A partir de este momento, la interacción con los iguales adquiere una gran relevancia como contexto relacional, y podemos esperar una interinfluencia entre el desarrollo emocional y las relaciones con los compañeros. Son numerosos los trabajos sobre la importancia de la empatía, la comprensión y la regulación emocional en la competencia social, la prosocialidad y el estatus sociométrico entre iguales: sin embargo, a excepción de los trabajos sobre la cólera y la regulación, no existe suficiente documentación sobre el papel de los compañeros en el desarrollo emocional.
En la edad preescolar las situaciones que provocan cólera son los conflictos, de posesión y espacio, con los iguales. En escolares la cólera es generada en mayor medida por problemas de dominancia y rechazo social y disminuye la agresión física, para aumentar la incidencia de la agresión verbal (amenazas, insultos, burlas). Pero, por otra parte, la interacción entre iguales exige la inhibición o retraso de la acción y la regulación del afecto positivo y negativo. Harris (1989) sugiere que los iguales son aún más eficaces en el desarrollo de la regulación emocional que los adultos. La cultura de los pares requiere para ser aceptado un control de los niveles emocionales, y los niños se encargan de hacerlo saber, rechazando al que no lo hace.
Si en la edad preescolar y escolar la cólera es generada más frecuentemente en la interacción con los iguales, también en estas edades se constatan situaciones específicas generadoras de miedo. La gran mayoría de los preescolares dice tener miedo a los monstruos, a los ladrones, a los animales salvajes, etc. Según Gottman (1997), si se consiguiera evitar a los niños todo conocimiento de los peligros que existen en el mundo, los preescolares inventarían sus propios monstruos. En su opinión, a la vez que los niños se asustan de los monstruos y brujas, imaginan poder vencerlos. Estas experiencias les ayudan a sentirse menos vulnerables. El miedo a la oscuridad y a las pesadillas, que no distinguen bien de la realidad, es frecuente también entre los preescolares, para declinar en años posteriores. A partir de los seis años, los niños comienzan a experimentar temores más realistas, como el miedo a la enfermedad, a los desastres naturales, etc.
Sin restar importancia a los cambios relativos a las situaciones que generan emociones, nuestro interés se va a centrar en el desarrollo de aquellos procesos que promueven lo que podemos denominar competencia emocional, incluyendo tres tipos de capacidades:
Ø La comprensión emocional, que abarca la conciencia de los propios estados emocionales, incluyendo la posibilidad de experimentar emociones contrarias, la comprensión de las emociones de los demás y el conocimiento de las reglas de expresión propias de su contexto.
Ø La capacidad de regulación de la intensidad y duración de los estados y de las respuestas emocionales, teniendo en cuenta el modo en que las mismas afectan a los demás.
Ø La empatía, incluyendo la capacidad de compartir e interpretar las emociones de los demás y de orientar prosocialmente la respuesta.
Fuente: López, F.; Etxebarría, I.; Fuentes, MJ; Ortiz, MJ (coord.). Desarrollo afectivo y social. Ed. Pirámide, 2000
F.D.O: María del Carmen Portillo González
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Psicología y Pedagogía



