La familia constituye el entorno más inmediato de socialización de niños y niñas, ejerciendo una influencia decisiva en el proceso de configuración de la identidad personal, la madre y el padre eligen el ambiente en el que educarán a sus hijos y a sus hijas transmitiéndoles determinados valores y conductas. la familia se convierte, en el primer agente de transmisión de estereotipos sexistas, así por ejemplo, a los niños se les han comprado juguetes interactivos, muñecos articulados etc., mientras que a las niñas se les hace jugar por ejemplo con plastilinas blanditas, set de belleza, muñecos que simulan ser recién nacidos etc.
Podemos decir que aun en nuestros días, muchas familias, inconscientemente mantienen una educación diferencial mediatizada por el género, que se hace presente por la forma en la que nos dirigimos a nuestros hijos, por los modelos reales que ofrecemos, las responsabilidades, derechos y exigencias que asignamos a cada sexo, el uso del tiempo de ocio, el reparto de las tareas domesticas etc.
Todo lo que aprendemos en nuestra familia, sobre todo a edades tempranas, afectará a la forma de ser y de estar en el mundo. Por todo esto es muy importante que todos, familia y escuela, tomemos consciencia de los prejuicios sexistas, de los estereotipos contrarios a la igualdad que se siguen transmitiendo consciente o inconscientemente en el ámbito familiar y por supuesto en el ámbito escolar.
Se pueden tomar medidas que nos hagan avanzar hacia una igualdad de oportunidades entre ambos sexos, tales como:
· Fomentar un uso no sexista de la lengua.
· Elegir con criterio los elementos educativos ligados al género (ropa, diversiones, juguetes…) aunque no encajen en las asignadas tradicionalmente a cada sexo de nuestra sociedad.
· Considerar a los chicos y chicas con las mismas potencialidades, responsabilidades, derechos …
· Propiciar el aprendizaje de habilidades sociales que les permitan desenvolverse en el ámbito público y privado con naturalidad, seguridad y responsabilidad.
· Proporcionar modelos reales que transmitan mensajes positivos de igualdad, respeto, afecto y cooperación.
· Asumir las tareas domesticas como responsabilidad colectiva de todos los miembros de la familia.
· Mostrar afecto, dar seguridad emocional y facilitar la expresión de sentimientos de ambos sexos.
· Desarrollar el espíritu crítico ante los elementos sexistas presentes en diversos ámbitos de nuestra sociedad, cuidando especialmente los transmitidos a través de los modelos simbólicos.
No debemos olvidar que por una parte, la familia es el punto clave en la educación integral de los chicos y de las chicas y por otra, es necesaria la participación, comunicación y colaboración mutua entre la familia y los profesores, de ahí la importancia de la función tutorial como nexo de unión e intercambio de información al respecto.
Las actitudes sexistas son en muchos casos evidentes, pero en otras ocasiones la tenemos tan interiorizada que sin darnos cuenta la dejamos ver en nuestras creencias, actitudes y comportamientos. La escuela y la familia tiene que ser los motores del cambio de la posición social de la mujer, enfrentándose si fuese necesario con el entorno social y dejando de ser transmisores de los valores y roles imperantes en la sociedad para convertirnos en abanderados de la aplicación de la igualdad de oportunidades.
Bibliografía:
Hidalgo, J. “Didáctica de la Educación en valores” ANPE Murcia.
Nombre: Inmaculada Muñoz Gallego.
Centro: I.E.S. Virgen de Gracia.
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