Todos los profesores/as conocemos a la perfección esos momentos en que mi alumno reacciona con aparente insolencia a alguna observación de su profesor.
¿Cómo debe entonces reaccionar el profesor?
El profesor/a puede decidir ignorar la observación del alumno o su descaro estúpido sin aparentar haberse dado ni siquiera cuenta de su comportamiento, se volverá hacia otro lado y seguirá explicando el tema.
Si por el contrario juzga necesario intervenir, el profesor replicará directamente al niño, asegurándose de hacerlo con brevedad y yendo al grano, sin dejar resquicio para que éste se enzarce en un largo intercambio de acusaciones y contraacusaciones. Cuando estime que la conducta merece un tratamiento más detenido, le comunicará bruscamente, sin indicarle la razón y evitando mantener la atención de los demás alumnos/as sobre la conducta reprobable, que quiere hablar con él al terminar la clase, reanudando acto seguido la misma sin más dilación.
Siempre habrá una minoría experta en el arte de llamar la atención de los demás y de molestar al profesor, que insistirá en una pregunta tonta; es lógico que éste se sienta tentado a responder con grosería.
-Yo creía que ya sabías por qué.
-Vaya, y yo que había supuesto que eras capaz de ver lo que has hecho mal.
Hay que evitar esas trampas, la contestación correcta será:
-“Si te paras a pensar, encontrarás la respuesta a tu pregunta”
Indicándole así que era innecesaria la grosería.
Cuando se ordena a los/as alumnos/as que se esperen al final de la clase por alguna grosería o alguna otra mala conducta, es contraproducente dirigirse a ellos con ademán de enojo pidiéndoles una explicación por su comportamiento durante la clase. El alumno/a se mantendrá callado/a; se refugiará en negativas y evasivas.
Una estrategia mucho más efectiva es volverse al chico/a una vez que haya finalizado la clase y que esté vacía y sonreírle amistosamente.
La sonrisa le desarmará, pues se habrá preparado mentalmente para la confrontación prevista quedando ligeramente desconcentrado/a y, por tanto mucho más accesible a la conducta del profesor.
Es necesario crear un ambiente de colaboración entonces el profesor/a pronunciará palabras como:
“Sabes perfectamente que esa no ha sido una conducta muy inteligente que digamos por tu parte”.
No me parece oportuno, pues, que entremos en mayores detalles, ¿verdad?”
DESAFÍOS
Por desafío entendemos los momentos más temidos por todos los profesores/as, cuando se manda hacer algo al alumno/a y éste/a rehúsa sin más.
Inmediatamente un silencio absoluto invade el aula. El alumno/a ha lanzado un desafío directo a la autoridad del profesor.
¿Cómo va a reaccionar éste?
El profesor/a no se enfadará y reaccionará con calma y decisión. Sin levantar la voz, el profesor/a repetirá simplemente la orden con educación y esta vez el alumno/a que estaba esperando quizás un enfrentamiento, es posible que opte por abandonar su actitud y obedecer.
Si persistiera en su negativa, el profesor/a le preguntará el motivo.
Tal vez la respuesta que reciba contenga cierta justificación inesperada, en cuya caso reconocerá la circunstancia manifestando su ignorancia del hecho y dejando las cosas como estaban.
Por otra parte, si el alumno/a no ofrece una justificación aceptable, aquel replicará:
“Bien ya veo que no quieres hacerlo (lo que se le haya pedido) a todos nos ocurre a veces.
Pero esto es importante y por eso nos gustaría que a pesar de todo, colaborara.
Si el alumno/a sigue, no obstante, negándose añadiendo quizás alguna grosería a su negativa, el profesor/a podrá seguir dos caminos:
Uno es encogerse sin más de hombros y contestarle que muy bien, pero que en ese caso tendrán que ir ambos al Jefe de Estudios al final de la clase.
La segunda posibilidad consiste en enfrentamiento directo con el alumno/a. En este caso, el profesor/a estará arriesgando mucho para conseguir obediencia y si arriesga tanto, deberá estar seguro de su victoria.
Esto es incuestionable un fracaso dañaría su autoridad.
BIBLIOGRAFÍA:
Departamento de Orientación del IES “San Gines” (Villanueva del Fresno)
Isabel Viejo Infante
DNI: 08827583E
Profesora de Pedagogía Terapéutica (PCPI)



