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LOS PROBLEMAS DE LA PRÁCTICA EN LA ATENCIÓN A LA DIVERSIDAD

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La incorporación de chicos y chicas con necesidades educativas especiales a la escuela está planteando problemas y situaciones de un gran alcance y trascendencia. Precisamente ese alcance y esa transcendencia son las que nos permiten tomarlos como ejemplo para profundizar nuestra reflexión sobre la relación entre diversidad y educación.

Cuando Juan no logra leer con la soltura que el profesor había previsto y éste se interesa por las razones de ese acontecimiento, se puede encontrar con dos tipos de explicaciones:

a)     Explicación del primer nivel: características individuales de Juan. Juan tiene un coeficiente intelectual de 70 y un escaso desarrollo verbal.

b)     Explicación de segundo nivel: su origen social. Juan tiene unos padres separados, con escasa formación, que apenas se interesan por él.

El efecto que pueden producir estas explicaciones en el educador, conjuntamente o por separado, pueden ser: desplazar el problema hacia otros profesionales o reconocer que personalmente no pueda hacer nada porque Juan tiene problemas en su familia.

Sea una u otra la explicación, los profesores de Juan se encuentran ante una difícil situación: cómo afectan esas explicaciones al diseño, al desarrollo y a la evaluación de la enseñanza que Juan va a recibir. O dicho de una forma más sencilla: ¿las características y circunstancias de Juan obligan a modificar las formas de enseñanza o, por el contrario, debemos mantenerlas?

La respuesta a este problema puede ser diferente dentro de un centro, o incluso dentro de un mismo grupo de profesores, y suele estar  centrada en dos términos:

1)     El problema es psicológico, no educativo, y reclama una atención fuera de la escuela.

2)     El problema es social, no educativo, y quienes reclaman una solución deben buscarla fuera de la escuela.

Estas dos visiones del problema, aún siendo diferentes, muestran una importante coincidencia: no consideran que el problema de Juan sea un problema educativo. Al proceder de este modo, el problema de Juan nunca puede resolverse dentro de la escuela, sino que se disuelve, o se transforma en otros problemas.

Volviendo al profesorado que está educando a Juan, podríamos encontrarnos ante una situación muy interesante. Para unos, modificar las condiciones de escolarización para que Juan supere sus dificultades de lectura supone perjudicar a sus compañeros. Para otros ayudar a Juan es una obligación que tiene como educadores. Estas dos posturas vienen a menudo acompañadas de otras dos: Juan puede saber leer suficientemente bien para desenvolverse en la sociedad, pero sus compañeros necesitan saber más para tener éxito en el sistema educativo.

Las dudas que provocan estos dilemas se traducen en la utilización de los recursos disponibles. Se abren múltiples interrogantes, cuyas respuestas dependen en gran medida de cada situación: ¿cuánto tiempo debemos dedicar a Juan? ¿Qué grupo de alumnos puede acoger mejor a Juan? ¿Qué actividades puede compartir Juan con sus compañeros?, etc.

Fuente: Belmonte Nieto, M. (1998): Atención a la diversidad (Volumen 1 y 2). Bilbao. Ediciones Mensajero.

 

 

 

 

                                                                               

 

F.D.O: María del Carmen Portillo González

DNI: 33.976.793 – C

Psicología y Pedagogía