal eficaz. Estos datos pedagógicos de enseñanza-aprendizaje se refieren al trabajo cooperativo a las dinámicas de grupo, al trabajo en equipo, a los proyectos de trabajo y a tantas otras modalidades permitan la mejora de las relaciones no competitivas.


Por otra parte es evidente el notable incremento en los últimos años de los problemas comportamentales en los centros educativos que se proyectan en manifestaciones agresivas en el denominado fenómeno del Bullying (Ortega 1997: Olweus, 1998), así como la notable incidencia de trastornos con base afectiva como estados depresivos, cuadros ansiógenos, conductas delictivas e incluso intentos de suicidio. Todo ello en la población escolar, principalmente en los niveles de la Educación Secundaria.


En toda esta constelación de problemas personales e interpersonales de la población juvenil debe tenerse en consideración la importancia de los factores afectivos y cognitivos de manera indisolubles, ya que las tres dimensiones del comportamiento humano (conductual, cognitivo y afectivo) interactúan entre sí son interdependientes y se proyectan en comportamientos manifiestos como los trastornos descritos anteriormente.


Las características educativas de la nueva situación socio-escolar exigen una competencia profesional para el tutor que transciende la formación recibida en el ámbito estrictamente curricular ordinario en los planes de formación. En la práctica tutorial el profesor asume un rol psicopedagógico que, entre otras funciones, se caracteriza por:


a) Percibir las necesidades, motivaciones, intereses y objetivos de los alumnos.


b) Ayudar a los alumnos a establecerse objetivos en la vida.


c) Favorecer en los alumnos los procesos de toma de decisiones, de responsabilidad.


d) Constituirse en orientador personal.


e) Establecer un clima emocional positivo, ofreciéndole apoyo personal y social para aumentar su autoconfianza.


f) Desarrollar hábitos de aprendizaje cooperativo.


Podemos enseñar a ser más inteligentes emocionalmente desarrollando en nuestros alumnos las habilidades necesarias para ello. Las emociones denominadas básicas o innatas como la alegría, la tristeza, la ira o enfado, la sorpresa, el medio…, son consideradas como universales. Sin embargo, podemos aprender las emociones de acuerdo con el ambiente en el que vivimos, y de acuerdo con la educación que recibimos.


Aprender a expresarlas supone un esfuerzo intencional, un querer hacerlo o automotivación. Cuando logramos ese aprendizaje, es decir, el manejar bien una emoción o estado de ánimo, somos capaces de encadenarlos con otros estados de ánimo favorables.


Referencias bibliográficas:

- www.inteligencia-emocional.org/

- Libro “La inteligencia emocional” por Daniel Goleman

Autor: Fátima Lozano Chico

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