La hiperactividad es un trastorno de la conducta en niños, descrito por primera vez en 1902 por Still. Se trata de niños que van de un lado para otro, pudiendo comenzar alguna tarea, pero que abandonan rápidamente para comenzar otra, que a su vez, vuelven a dejar inacabada. Esta hiperactividad aumenta cuando están en presencia de otras personas, especialmente con las que no mantienen relaciones frecuentes. Por el contrario, disminuye la actividad cuando están solos.
Hoy en día no es extraño que nos encontremos en las aulas con niños que son incapaces de estar sentados en sus pupitres durante más de diez minutos, difícilmente mantienen la atención en cualquier actividad que realicen en clase con el profesor o con sus compañeros, aunque su nivel intelectual es normal, debido a la falta de atención y su impulsividad constante estos niños presentan un alto nivel de fracaso escolar.
Según Still, estos niños son especialmente problemáticos, poseen un espíritu destructivo, son insensibles a los castigos, inquietos y nerviosos. Son muy impulsivos y desobedientes, no suelen hacer lo que sus padres o maestros les indican, o incluso hacen lo contrario de lo que se les dice. Son muy tercos y obstinados, a la vez que tienen un umbral muy bajo de tolerancia a las frustraciones, con lo que insisten mucho hasta lograr lo que desean. Esto junto sus estados de ánimos bruscos e intensos, su temperamento impulsivo y fácilmente excitable, hace que creen frecuentes tensiones en casa o en el colegio. En general son niños incapaces de estarse quietos en los momentos que es necesario que lo estén. Un niño que se mueva mucho a la hora del recreo y en momentos de juego, es normal. A estos niños lo que les ocurre es que no se están quietos en clase o en otras tareas concreta.
Los padres suelen definir a un hijo hiperactivo como inmaduro, maleducado y gamberro. Sus comportamientos generan conflictos en la familia, desaprobación y rechazo. Este trastorno ya se detecta antes de los 7 años y unos tienen síntomas más graves que otros. Una cosa que hay que tener en cuenta, es que si los padres riñen exageradamente al niño hiperactivo pueden estar fomentando la baja autoestima con la que suelen contar estos niños, algo que en muchos casos podría evitarse o por lo menos minimizarse, con una actitud no tanto de reprimenda y sí de apoyo y comprensión.
Como resulta lógico cada caso debe ser estudiado concienzudamente, ya que aunque puede que se repitan ciertas características, es importante prestar atención a las peculiaridades que cada caso presente.
Cada caso es especial y merece una atención única y exhaustiva.
Bibliografía:
www.guiainfantil.com/salud/cuidadosespeciales/la_hiperactividad.
www.aplicaciones.info/articu/arti65s.htm
www.webmujeractual.com/noticias/ninohiperact.htm
Miriam Santiago Morales
Profesora de Filología Inglesa



