Al bombardeo publicitario televisivo que convencen a los chavales para que reclamen a sus padres el último juguete o el último videojuego, debemos sumarle el hecho de que la gran mayoría de las familias está compuesta por uno o dos hijos a lo sumo, por lo cual al ser pocos a los padres les resulta difícil no satisfacer las continuas demandas de sus hijos.
Desde luego, no resulta nada beneficioso para los niños el darles todo lo que piden, porque no valoran nada, muchos de ellos se están volviendo sumamente egoístas, cuanto más tienen más quieren, abren los envoltorios, los miran durante un rato y en ocasiones ni siquiera juegan con ellos porque están atiborrados, algunos padres me han comentado que le guardan algunos juguetes a sus hijos y ellos ni siquiera se percatan de esta ausencia.
Los niños son niños y como tal deben tener ilusiones, es bueno que sueñen con cosas, pero ellos tienen que poner de su parte para conseguirlo. Que no sea tan fácil como pedirlo y tenerlo, si es así nunca valorarán nada, y al ratito de estar jugando con el juguete de turno verán otro y querrán tenerlo.
Es importante que ellos comprendan que no se puede tener todo y que no siempre van a ver satisfechos sus deseos al instante. Cada cosa lleva su tiempo y su esfuerzo. De esta forma crecerán y no se convertirán en personas con un continuo sentimiento de insatisfacción, porque desde pequeños han aprendido que no todo está siempre al alcance de nuestras manos, para conseguir las cosas hay luchar, sacrificarse y esforzarse.
Los padres deben de transmitir a sus hijos el concepto de solidaridad desde pequeños, hacerles comprender que no todos los niños están en su misma situación, que a pesar de que ellos tengan muchos juguetes hay niños que no tienen nada, y que por lo tanto ellos deben de privarse de algunos en beneficio de estos niños, de esta forma ellos aprenderán a compartir.
No debemos olvidar que cada juguete está asociado a una determinada edad, que potencia sus habilidades y sus capacidades intelectuales.
Por lo tanto juguetes sí, pero en su justa medida.
Miriam Santiago Morales
Profesora de Filología Inglesa



