A. D. E. N. U.

Asociación de Docentes y Educadores No Universitarios

 
  • Aumentar fuente
  • Fuente predeterminada
  • Disminuir fuente
INFORMACION EN : contacto@perceianadigital.com
Home Pedagogía ENSEÑAR HABILIDADES SOCIALES A LOS ALUMNOS

ENSEÑAR HABILIDADES SOCIALES A LOS ALUMNOS

Imprimir
El profesorado interesado en organizar un cursillo de habilidades sociales con sus alumnos, tiene excelentes materiales de trabajo en los libros de Goldstein y Michelson.

Pero cada profesor/a puede montar su propio programa, sin dificultad. Debería empezar por seleccionar las habilidades sociales que sean más necesarias para el grupo de alumnos con el que trabaja y luego seguir el siguiente proceso.

Para enseñar habilidades sociales, Goldstein propone el método que más se acerca al modo normal que tenemos de aprender otras habilidades, por ejemplo a nadar, a montar en bicicleta, a conducir un coche. Primero vemos a otros hacerlo: si no viéramos a otros en el agua, tal vez no nos atreveríamos a meternos, si no hubiésemos visto a otros montar en bicicleta, pensaríamos que con sólo dos ruedas es imposible mantener el equilibrio. Luego intentamos hacerlo nosotros, mal que bien: los amigos o instructores nos corrigen, diciéndonos lo que hemos hecho bien y lo que hemos hecho mal. Por último, viene la generalización: si hemos aprendido a nadar en una piscina de agua dulce, luego podremos pasar al mar, con agua salada y olas; si habíamos aprendido a conducir un coche pequeño, luego podemos atrevernos con un coche grande o un Jeep. Pues bien, esos son exactamente los cuatros momentos que Goldstein propone para el aprendizaje estructurado de habilidades sociales: modelado, interpretación (o role-playing), crítica y generalización.

El modelado es esencial para todo aprendizaje social, como enseñó Bandura. Por modelado aprenden las habilidades sociales la mayoría de las personas: ven a sus padres dar las gracias, no gritar al hablar, sonreír oportunamente, dar un pésame, saludar a un desconocido. Por modelado han aprendido también su conducta antisocial las personas que tienen el problema de no poseer habilidades sociales: han visto, no sólo en la televisión, sino también en su casa, “resolver” los problemas a gritos y a golpes, han oído a sus padres insultarse, han visto a sus hermanos mayores mofarse de un sordo o robarle a una anciana.

Para todos, pero especialmente para estos alumnos y alumnas que no han tenido la suerte de ver modelos sociales adecuados, es necesario empezar el entrenamiento en habilidades sociales con un modelado. El mismo educador o un video grabado anteriormente sobre la habilidad que se va a ensayar, deben ser el modelo.

Pero se puede hacer también sin video: el educador o educadora se encarga de hacer el modelado y eso también es muy provechoso para el alumno, cuyo problema principal ha sido precisamente el de no tener buenos modelos adultos.

Interpretación (o role-playing) significa que todos los miembros del grupo, uno por uno, deben salir al “escenario” (que puede ser el centro de la clase, con los demás sentados alrededor) para ensayar la habilidad que se le acaba de modelar.

El alumno debe intentar repetir la conducta asertiva que se le ha modelado, siguiendo aproximadamente los mismos pasos.

La Interpretación es el momento central en el programa de entrenamiento en habilidades sociales. Hay que motivar al alumnado para que lo haga con entusiasmo y para que disfrute al hacerlo.

Si se dispone de videocámaras, se debe grabar cada una de las representaciones, para que se vean y puedan apreciar sus fallos ya ciertos: es la crítica más objetiva y más divertida.

Crítica: después de que cada alumno represente su habilidad, se le van haciendo una crítica constructiva. Primero, se pregunta a todo el grupo, recordándoles que no se fije sólo en lo negativo, sino también en los aciertos, en lo que les gustó.

Luego, se pregunta al protagonista, para que se autocritique en los bueno y en lo malo. Por último, el profesor o la profesora da su opinión, lo más objetiva posible, terminando siempre con alguna frase que lo anime a seguir trabajando esa habilidad, a seguir intentándolo en las próximas sesiones.

En general, cada alumno o alumna debe interpretar la habilidad una vez y sentarse para que salga otro. Pero si el profesor o profesora ve que hay un grupito que todavía no domina aquella habilidad, no debe pasar a otra, sino insistir sobre la misma (cambiando el contenido, pero manteniendo la misma habilidad). Y así cuantas veces sean necesarias.

Generalización o transferencia: es el momento culminante en el curso de entrenamiento, cuando todo puede perderse o todo pueda ganarse. El alumnado tiene que comprender que, aunque la interpretación de papeles sea divertida, este curso de habilidades sociales no es un juego. No es para “hacer teatro en el colegio”, sino para convivir mejor en la calle y en su casa. De que él sea capaz de generalizar a la calle y a la casa lo que ha aprendido y representado en el colegio, depende todo el éxito de este entrenamiento.

Fuente: Caballo, V. E. (1989): Teoría, evaluación y entrenamiento de las habilidades sociales. Ed. Promolibro. Valencia.

 

 

                                                                               

 

F.D.O: María del Carmen Portillo González

DNI: 33.976.793 – C

Psicología y Pedagogía