A menudo para conseguir una mayor implicación de mis alumnos en las clases de Bachillerato, les sugiero que sería conveniente que por lo menos una vez, en el transcurso del curso académico, deberán exponer un tema ante los compañeros. Los temas tratan sobre la cultura inglesa o americana (comida, política, monarquía, geografía, costumbres, monumentos, diversidad cultural…).
Cuando reciben la noticia, una sensación de agobio, de impotencia, de nerviosismo o de incapacidad les invade, y escucho las más variopintas excusas para poder evitar este supuesto mal trago: qué si no tengo tiempo, qué si no tengo información, que si me da vergüenza, que si tengo miedo a quedarme en blanco, que si no aguanto el ser observado por los demás…
Muchos de ellos no se percatan que el hecho de hablar en público es algo habitual en muchas profesiones e incluso en la vida cotidiana. Conseguir que nuestros alumnos se expresen con coherencia y al mismo tiempo con elocuencia, es decir que sepan comunicarse de un modo eficaz, haciéndole llegar el mensaje a los oyentes, utilizando un lenguaje claro y preciso, que no dé lugar a ambigüedades, que esté reforzado con ejemplos… es una de las tareas más arduas del profesorado.
Aquí, voy a exponer las principales pautas a seguir a la hora de preparar una exposición oral:
Lo primero que debemos hacer es recopilar información de diversas fuentes (enciclopedias, internet, libro de texto…). Una vez que hemos leído y contrastado las diferentes fuentes, seleccionamos la información más relevante. Ahora estamos preparados para empezar a redactar nuestro trabajo.
Normalmente, una exposición tiene tres partes muy diferenciadas:
1. Introducción.
Debe ser breve. Tiene que aclarar el tema que se va tratar. Comenzar con una anécdota, una pregunta o una cita relacionada con el tema, suele captar la atención del público y les despierta la curiosidad para seguir atendiendo.
2. Desarrollo.
Debemos cronometrar el tiempo que disponemos, teniendo en cuenta que la introducción es concisa ( 5 ó 6 minutos), la mayor parte del tiempo irá destinado al desarrollo, dejando un tiempo más breve para la conclusión y para los ruegos y preguntas (que es dónde vuestros compañeros aclararán sus dudas).
Empezamos a explicar el tema de una forma ordenada y coherente, siguiendo una sucesión lógica.
Sería conveniente intercalar curiosidades y ejemplos. Con el humor se elimina la rigidez y se establece una relación más distendida con el público. Tampoco debemos abusar ya que no se trata de ser chistoso.
No es aconsejable aprenderse de memoria el tema pero tampoco limitarse a leerlo. La mirada es un factor relevante. Mantener la mirada fija en el papel es un signo de inseguridad y provoca desconfianza. La entonación es muy importante, debemos de hacer cambios en nuestro tono de voz para no aburrir al público. El movimiento de manos, pies, bolígrafo, papeles… denota un estado de nerviosismo, para evitarlo repasa y ensaya la exposición previamente en casa varias veces delante de algunas personas.
3. Conclusión.
En ella incluiremos un breve resumen del tema y nuestra opinión.
Tiene que ser impactante y memorizada, de esta forma le recordamos a la audiencia los puntos principales que se han visto y les hacemos reflexionar con nuestra opinión, en la cual podemos comparar el tema tratado con nuestra cultura.
4. Ruegos y preguntas.
Es el tiempo ahora para que tus compañeros formulen sus preguntas sobre algún concepto que no les haya quedado claro o sobre algo que quieran incluir.
Desafíate a ti mismo, sigue estas indicaciones y verás que el resultado será sorprendente. Como todo en esta vida, practica y serás un maestro. ¡Suerte!.
Bibliografía:
Manuel Couto: Cómo hablar en público. Barcelona, Ediciones Gestión 2000.
Miriam Santiago Morales
Profesora de Filología Inglesa



