La educación de niños y niñas con síndrome de Down, o de niños y niñas gitanos, o de niños y niñas de familias obreras, nos han ido proporcionando ejemplos suficientes para poner de manifiesto que la educabilidad y la educatividad que emergen en los procesos educativos son conceptos relacionados y relativos. La educabilidad de los sujetos depende de las condiciones y la educatividad de los sistemas depende de su valor para educar a determinados sujetos.
Esta es una cuestión general perfectamente verificable en el conjunto de la historia de la educación. La historia nos demuestra que no todos los sujetos son educables en todas las condiciones, o lo que es lo mismo: lo que es educativo para unos sujetos puede no serlo para otros.
Un sistema, sea cual sea, no tiene el mismo valor educativo para todas las personas que se educan en él, de aquí que no pueda tomarse como un sistema dado y que, en consonancia, cualquier sujeto que no logre ser educado en ese sistema deba ser considerado como un sujeto “especial”. Para entender esto podemos citar un ejemplo sencillo: hasta hace muy pocos años, escribir con la mano izquierda era considerado como un defecto que los alumnos o las alumnas tendrían que corregir. Evidentemente, escribir con la derecha formaba parte de las condiciones del sistema educativo y se le reconocía por ello mismo un valor educativo absoluto. Con el tiempo, ha resultado evidente que escribir con una mano u otra no tiene por qué ser considerado una condición educativa dada, y que por tanto cualquier sujeto con esta forma de escritura es perfectamente asumible por el sistema educativo.
Otro ejemplo útil para ilustrar la idea de educabilidad podemos encontrarlo en la idea de coeficiente intelectual. Durante mucho tiempo, un número pudo ser la diferencia entre ser educable y no serlo. En nuestro país un coeficiente intelectual de 50 era la raya que marcaba la diferencia entre ser considerado como un sujeto educable o un sujeto de las prácticas jurídicas o médicas.
Pues bien en la actualidad sabemos que el coeficiente intelectual no marca el grado de educabilidad de un sujeto sino que éste depende de las condiciones que se puedan crear para él.
Una vez definidos estos dos conceptos esenciales, podemos afirmar que la respuesta a la diversidad requiere una comprensión adecuada de las condiciones de educatividad que son adecuadas para cada sujeto así como de las características de educabilidad que los sujetos presentan bajo determinadas condiciones.
Fuente: Rintoul, K. y Thorte, K. (1982): Organización abierta en el centro escolar. Madrid. Anaya.
F.D.O: María del Carmen Portillo González
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Psicología y Pedagogía



